Paul McCartney, durante un concierto el año pasado en París
Paul McCartney, durante un concierto el año pasado en París - Afp

McCartney, Bowie, Prince, Leonard Cohen... Los libros que demuestran que el pop sí tiene quien le escriba

La edición de la biografía «autorizada» de Paul McCartney alimenta la cada vez más fructífera relación entre música y literatura

BarcelonaActualizado:

Aún a riesgo que de que Frank Zappa ande maldiciendo el signo de los tiempos desde el más allá y estirándose alternativamente de los pelos de la cabeza y de la perilla ante la avalancha de palabra impresa que se ha ido arrimando progresivamente a la zona de baile -ni siquiera él ha salido demasiado bien parado, como demostró la publicación, el año pasado, del desmitificador «¡Alucina! Mi vida con Frank Zappa»- no hay duda de la música popular ha encontrado su sitio en las librerías. El pop, en efecto, sí tiene quien le escriba, por lo que el listado de biografías, hagiografías, ensayos y libros para leer con las orejas sigue creciendo a velocidad de crucero.

Así que si, por ejemplo, uno quiere saber lo que le pasaba por la cabeza a Paul McCartney en 1980, cuando tuvo que alojarse durante nueve días en una cárcel japonesa por intentar entrar en Tokyo con 219 gramos de marihuana -nada bueno, ya les aviso- o cómo acabó cantándole «Yesterday» a capela al tipo de la yakuza con el que compartía celda, nada mejor que dejarse caer por las páginas de «Paul McCartney. La biografía» (Malpaso), título que a partir de este lunes añade nuevas pistas para completar la imagen pública del astro del pop británico.

Su autor, el periodista británico Philip Norman, ya había firmado obras de culto como «Shout!», icónica biografía de los Beatles publicada en los ochenta, por lo que sabe muy bien de lo que habla. Quizá por eso ha recibido el visto bueno de McCartney -esta es, celebra la editorial, «la única biografía autorizada» del de Liverpool- y quizá por eso Norman pone todo su empeño en rebatir una idea que él mismo se había encargado de abonar: que el talento de McCartney siempre había florecido a la sombra del de Lennon. Es más: con este libro, Norman equilibra la balanza con un gemelo casi idéntico y algo más amable de esa otra biografía que él mismo le dedico a Lennon en 2008 y que Anagrama publicó en 2009.

Cambio de rumbo

El caso es que, más allá de alimentar un poco más la mitología que rodea a los Beatles y acertar especialmente en el retrato del entorno del joven McCartney en el Liverpool de finales de los cincuenta, esta nueva biografía viene a confirmar el interés creciente por esa literatura rock que, en los últimos tiempos, ha protagonizado piruetas tan sonadas como los diez millones de dólares que se embolsó Bruce Springsteen por compartir sus memorias en el libro «Born To Run», o la exigencia de Morrissey, antiguo vocero de The Smiths, de que su autobiografía se publicase en Penguin Classics, la colección más reverenciada de las letras británicas.

Unas maniobras que, si nos ceñimos al mercado editorial español, han llegado acompañadas de cambios más que notables. Así, lo que antes eran voluntariosos y didácticos libritos editados por Júcar o Cátedra se ha convertido en líneas especializadas, ediciones cuidadas y editoriales que, como Malpaso, Contra o Es Pop, han convertido la música en una de sus líneas argumentales. Sólo así se entiende que hoy en día sea igual de fácil encontrar biografías dedicadas a Phil Lynott, de Thin Lizzy («Cowboy Song», publicada por Es Pop), y Steve Jones, de los Sex Pistols («Lonely Boy», publicado por Cúpula) que las confesiones punk de Viv Albertine (The Slits) en «Ropa Música Chicos» (Anagrama), o un libro tan descacharrante como «Te potaría encima» (Contra), delirante biografía que recupera la historia de los Hollywood Brats, pioneros del punk británico que fracasaron a lo grande antes incluso de darse a conocer. O que alguien se plantee siquiera publicar, como hará Malpaso próximamente, los vitriólicos y alucinógenos escritos de Lester Bangs, el crítico musical al que Philip Seymour Hoffman encarnó en «Casi famosos».

La curiosidad y el morbo siguen ahí, sí, pero con la perspectiva que dan casi siete décadas de vida, las músicas populares se han anclado de tal manera a la historia que, con un relato para explicar, lo mismo se cuelan en el de David Bowie, Björk, Pink Floyd o Brian Eno, que empiezan a reclamar cada vez más espacio en estanterías y bibliotecas. Incluso surgen iniciativas destinadas a explicar a los más pequeños qué diantres es eso del rock y el punk y de dónde han salido esos discos con tipos melenudos en la cubierta. Es el caso, por ejemplo, de Band Records, una colección de libros ilustrados del sello Reservoir Books que relata los primeros pasos de bandas como los Ramones o Metallica.

Cadáveres ilustrados

Nada como la muerte, sin embargo, para activar la maquinaria y poner negro sobre blanco un inventario completo de anécdotas, historias y destellos de genio. Uno de los casos más extremos sería el de Lou Reed, de quien desde su muerte en 2013 se han publicado dos biografías de peso como «Lou Reed. Su vida», de Mick Wall; y «Notes from The Velvet Underground: The Life of Lou Reed», de Howard Sounes. Dos títulos complementarios y a veces hasta contradictorios entre sí que lo mismo presentan al rockero neoyorquino como un genio que como la peor persona sobre la faz de la tierra y a las que se acaba de sumar «Lou Reed. A Life», del escritor y periodista Anthony De Curtis.

Otros ilustres fallecidos como Prince, con un elegíaco libro firmado por el periodista Mobeen Azhar, o George Michael, con ese «Freedom» que ha publicado David Nolan este mismo año, también han tenido su ración de palabra impresa, aunque la palma se la lleva David Bowie, de quien se han amontonado títulos y referencias tras su muerte. Ahí están, por ejemplo, «David Bowie: A Life», de Dylan Jones; «Hero» (Alianza), de Lesley-Ann Jones; el ensayo «Bowie» (Sexto Piso), del filósofo inglés Simon Critchley; la biografía profusamente ilustrada de Paolo Hewitt y Robert Elms para Blume; el catálogo de la exposición «David Bowie Is» publicado por Malpaso… El británico es también el encargado de saludar desde la portada de «Como un golpe de rayo», el indispensable ensayo que Simon Reynolds dedica al glam y evidencia final de que los caminos de la relación entre música y literatura son inescrutables. Tanto es así que incluso la música española empieza a desperezarse y a producir obras ambiciosas como la kilométrica biografía de Alejandro Sanz que firma Óscar García Blesa o la abrumadora autobiografía de Eric Jiménez, batería de Los Planetas y Lagartija Nick, que Plaza & Janés acaba de publicar bajo el título de «Cuatro millones de golpes».