De izq a dcha: Sonsoles, al bajo; Paula, a las voces, y que fue entrevistada; Alicia, la batería; y Ágata, guitarra, que también fue entrevistada
De izq a dcha: Sonsoles, al bajo; Paula, a las voces, y que fue entrevistada; Alicia, la batería; y Ágata, guitarra, que también fue entrevistada - PETRARCA PHOTOGRAPY

Las Odio, la banda feminista que dio calabazas a una potente campaña publicitaria

Las garageras se reencuentran este jueves en la sala Sol con su comunidad «infraunderground» tras su triunfal temporada de festivales en verano

MADRIDActualizado:

Las Odio tienen un nombre impactante, tirando a insuperable. Son cuatro mujeres, hacen música garagera con letras concisas e irónicas y dijeron «no» a la propuesta de El Corte Inglés para que su canción «Yo lo vi primero» fuera la tonada de Los 8 días de oro.

Hemos departido con la guitarrista Ágata (31) y la cantante Paula (32) sobre «Indiespañol», feminismo, vacío existencial y el llorado Chiquito de la Calzada. La primera de ellas trabaja en comunicación en un centro de investigación matemática, y la segunda es guionista. Junto a la bajista Sonsoles y a la baterista Alicia forman este grupo de «riot grrrls» cuyo «max power» es ponerte a bailar de lo lindo mientras dibujan un «panorama desolador» . Esta noche de jueves, por ejemplo, en la madrileña sala Sol.

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Su primer disco, «Futuras esposas», salió en febrero. Pasado el tiempo, ¿cómo valoran su acogida?

Ágata: Muy buena, mucho mejor de la que esperábamos. Y desde el principio, tanto la gente como los medios. La crítica, por lo general, ha sido buena. Aunque también ha habido críticas negativas...

O sea, a Las Odio se os quiere.

Á: Creo que sí.

Paula: Yo me siento bastante querida... como grupo (risas). Es una suerte tener gente (que no conoces) que te sigue y se sabe tus letras. Es bastante alucinante.

Á: En el Contempopranea llegamos a tocar como a las cinco de la mañana, ahí en medio de Extremadura. Y nos encontramos con cuatro fans con camisetas hechas por ellos mismos. Fue un flipe. Y la gente cantando las canciones. Y cuando tocamos «Indiespañol», que es la canción más paradigmática del mensaje de Las Odio, y vemos a las chicas cantando lo de «Yo no soy la novia, yo no soy la prima, yo no soy la vecina... Mira mi pulsera, ¡yo soy la artista!». Fue muy emocionante.

Ya han salido ya del infraunderground, parece.

P: Estamos de corazón, pero ya ni conocemos a los grupos. Es que todo va muy rápido porque no es profesional y es muy difícil compaginar las vidas con las bandas, van mutando mucho y cambien las personas.

Á: Nos interesan las formas autogestionadas y crear una comunidad en la que la gente sea partícipe, no solo quien esté arriba en el escenario. Es una filosofía que intentamos mantener. Pero entramos en otras dinámicas como, por ejemplo, cuando tocamos en el FIB, en donde hay promotores y hay otro tipo de patrocinios que no puedes controlar y que se salen de esta filosofía que, sin embargo, nos sigue representando.

P: El infraunderground es una idea política. No es solo que toques ante muy poca gente sino que lo hagas de una forma colectiva, horizontal, feminista y autogestionada.

¿Han rechazado alguna propuesta que no vieran clara?

P: Se nos dio el caso de que El Corte Inglés nos quería comprar el single «Yo lo vi primero», y ahí tuvimos un debate profundo sobre qué puedes vender, cómo lo puedes vender...

Á: Y cuál es el objetivo de hacer música para nosotras. No es que no entendamos que un grupo venda sus canciones para vender coches o camisetas. Entiendo de dónde parte y que esto puede ser un trabajo. Pero, para nostroas, la música y Las Odio, en concreto, tienen otros objetivos. Nos parecía que eran difícilmente asimilables con un anuncio en Los 8 días de oro.

P: Es que, además, el mensaje de la canción es justo el contrario del que iba a tener. En realidad, era bastante fino porque lo que querían era sacarle todo el contenido ideológico a nuestra canción, vaciarla, y quedarte con la cáscara.

Á: Es el contenido literal sin jugar con la ironía como jugamos.

P: Cuando recibimos la propuesta nos partimos, nos pareció muy fuerte. «Mamá, que quieren comprar la canción en El Corte Inglés». También había posturas en el grupo y hay sensibilidades diferentes, no hay una postura absoluta, somos de dialogar y buscar consensos. Porque, al principio, llega y te deslumbras. Pero es un proceso.

Á: Al final, lo acabamos viendo todas bastante claro. No sabemos cómo llegó El Corte Inglés a Las Odio.

P: Igual están metidos en el infraunderground y, de repente e incluso con buena intención, querían meter mensaje. Pero es que no solo se quedan con la canción, se quedan con el título que es un eslogan. Está hecho todo. La canción es una crítica a hacer tu identidad a base de consumo, de definirte por ello. Porque, además, tu identidad gana si eres el primero que consume algo. Y es bastante perverso. Al final, genera una tontería general importante.

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«No lo hagas por la moda, hazlo por ti misma», cantan. El dramaturgo francés Pascal Rambert escribió que la gente va a ver a los artistas porque tienen el don de ser ellos mismos. ¿Es Las Odio un vehículo para expresar lo que de verdad sienten?

P: Creo que ser yo misma y usarlo para contar algo son cosas distintas. Yo creo que soy yo misma casi todo el rato, o no diría que yo en Las Odio soy más yo misma. Es cierto que soy muy libre y me permite expresarme de formas que no puedo hacer en otros espacios, eso es verdad. Nosotros componemos para comunicar ideas. Es tener un micro para decir lo que quieres, al final.

En «Puede ser divertido» hablan del veraneo entre tiburones o experiencias increíbles similares, en donde aprecian cierto vacío existencial. ¿No generalizan un poco, no es demasiado aventurado?

Á: Es el convertir tu ocio en un bien de consumo en el que pagando consigues experiencias exclusivas que luego vas a compartir para construir ese yo que nosotras creemos que es un poco vacío. Esa necesidad de estar en tal sitio...

P: Y pasándotelo muy bien... Más cuando recurres a fórmulas prefabricadas. Da mucha grima.

Á: Al final, se corresponde con una falta de pasión por esa cosa.

P: Ahora está muy de moda el «escape room»... Desde luego, no todo el mundo al que le guste eso es idiota. Pero no está de más hacer una reflexión sobre la manera que tenemos de divertirnos. Un signo de ser menos idiota es el de reflexionar acerca de cómo te comportas en tu vida y reflexionar sobre el tipo de consumo que practicas.

Es cierto que parece que ahora cualquiera es el Hansel de «Zoolander», que se iba a bañar con los monos araña cada verano.

Á: La cosa es hacer las cosas, y con una fórmula prefabricada, para contarlas el lunes en la oficina. O en las redes sociales.

P: Y no llegar más allá.

En el Dcode parecía que todos a mi alrededor habían hecho submarinismo en Bali en verano.

P: Claro, este año se lleva eso. Y el próximo año ir a abrazar perezosos a Costa Rica.

Á: Entroncando con el tema del turismo y la turismofobia, es algo muy complejo. A mí me interesa qué impacto tiene que todos vayamos a hacer submarinismo a Bali, o para Barcelona o para la gente que quiere alquilar un piso en el centro de Madrid. Entiendo que todo el mundo quiera ir a Lavapiés a tener un fin de semana bohemio. Y, nosotras mismas, pecamos. A nosotras hace diez años nos gustaba ir a Berlín.

¿Y qué decisiones han tomado al respecto?

Á: Airbnb. Es una decisión compleja porque me encanta viajar y conocer sitios nuevos. Pero no puedo dejar de pensar en el impacto que esto tiene. No tengo la solución clara. Sí me parece fundamental huir de fórmulas que consistan en la explotación medioambiental y social de ese lugar. E intentar ser respetuoso, escuchar lo que dice la gente autóctona y tratar de integrarte. Pero no es fácil porque hay dos intereses que parecen contrapuestos. Pero ¡cómo nos enriquecemos todos conociendo otros sitios! Tampoco el objetivo es que nos quedemos cada uno en nuestro pueblo.

También denuncian la dureza de la vida moderna para las mujeres, la precariedad... ¿Cuál es el mensaje político de Las Odio?

P: Nuestro funcionamiento interno es superclaro y asumido por todas: los cuidados son muy importantes, la horizontalidad y que no exista una voz predominante, porque llegamos a acuerdos por diálogo siempre. No sirve ser mayoría para conseguir cosas a costa de que alguien renuncie siempre, esa es la parte de entender el feminismo como funcionamiento interno. Y, luego, nuestro mensaje al exterior de las letras y la actitud es bastante explícito feminista.

Á: Tenemos un espíritu crítico, desde luego. Identificamos cosas negativas, el panorama es desolador.

P: Pero desde el baile, la fiesta y la celebración, es algo optimista.

Á: También ha habido avances que no podemos obviar.

P: Pero tampoco te puedes relajar porque te los quitan.

Á: Fíjate la Ley del aborto que parecía un derecho totalmente legitimado y tuvimos que volver a la calle a decir «Este cuerpo es nuestro»... Lo más poderoso de Las Odio es que utilizamos la cultura para mostrar otras realidades, y eso es transformador. Vivimos en una cierta homogeneidad de discursos, también en el mundo de la música alternativa. Todavía existen pocos modelos que muestran una realidad evidente de que las mujeres también tienen algo que decir. Las tías, incluso en nuestro caso sin tener un conocimiento previo muy amplio de nuestros instrumentos, podemos decidirnos a montar un grupo y hacerlo. Es transformador porque lo habitual respondía a otros cánones.

P: Es importante nuestro mensaje pero también el contexto en el que se mueva nuestro mensaje. Una de las cosas que más nos ha animado de tocar en festivales es llegar a un público que no es el más afín inmediato, ir un poco más allá en espacios diferentes.

Á: Al final, se genera una reflexión y un debate.

¿En el Low generasteis un debate entre la gente que estaba allí?

P: No hubo mesa redonda (risas).

Á: Yo creo que sí. Ha habido un debate, que no ha sido generado por nosotras pero al que hemos contribuido, que es el de la presencia de mujeres en el cartel de los festivales. Había festivales en los que la presencia era el 0%. Extraño, teniendo en cuanta que somos más del 50% de la población y somos público de los festivales, que nos interesa.

Porque no hay algo genético que os impide tocar bien, ¿no?

P: No que yo sepa (risas).

Á: En absoluto.

P: En el Low tuvimos la suerte de tocar en un escenario que había muchas mujeres. Es una cosa que está cambiando y es gracias al ruido que se está generando, nosotras y otras muchas.

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¿Desde cuándo son feministas?

P: Creo que siempre he sido feminista pero no lo sabía. Cuando descubrí el feminismo, me dije: «Ah, era esto lo que me pasaba, ahora todo encaja». No fue que el feminismo me transformase, aunque en muchas cosas sí. Por ejemplo, a la hora de concebir el amor y la pareja me ha influido un montón y me ha ayudado mucho. El amor romántico y cuestionar el coladero de abusos y faltas de respeto y desigualdades al que puede llevarte la ideología del amor romántico, lo de que en el amor todo vale y es la causa más alta, que te completa en la vida y que hay que tener cubierto: es algo muy peligroso. Al final, todo nos hemos educado con Disney con un montón de cosas bastante chungas si las miras con una perspectiva crítica.

Á: Yo tuve la suerte de recibir una educación feminista, pero la reflexión que generé de mayor fue mi relación con la música. Cuando empecé a hacerla me di cuenta que había una serie de dinámicas hacia mí y mis compañeras por el hecho de ser mujeres que yo no me esperaba. Plan que un promotor te diga: Bueno, ¿os pondréis falda para el concierto? O un técnico que te diga: «¿No irás a poner el ampli así?». O algún compañero de local... Al final, un desprecio.

P: Lo peor es que la mayoría de las veces es inconsciente, no es buscado para arañar.

Á: Por suerte, lo que encontré son muchas mujeres con las que crear una comunidad de apoyo, ya fueran mis compañeras del grupo o festivales como el Ladyfest. Yo me quedo, más que con darme cuenta de la discriminación, con darte cuenta de que hay herramientas para hacer cosas: te juntas con cuatro amigas y montas una banda, y te da igual que el técnico de sonido sea condescendiente. Para mí el feminismo no se debe quedar en el papel de víctima, todo lo contrario. Te da herramientas para luchar.

P: Yo diría que el Ladyfest de 2007 o 2008 sería mi fecha de inicio. Me abrió los ojos muchísimo, ha sido una herramienta de divulgación fundamental para el feminismo.

«No soporto la condescendencia», cantan. ¿Qué tal va el indiespañol de mansplainng?

P: Pues queda mucho trabajito por hacer, sobre todo de dar cancha a nuevas propuestas, de más grupos que se salgan del formato clásico de grupo indie que todos tenemos en la cabeza. Más diversidad. El mercado lima las aristas de la diversidad. Admite la justa diversidad para que sea digerible sin resultar demasiado incómodo o lo justo de incómodo para que sea especial y mantenga su exclusividad. Pero no nos engañemos, las cosas verdaderamente transgresoras no entran. Las que consiguen incomodar mucho, se quedan fuera. Esto consiste en ir ganando poco a poco terrenito al espectro de representación. ¡Madre mía, qué chapa!

¿Se han cortado en alguna letra por el qué dirán las redes?

P: No. Nos puede llegar a ocurrir pero no creo que nos cortásemos. No somos explícitamente muy provocadoras, va en capas. Puedes quedarte con que nos metemos con el moderno de turno o puedes ir más allá. Somos más de rodear las ideas, y contarlas con un par de vueltecillas en vez de frontalmente. Pero vamos, supongo que pasa y es una pena. Y si hay hay hombres que tienen miedo a decir lo que piensan, poco tienen. Pero nadie les meterá en la cárcel por decir las cosas que tienen miedo. Poco les pasa. El tema de la correción política es un tema muy largo y muy complejo, pero, así de primeras, diría que hay mucha diferencia entre el miedo a que te linchen por ser lo que seas y el miedo a que te metan en la cárcel. Y la gente que suele definirse como políticamente incorrecta...

Á: ¡Postcensura!

P: Esta gente lo que pasa es que tiene miedo porque su discurso a día de hoy no tiene hueco sin que te tiren tomates. Y como persona que proyecta su voz y quiere que le escuche un amplio espectro de público tiene que estar dispuesto a recibir una respuesta. Esto no es unidireccional.

Á: Si hay hombres que tienen miedo, creo que, a lo mejor, nos hemos acostumbrado a recibir un discurso que no era respetuoso de partida, o no fomentaba la sociedad que todas nos sentimos cómodas. Creo que la gente tiene derecho a decir lo que quiera, en las dos direcciones. Puedes decir una machirulada pero, a lo mejor, alguien te dice: «Estás diciendo una machirulada».

P: Nosotras sacamos una entrevista y nos responden diciendo que somos unas gatitas afónicas, por ejemplo. Nosotras no hablamos de postcensura, no creemos que alguien nos esté intentando censurar por darnos una respuesta que creemos disparatada. Afortunadamente ahora hay hueco para la respuesta, te guste más o te guste menos.

Á: Y nosotras lo buscamos, sería un fracaso que no hubiera determinadas posturas enfrentadas, reactivas. Es un discurso crítico, estamos señalando cosas que no nos gustan y la gente que no esté habituada puede que no le resulte amable, pero se abre un debate.

P: Nosotras nos consultamos todas entre todas todo el rato. El feminismo es una cosa del día a día.

Á: Y ninguna estamos libres de pecado.

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Con la muerte de Chiquito de la Calzada, que consiguió una transversalidad meritoria en nuestro país, vi solo un par de peros y uno era de una feminista que hablaba de que era rancio. Esa mujer, por supuesto, no representa al feminismo, pero sirve de muestra de un movimiento alerta. El otro era un experto en cine que cuestionaba equiparar (si es que alguien lo había hecho) al Condemor con Lubitsch.

P: Como influencia es innegable.

Á: A mí no me gusta.

P: A mí es que me hace mucha gracia... Ninguna figura es intachable. La cosa es que si pones una mirada estrictamente feminista sobre las cosas que pretendes disfrutar, te quedan poquísimas poquísimas cosas. Si verdaderamente eres estricto, a mí me puede llegar a resultar axfisiante. Ahí también está tu criterio para admitir grados.

Á: Sobre todo para no tomarse las cosas como un enfrentamiento constante y personal. Yo puedo hacer un comentario que, a lo mejor, estoy haciendo desde el humor, y otra persona, de repente, lo recibe de una manera que a mí ni se me hubiera ocurrido. Y me hace pensar. No significa que necesariamente tenga que cambiar mi discurso, pero sí, igual, incorporarlo. El feminismo aspira a hacernos reflexionar.

P: Y no es dogmático ni ecensor, es bastante integrador y dialogante. Y, respecto al humor, pues hay temita. Porque en el humor hay mucha política. A la hora de hacer el chiste, de quién te ríes. Como soy guionista esto lo he pensado mucho. De qué te ríes, desde dónde te ríes, qué discurso sostienes con este chiste que estás haciendo y así puedes seguir hasta el detalle. El tipo de bromas que hagas depende mucho del contexto.

Á: Claro, Twitter es una caja de resonancia de indignación, y, luego, la gente no está tan indignada en la vida real.

P: Twitter no es el termómetro de verdad, es la exageración. Creo que prima el conflicto. El ingenio a través de la ofensa. No soy muy fan de Twitter, es muy destructivo. Se da poco el diálogo constructivo salvo en entornos amigos en los que puedes desarrollar ideas. Tomándote una cerveza podrías llegar a hablar de cosas que no te hubieras imaginado en Twitter.

Como autoras del hit «Indiespañol», aquí va una pasarela de nombres populares para que digan lo que quieran:

- Los Planetas:

P: Tenemos una versión de Los Planetas. Nos la pidieron del Contempopranea porque era el grupo que se homenajeaba, y hubo bastante polémica interna. No es lo mismo lo que representan que lo que representan para mí. Te han formado cuando eras adolescente y te han influido en un montón de cosas. Pero pasa el tiempo y haces otro tipo de reflexiones, y completas la idea que tenías de Los Planetas. Es un grupo al que critico y tengo cariño al mismo tiempo.

Á: A mí no me gustan. Y, luego, me parece que acaban cantando siempre a lo mismo. De hecho, escogimos «Pesadilla en el parque de atracciones» porque había habido una polémica hace años en un reportaje en Diagonal en la que se criticaba que la letra era machista.

P: Ahí se abrió un poco el debate del machismo en el indie.

Á: Al final, lo que la canción está retratando es una ruptura y ya está. Pero es verdad que siempre son historias de un señor resentido con su novia...

P: A la que le gustaría matar...

Á: Al final, la única representación de las tías en las canciones de Los Planetas son esas.

P: Y son los que han marcado la tendencia, el sonido, el estilo y el todo en mogollón de grupos que han venido después. Hasta hace poco que han salido sonidos nuevos. Para mí eran una apisonadora de sonido, el indie ha estado muy influido por Los Planetas.

Á: Y ese tipo de letras... A mí me parecen un coñazo, sin más. Es verdad que cuando hicimos la versión queríamos hacer la técnica de la inversión, siendo unas tías las que lo cantan. Y a ver qué pasa: ¿nos suena raro? Y la verdad es que no, reproducía un amor romántico y tóxico que perfectamente podría cantar una tía. El tío siempre canta lo mismo una y otra vez, y la historia es: ¿dónde está la mujer en esa narrativa? Tío, me lo has contado ya muchas veces... guay, guay por ellos. ¿Ahora hacen trap, no?

P: Hay que reciclarse.

- Hinds:

P: Nos caen muy bien. Hacen una música estupenda y creemos que se las ha tratado muy duramente, más que a otros grupos de su mismo perfil solo por ser mujeres. Tienen todo nuestro apoyo y son unas currantas.

- C. Tangana y Yung Beef.

Á: Yo no sé nada de trap.

P: A mí me pasa que me interesa el trap que hacen las tías pero no los tíos, me parece que reproduce tics que llevo viendo en el hip-hop... Es que escucho rap desde adolescente. Yung Beef creo que aporta un sonido nuevo pero la parte que a mí más me toca, que son las letras, sigue un poco la misma línea de algo que ya me saturó en su día. Pero Bad Gyal o Ms. Nina sí que creo que están haciendo cosas rap con un nuevo sonido más contemporáneo, creo que aportan a un discurso que estaba más flojo. Porque en el rap siempre ha habido pocas tías. La Mala es la bomba y ojalá que siga siéndolo muchos años. O Ari. C. Tangana, por ejemplo, me gusta más. Con Yung Beef es un poco como los tíos haciendo rap otra vez. Como Los Planetas.

A propósito el estribillo de vuestra canción «Cuchillas», ¿qué os da ganas de coger unas cuchillas y acabar con todo?

P: Hay que estar vivas para luchar, nada nos da ganas de coger las cuchillas. Las armas son otras, las cuchillas serían la última opción. Peeeero, el otro día sabes que me dio muchas ganas de cortarme las venas, un artículo de tendencias de minipisos. Ahora lo mejor es comprarte un micropiso porque no hace falta tener algo más grande porque en Europa, en países más avanzados que nosotros, ya se han apuntado a esta tendencia. Vender que hay que vivir en una casa de mierda porque es tendencia, con todo lo que implica de renuncia y rebaja de calidad de vida, me parece muy perverso. Me indignó y me puso muy nerviosa. Convertir la precariedad en tendencia.

Á: Es que nos la han colado de todo tipo. Vender un ideal de belleza de la mujer como tendencia que se persigue con una ansiedad y un deseo absurdo. Y que, en realidad, es una esclavitud. Aceptar la competitividad entre trabajadores como si fuese la mejor forma de organizarse y conseguir buenos resultados, en vez de la colaboración. Venderte como tendencia la cantidad de cosas que compramos como el último móvil, el pantalón tal... ese generarte necesidades que no tienes para que siga la rueda. Y nos las hemos comido una tras otra.

P: Y nos las seguiremos comiendo.