Chimamanda Ngozi Adichie, ayer en Barcelona
Chimamanda Ngozi Adichie, ayer en Barcelona - EFE

Chimamanda Ngozi Adichie: «Me enfada tener que seguir escribiendo sobre feminismo»

La autora nigeriana pasó por Barcelona, donde reflexionó sobre literatura, raza y discriminación sexual

BARCELONAActualizado:

Esto podría arrancar explicando que Chimamanda Ngozi Adichie (Abba, Nigeria, 1977) descubrió que era negra el día que una profesora de la Universidad Drexel (Filadelfia) arqueó una ceja más de lo necesario tras comprobar que el ensayo que tenía entre las manos, ese que acababa de ensalzar como el mejor de todos, estaba escrito por una joven recién llegada de Nigeria. O, ya puestos, recordando cómo el injerto de su voz en «Flawless», una canción que Beyoncégrabó en su disco homónimo de 2013, transformó a la joven escritora africana en un fenómeno de masas y apuntaló aún más su condición de referente de la lucha contra la discriminación sexual y racial.

El mejor comienzo, sin embargo, es el que explica a Chimamanda por oposición y apuntando que, por más que se haya convertido en un icono feminista, a la autora de «La flor púrpura» y «Medio sol amarillo» no le gusta escribir sobre feminismo. Es más: le enfada. «La literatura es un don que tengo que agradecer y que me sirve como plataforma para hablar de determinadas cosas, pero ojalá no tuviera que hablar de estas cuestiones. De hecho, me enfada tener que seguir escribiendo sobre feminismo», explica la autora, de visita en Barcelona para participar en una charla en el CCCB.

Su sueño, añade, es que al final «feminismo» sea una palabra redundante, «que dentro de quince años sea innecesaria», aunque a la hora de escoger entre el activismo y la escritura, su elección no deja lugar a dudas. «No me considero una activista. Es una palabra que no me convence. Un activista es alguien que podría llegar a morir por una causa, y yo no tengo intención de morir por ninguna», sostiene, consciente también de que el aspecto más reivindicativo de su obra puede acabar eclipsando una brillante carrera literaria que acumula galardones como el premio de Escritores de la Commonwealth, el Orange de Ficción o el del Círculo Nacional de Críticos del Libro.

Un historial que empezó a cobrar forma en cuanto el autor nigeriano Chinua Achebe, una de las grandes voces de la literatura africana, la señaló como uno de los nombres a seguir de cerca y que no ha hecho más que crecer hasta llegar a «Americanah» (Literatura Random House), crónica social sobre la realidad contemporánea vista a través de los ojos de una joven universitaria nigeriana llegada a Estados Unidos. «Soy novelista, por lo que me interesan más las historias desde una perspectiva humana y vivencial que desde una perspectiva teórica», aclara Adichie, quien en sus novelas ha abordado desde la guerra civil de su país a su propia experiencia como nigeriana en América. «En Nigeria la gente tiene bastante confianza en sí misma, mientras que en Estados Unidos descubrí que el éxito no forma parte de tu futuro si eres negro. Así que chica negra y éxito es un oxímoron», ilustra.

De Dior a Beyoncé

Ella, claro, sería la excepción y la voz que confirma que los estereotipos no hace falta combatirlos, sino simplemente retratarlos. «La responsabilidad de un autor no tiene que ser desmontar clichés. Un escritor es un artista, y su única responsabilidad es respecto a su punto de vista. Yo escribo ficciones realistas, y si la ficción está bien hecha, ya está cuestionando clichés», relata una autora cuya popularidad se disparó un poco más cuando uno de sus lemas, ese «Todos deberíamos ser feministas» que pronunció en una charla TED, acabó estampada en camisetas de la firma Dior. «Creo que el feminismo debería ser un movimiento de masas», señala refiriéndose tanto a las camisetas como a sus «colaboraciones» con Beyoncé. «Cuando utilizó mis palabras en sus canciones, muchas chicas empezaron a hablar de feminismo», añade no sin antes recordar que «el feminismo no deber ser sólo una cuestión de mujeres».

Una visión maximalista que enlaza con su visión de la propia narrativa. «Cualquier literatura es universal si la historia está bien contada. Hay emociones que van más allá de las culturas. El problema es que parece que todo lo que esté fuera del canon occidental no sea literatura, sino antropología», apunta.