ARTE

El silencio de los objetos de Liliana Porter

En los 25 años que cumple Espacio Mínimo, Liliana Porter ha escrito muchas páginas. Esta es la última

Detalle de una de las obras de la muestra «Actualidades»
Detalle de una de las obras de la muestra «Actualidades»

Con el cambio de siglo, la galería Espacio Mínimo abrió sede en Madrid, tras ocho años en Murcia, desde cuyo local, haciendo honor a su nombre, se las ingeniaban para sacarle la mayor rentabilidad a un puñado de metros. Entre quienes la ocuparon entonces estaba Liliana Porter (Buenos Aires, 1941). La artista ha realizado con la galería siete individuales, contando esta, y es a ella a quien han vuelto a recurrir para celebrar su 25º aniversario.

Preguntada por el tema de su trabajo, Porter responde concisa: «El límite entre las palabras y las cosas», aludiendo acaso al título del mítico ensayo de Foucault, de 1966, justo un par de años antes del momento en que ella considera que su propio trabajo empezó a definirse con claridad. Y eso es lo que el espectador va a encontrar en esta exposición: cosas, muchas cosas (enseres, bibelots, souvenirs, basurillas, quincalla) y un puñado de palabras hilvanándolas. El resto es silencio.

Focos de entropía

La exposición, de montaje despejado, se organiza con una introducción a partir de obras «menores» en complejidad y ambición –que no en intensidad emocional, al contrario–, a la que sigue una sala «noble» con tres grandes polípticos que la artista ha realizado para la ocasión, y el vídeo en el sótano.

El trabajo de Porter opera en tres niveles cardinales, que empiezan por el cuestionamiento de los límites disciplinares y la voluntad de forzar la ruptura del plano de representación pictórico, el cual se expande por las paredes de la sala a modo de instalación o se convierte en soporte para la escultura, al borde de la maqueta. De hecho, este punto sería el siguiente aspecto a destacar: la miniaturización constante de sus puestas en escenas. Ahora, se trata de auténticos focos de entropía: accidentes, líos y desórdenes de lo público o lo doméstico, vistos de lejos, dominados, sin drama.

El caos en la confusión

Y desde aquí, es fácil deducir el tercer nivel: la articulación narrativa de todos estos planos congelados, donde las huellas de un derrape catastrófico, un alud, una marea incontenible, casi atrapan a los personajillos que las atraviesan tranquilamente, mientras el caos se apodera del conjunto confuso, abigarrado, atravesado de micro-relatos…

Para ordenarlo todo llega el vídeo, donde Porter, siguiendo la estela del Benjamin de «Dirección única», ofrece secuencialmente los planos de esa realidad cotidiana empapada por la fascinación de una mercancía que todo lo cosifica (los recuerdos, las sensaciones, los deseos), con el formato de un antiguo noticiero. Es la primera vez que se presenta en público esta pieza enigmática, simpática, muy entretenida y profunda, con idea original y dirección de la propia artista. A pesar de lo precario de su producción (parte de su encanto es ese aire abocetado), resume y lleva más lejos que ninguna otra obra expuesta la refinada capacidad de Porter para hacer decir a los objetos lo que callan tan contumazmente. Para encajar su silencio.

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