El escritor Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953-Barcelona, 2003)
El escritor Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953-Barcelona, 2003)
LIBROS

«Sepulcros de vaqueros», los aerolitos de Bolaño

El chileno Roberto Bolaño murió joven y dejó un bonito cadáver literario del que aún viven sus fieles seguidores. Ahora se reúnen tres «nouvelles» inéditas halladas entre sus papeles por las que se pasean sus «alter ego» Rigoberto y Arturo Belano

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No veo por qué no deberíamos considerar estas tres piezas reunidas en «Sepulcros de vaqueros» obras completas y terminadas. Es cierto que fueron encontradas entre los papeles de Bolaño o en el fondo de abismales discos duros, que no cuentan con el beneplácito del autor para ser publicadas y que las tres tienen un carácter episódico y fragmentario, pero ¿cómo podríamos afirmar con total certeza que se trata de obras inconclusas o proyectos inacabados? A lo mejor lo que buscaba Bolaño en estos textos era, precisamente, ese carácter fragmentario e inconcluso.

Siempre he tenido la impresión de que muchos de los cuentos, o los llamados cuentos, de Bolaño, no eran más que fragmentos o proyectos que no avanzaron. Toda su literatura, hasta las novelas más extensas, parece estar compuesta por piezas breves que van ensamblándose unas con otras. Pero lo curioso es que estos tres textos no se parecen a ningún otro de su autor. No son cuentos, aunque el tercero, «Comedia del horror de Francia» podría ser un relato largo, y tampoco son novelas cortas en el sentido de las otras de Bolaño, como «Nocturno de Chile» o «Estrella distante», que poseen mucha mayor unidad estructural. Las llamaría literatura disjunta, un experimento más de ese gran experimentador que fue Bolaño.

Territorios de la imaginación

Como muy bien apunta Masoliver Ródenas en su prólogo, debemos comprender la obra de Bolaño no como una colección de piezas perfectas y autosuficientes (esta es mi propia paráfrasis, no le estoy citando), sino como una especie de constelación de aerolitos que van juntándose en obras o proyectos más vastos pero que mantienen al mismo tiempo su carácter fragmentario. Por eso hay elementos, procedimientos constructivos, imágenes, obsesiones, nombres propios, que reaparecen aquí y allá en distintas obras, episodios de la vida de un tal Arturo Belano (o Rigoberto Belano), que se parece mucho a la del escritor chileno-mexicano-español Roberto Bolaño pero que está llena de fantasías, fantasmas, conspiraciones imposibles, viajes delirantes y episodios, en fin, que parecen suceder un rato a pleno sol y al rato siguiente en raras criptas oníricas, sin que sea posible acabar de decidir dónde termina la hormiga normal y comienza la hormiga invasora extraterrestre.

Solo un gran artista puede moverse con tal libertad por los territorios de la imaginación. Bolaño se acerca a una puerta, la abre, e intenta averiguar qué hay al otro lado y cómo de lejos puede llegar por este camino. Y sigue maravillándose a sí mismo, alimentándose de sus propias imágenes, como uno de esos árboles tropicales que brotan de sus propias ramas.

Ojos de insecto

Los tres textos son disjuntos porque están formados con piezas que no encajan del todo o que no encajan en absoluto, atentados directos contra ciertas reglas sagradas del arte de contar historias que Belano, o Bolaño, o Bolamba, para inmenso deleite de nosotros sus lectores, se pasa una vez más por el forro. «Sepulcros de vaqueros», por ejemplo, lo componen cuatro piezas de la vida de Arturo Belano: la salida de Chile con destino a México (con episodios de la adolescencia del personaje en amplios campos con caballos y una naturaleza libre y salvaje que raramente volverá a aparecer), un episodio del joven aprendiz de escritor en México DF, el viaje en barco de Panamá a Valparaíso (cuando Belano regresa a Chile para unirse a lo que llama «la revolución»), que contiene la descripción de un maravilloso cuento de ciencia ficción, y un breve episodio en Santiago el día del golpe de Estado.

En las tres piezas, la temprana «Patria», la que da título al volumen y la tardía «Comedia del horror de Francia», aparece, una y otra vez, y de las formas más inesperadas, esa dama oscura que tiene ojos de insecto y un cocodrilo moribundo en la frente, la literatura.