Rilke (a la izquierda) con el matrimonio Rodin en 1905
Rilke (a la izquierda) con el matrimonio Rodin en 1905
LIBROS

«Perro», cómo Rilke acabó en la leyenda

Albert Roig une la línea de puntos que traza la vida y la obra de Rilke. El resultado, «Perro», no es ni una investigación ni una biografía. Un libro sin espina dorsal

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Creo conocer relativamente bien la vida y la obra de Rilke, así como una buena parte de las monografías y estudios más significativos dedicados a ellas y, sin embargo, he de reconocer que este libro de Roig, más en su conjunto que en sus detalles, se me escapa. Estos no aportan nada que no se supiera ya, y aquel no está orgánicamente estructurado. Para ser una investigación, le faltan método y análisis y, para ser una biografía, le sobra todo su exceso de ingenua erudición, no siempre bien dispuesta ni asimilada.

Pero admitamos que -como indica su título- lo que aspira a ser es una biografía: en tal caso, el libro podría haber finalizado en la página 255, con la muerte del poeta, y habría dado -pese a sus puntos de vista y afirmaciones no poco subjetivas- una idea bastante aproximada de lo que la vida y la obra de Rilke fue, ilustrado todo ello con citas de poemas y textos del autor, nunca traducidos por él mismo, que confiesa desconocer el alemán, y con el apéndice de la excelente selección de fotos que lo acompaña. Eso hubiera respondido a lo que el título anunciaba, pero que el libro no llega a enunciar.

Las casi ciento treinta páginas siguientes podrían haber constituido algo así como una documentación que fundamentara lo que las 255 páginas anteriores -en las que no siempre es fácil distinguir entre lo que dice Rilke y lo que dice Roig, pues los entrecomillados, como es sabido, se prestan a confusión y a error- exponen y dicen. Por eso insisto en que a este libro le falta una espina dorsal que le sirva de articulación.

Realidad y misterio

Comprendo que no es un estudio y que tampoco quiere serlo, pero, si no lo es, ¿a qué viene toda esa segunda parte que lo lastra? La verdad: no lo sé y -como he empezado diciendo- «Perro. Vida de Rainer Maria Rilke» se me escapa. Pero que se me escape y que no haya llegado a comprender su concepción tal vez sea un fallo mío como lector y no de quien lo ha escrito. Su tema no puede ser más atractivo, y Rilke y su creación siguen siendo tanto una realidad como un misterio. Por eso voy a comentar lo que este libro puede tener de positivo, ya que tiene tan poco de original.

El «alumno de la muerte» -como él mismo se llamaba- lo hizo ser un asiduo devoto de la enfermedad. Y su dependencia económica le obligó a ser una especie de cortesano de banqueros y aristócratas, un animal doméstico de princesas a las que, si no sedujo, cortejó. Robert Walser ha insistido en ello y Karl Kraus, burlonamente, también. Todo esto queda muy claro en el libro de Roig, que se solaza en hacerlo patente.