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LIBROS

Los peligros del populismo tecnológico

Las grandes empresas de tecnología adquieren una fundamental presencia social, económica y política, al tiempo que invaden no solo nuestro espacio físico, sino mental. Un lúcido ensayo pone el dedo en la llaga

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Este es uno de los libros más recomendables para entender muchas de las cosas que están pasando en esta acelerada revolución tecnológica a la que estamos asistiendo atónitos, expectantes, preocupados y las más de las veces impotentes. Una revolución silenciosa, dulcificada, pero que nos puede llevar a un sistema totalitario hasta ahora desconocido. La política, como la hemos desarrollado, va perdiendo fuerza, paulatinamente, mientras las grandes empresas tecnológicas adquieren no solo una fundamental presencia social y económica sino también de gobierno de los estados. Estos gigantes no solo invaden nuestro espacio físico cotidiano, sino lo que aún es peor, nuestro espacio mental.

Puede parecernos este libro un ensayo de ciencia-ficción, un relato detectivesco o de espías, una dura novela negra, pero todo lo que cuenta Franklin Foer está perfectamente documentado. Foer trabajó y vivió en Silicon Valley en los tiempos heroicos por lo que conoció y trató, personalmente, a muchos creadores y directivos de estas grandes compañías. Trabajó para Microsoft en diversas publicaciones de Internet y, durante años, fue editor de la revista The New Republic (publicación de política y literatura con sede en Washington, de la que se queja por tener «únicamente» cien mil suscriptores). Es corresponsal nacional de The Atlantic e investigador de la Fundación New America. Por lo tanto es una persona que habla, desde dentro, con un gran conocimiento de causa y experiencia.

Las grandes empresas tecnológicas quieren no solo hacerse ricas, por si esto no fuera poco, sino también dominar los mercados y acaparar toda nuestra existencia. Moldear a la humanidad a su imagen y semejanza. Por ejemplo, no darle a los consumidores lo que necesitan sino lo que ellos creen que deberían necesitar. Moldear a la humanidad y fundir al ser humano con la máquina. Uno de sus fines es la reorientación de la trayectoria de la evolución humana. Foer, en este libro, se refiere fundamentalmente a las siguientes empresas: Amazon, Google, Facebook, Microsoft y Apple. Amazon (de las mitológicas amazonas) comenzó siendo un almacén para transformarse hoy en productor de televisión, fabricante de drones, etc.

Manejo de multitudes

Google (googol, un número infinito) fue fundada por Larry Page y Sergey Brin con el fin de organizar a su manera todo el conocimiento. Hoy ya se jactan de estar a punto de derrotar nada menos que a la muerte. Facebook, Microsoft y Apple se han colocado al lado de cada persona para ser sus indispensables asistentes personales. Asistentes y controladores de toda su actividad vital. Google Glass y Apple Watch, según Foer, «prefiguran el día en que estas empresas implantarán su inteligencia artificial dentro de nuestro cuerpo». Todas ellas en vez de promover la libertad individual, promueven el manejo de las multitudes, la vuelta a un sistema totalitario encubierto. Google, Apple, Facebook y Amazon, conocidos como GAFA, están –hace ya bastante tiempo- triturando los principios que protegen la individualidad, la privacidad. Además han desatado una campaña de descrédito contra la autoría y la propiedad intelectual.

Estas compañías quieren dominar los mercados y moldear al ser humano a su antojo, fundirlo con la máquina

Defienden el monopolio y lo justifican afirmando que la competencia socava la persecución del bien común y las metas ambiciosas. El libre albedrío está en peligro al automatizar nuestras elecciones cotidianas a través de los algoritmos: el control del conocimiento de nuestros gustos, deseos, conocimientos. Y todo supuestamente para facilitarnos la vida bajo el control de nuestra libertad. Y si algoritmo es una palabra horrible y envenenada, gatekeeping es todavía peor: el control de acceso, la selección o la regulación de la información. Después de la Segunda Guerra Mundial (como ensayo general para lo que ahora se está desarrollando) se hizo un gran estudio para saber por qué masas de gentes se habían entregado al nazismo. Los gatekeepers han de creer que saben lo que desean sus lectores, y han de creer que saben lo que es mejor para estos. Un poder por debajo del poder, silencioso y controlador.

Para Foer, Nabisco y Kraft quisieron transformar nuestra alimentación y nuestra forma de comer (comida basura) y no lo lograron del todo. Amazon, Facebook y Google aspiran a modificar nuestros comportamientos, creencias, tradiciones, cultura (lecturas, formas de leer, ver cine, escuchar música…), e información. Amazon controla las publicaciones, su distribución. Facebook clasifica las noticias según el conocimiento de nosotros mismos. Mientras Google jerarquiza la información según sus conveniencias. Todas estas empresas, por lo general, fabrican productos que complacen los gustos de sus consumidores. Por ejemplo, escribe Foer, «quieren revisar toda la cadena de producción cultural con el fin de obtener un provecho mayor. Intelectuales, escritores independientes, periodistas de investigación o novelistas que no son éxitos de ventas son el equivalente de los pequeños agricultores, que siempre han luchado, pero que sencillamente no pueden competir en esta economía transformada».

Desinformación

Este monopolio autoritario pone en peligro la diversidad cultural, también las opiniones y los gustos. Así todo tiende a la homogeneización. Microsoft fracasó por producir contenido editorial. Facebook, Google, Apple o Twitter, aprendieron esta lección y pretenden dominar los medios sin contratar a escritores, periodistas ni editores, sin poseer mucho de nada. Se buscan las noticias, así los medios de comunicación tradicionales están en total dependencia de las compañías tecnológicas.

El valor de la información se controla ahora por aquellas informaciones que son más consultadas lo que ha conducido al sensacionalismo, la desinformación, al temor de los profesionales, a la inquietud de las empresas periodísticas ante su futuro. Las compañías tecnológicas están destruyendo el pensamiento individual, la contemplación, el silencio, es decir, la soledad creadora. Constantemente y anticonstitucionalmente estamos siendo vigilados, estudiados, distraídos, entretenidos o utilizados. Foer va más allá y afirma que se está alterando la evolución de la humanidad. Ya solo somos materia prima de esas empresas. ¿Dónde entonces quedará el ser humano?

Han desatado una campaña de descrédito contra la autoría y la propiedad intelectual

Google hoy es un buscador, un bazar comercial, un software, una compañía telefónica, una agencia publicitaria, un vendedor de electrodomésticos, coches, televisiones y un sin fe de muchas más cosas. El objetivo final es que las máquinas reproduzcan nuestro cerebro. Las leyes actuales, ya imperfectas, solo pueden ralentizar este trabajo. Para el cristianismo, como para otras religiones, los seres humanos son la forma superior de la vida. Para muchas de estas empresas eso ya no interesa pues los autómatas y los robots nos acabarán sustituyendo.

Descartes defendía que la muerte estaba por encima de todo y los pensamientos por encima del cuerpo. Google sigue estos principios pero sin escepticismos ni dudas. El único límite que aún siguen encontrando es la muerte e incluso están convencidos que este «pequeño problema» lo solventarán y no solo retrasándola sino cesándola. Y para eso avanzan en la genética, nanotecnología, robótica. Están trabajando en una especie de existencia virtual. Kurzweil dijo: «seremos software, no hardware» y podremos habitar cualquier hardware que deseemos. Por lo tanto no habrá diferencias entre los seres humanos y los robots. Según todo esto los ordenadores trabajarán por nosotros, habrá más ocio (no se habla nunca de cultura), no existirá el dolor, no habrá muerte y, por supuesto, todo lo que trae consigo: desaparición de Dios (quienes crean), desaparición de la resurrección de las almas, desaparición del destino. En este mundo nuevo no habrá escasez de recursos e incluso el sexo será virtual y tendrá nuevas sensaciones más intensas y novedosas. Es decir, el paraíso (un nuevo y desconocido paraíso) en la tierra.

¿Y si no queremos participar en este futuro mundo? Foer, citando a Peter Diamandis, uno de los personajes más importantes de Silicon Valley, pone en su boca esta amenaza «quien se resista a este progreso se estará resistiendo a la evolución. Y básicamente se extinguirá». Es decir, no tendremos derecho a vivir, o no lo tendrán los más jóvenes que pongan trabas a esta maquinaria demoledora.

Falta de privacidad

Supuestamente el Creador (cada uno piense lo que quiera) nos creó y nos dio el libre albedrío. Es decir, no iba a influir en nosotros. Zuckerberg no lo considera así. Sustituyendo al Creador está contra el libre albedrío. Facebook clasifica la información, vigila a los usuarios como ratas de laboratorio, no ofrece disparidad y elección sino que inclina la voluntad de sus usuarios paternalistamente, ensalza el pirateo y anima a que lo privado sea de dominio público. Sobre la privacidad Zuckerberg está convencido que es mejor que no exista pues su revelación mejorará la sociedad bajo su control. Y por supuesto todo esto no es para mejorar gratuitamente la vida de los todavía mortales sino para beneficio de su corporación. Por supuesto él es una de las grandes fortunas del mundo.

Zuckerberg tiene una fe moderna en el poder de la ingeniería para transformar la sociedad. Su poder son los algoritmos (de al–Juarismi, matemático persa, y del latín algoritmi), la automatización del pensamiento para apartar a los humanos de sus decisiones difíciles. Pensamiento mecánico, invisible, hasta que nos damos cuenta que nos están utilizando emocional y psicológicamente. Por supuesto también se puede influir en la política y en la creación: ¿Por qué preocuparnos del proceso tortuoso e ineficiente de escribir o pensar, si un ordenador es capaz de producir algo aparentemente de la misma calidad en un instante y sin esfuerzo alguno? ¿Por qué alimentar un mercado de alta cultura demasiado inflado cuando esta podría ser tan abundante y tan barata? Si ningún imperio humano ha resistido la automatización, ¿por qué habría de ser distinto en el caso de los esfuerzos creativos?

Facebook es más un gobierno que una empresa tradicional. En vez de políticos elegidos democráticamente a ellos les encantaría que hubiera solo ingenieros. Así recogen las teorías del sociólogo Thorstein Veblen. Si antes los golpes de estado los daban los militares, por qué no ahora los ejecutivos de las grandes compañías tecnológicas. También los ejércitos dependen totalmente de ellos. Facebook, Google y Amazon dominan los portales para acceder a la información y al conocimiento.

Acabar con el mundo editorial

Google encargó digitalizar todos los libros sin pagar derechos. Contra el libro, los autores, las editoriales, los distribuidores, los libreros. Contra la propiedad intelectual y a favor de la piratería, aunque, cínicamente, la critiquen. La superabundancia de materiales (información, libros, películas, música…) crea un gran caos. A Silicon Valley le gusta, según Foer, el «populismo farsante», es furibundamente antielitista porque piensa que el populismo es el antídoto contra la vieja clase dirigente a la que acusa de tratar a las masas con condescendencia y de preservar celosamente sus prerrogativas a expensas de todos los demás. Facebook es un combatiente feroz contra la alta cultura, su fe está puesta en las muchedumbres.

Amazon acabaría con el mundo editorial acaparándolo todo en sus manos. Además ¿para qué editores? Si él puede hacerlo todo. Un éxito de la democracia proclamó Jeff Bezos. Lanzó Kindle, el libro electrónico que, hasta hoy, ha sido un gran fracaso. Bezos tiene una opinión infame sobre la cultura y más sobre el mundo editorial «el precio de un libro podía atribuirse a los costes materiales, no a la escritura y la edición». Según el autor de Un mundo sin ideas, la relación de Amazon con las editoriales raya en el sadismo, «desea reconfigurar radicalmente la producción de cultura». En sus momentos más jactanciosos, Bezos llega a reconocer sus ambiciones revolucionarias: «Ninguna tecnología, ni siquiera una tan elegante como el libro, dura para siempre». Afortunadamente, por lo de ahora, no solo ha resistido el papel al libro electrónico sino que lo ha derrotado en las primeras batallas. La guerra no ha concluido.

La muerte del autor

Un capítulo fundamental es el que Franklin Foer dedica a la muerte del autor. Google digitalizó, o lo está haciendo, todos los libros existentes y consideró a la propiedad intelectual un incordio insignificante para su poderío. En Google reconocieron que no estaban escaneando los libros para que los leyera la gente sino para que lo hiciera una inteligencia artificial. Amazon y Netflix emplean algoritmos para hacer recomendaciones sobre libros y películas. Pero no solo lo hacen investigando ilegalmente nuestros gustos sino también manipulándolos.

Desde el siglo XVIII el genio, la originalidad, la innovación intelectual y el individuo fueron fundamentales para el desarrollo de la humanidad. Silicon Valley odia la individualidad (lo mismo que los sistemas totalitarios de derechas e izquierdas) y a ella antepone a grupos y masas que trabajan supuestamente en armonía y generan mejores ideas que los individuos aislados. Para Silicon Valley la originalidad es un ideal sobrevalorado y pernicioso. El genio es antidemocrático: expresa una capacidad sobrehumana y un monopolio del saber. Ha atacado permanentemente a los escritores profesionales debilitando la ley de propiedad intelectual y desarrollando un plan estratégico que reduce radicalmente el valor del conocimiento, con lo que la escritura se convierte en una mercancía desechable y barata.

Los defensores de Amazon suelen mirar con desprecio a la casta de escritores, un club hermético que rechaza a quienes no forman parte de la «banda». Para Foer, por el contrario, el periodismo, los libros y todo cuanto rodea a la cultura mantiene un fetichismo difícil de destruir. El populismo de estas empresas se apoya en la defensa de la piratería, de la copia libre sin derechos, de la mezcla de toda la información sin dueño, en el caos y el desorden legislativo.

¿Se puede huir de la sombra de estas multinacionales? Foer que, a lo largo del libro, ha sido tremendamente pesimista, en el último capítulo nos sorprende con su optimismo. Afirma que sí. ¿Y cómo? Haciéndoles frente, en primer lugar, a través de la legalidad y, luego, utilizando la propia política. Frente a los nuevos-viejos totalitarismos hay que inventarse nuevas estrategias de resistencia. El individuo siempre sobrevivió y sobrevivirá. Dura batalla pero el ser humano está por encima de cualquier robot sin alma.

El libro de Foer es muy creíble. Está bien escrito. Es claro. Aporta mucha documentación y una experiencia difícil de tener. Yo aconsejo que lo lean y lo tengan en cuenta. Nuestra libertad lleva ya tiempo en peligro, severamente anestesiada.