ARTE

Mirar (junto) al Tajo

El MAAT acaba de ser inaugurado en el barrio de Belém con la voluntad de convertirse en el principal espacio dedicado al arte contemporáneo en Lisboa y de entrar en la liga de los grandes museos europeos

La instalación «Pynchon Park», de Dominique Gonzalez-Foerster, inaugura la Galería Oval del Maat
La instalación «Pynchon Park», de Dominique Gonzalez-Foerster, inaugura la Galería Oval del Maat - Bruno Lopes

La proliferación –como setas– de museos y centros de arte que pretendían ser de referencia fue una de las características más visibles de la burbuja anterior a la crisis, por lo bien que sumaba el «boom» del mercado del arte al del ladrillo. El que vuelvan a surgir proyectos de este tipo puede ser un síntoma de que la crisis realmente va terminando... o un intento de autoconvencernos de ello. De todas formas, el lisboeta MAAT (Museo de Arte, Arquitectura y Tecnología) presenta un proyecto de apariencia bastante sólida –y apoyado en el dinero de la principal eléctrica portuguesa– en una capital europea que no contaba con un espacio de esta magnitud dedicado principalmente a la creación reciente y en un marco de lo más vistoso, el cada vez más recuperado barrio de Belém, a escasos metros del monumento a los descubridores y del monasterio de los Jerónimos. Todo ello debería jugar a su favor a la hora de atraer visitantes (y dinero).

Algo distintivo del MAAT –recién inaugurado para coincidir con la Trienal de Arquitectura de Lisboa– es que, frente a la monumentalidad de otros museos de este tipo, que tienden a «comerse» su entorno, el edificio de la arquitecta galesa Amanda Levete opta por la discrección. Junto a la antigua central eléctrica Central Tejo (construida en 1889, hasta ahora Museo de la Electricidad y ahora también integrada dentro del MAAT) ha levantado un edificio de altura modesta y cubierto de losetas blancas que recojan los reflejos de la luz en el Tajo y lo ayuden a integrarse en el entorno. De hecho, lo que más destaca en él es su tejado, que se levanta en una suave curvatura desde la parte trasera y se convierte en un agradable mirador, que un puente sobre las vías del tren conectará con el resto de Belém. La esperanza es que se convierta en un espacio público que una la ciudad al río sin robarles protagonismo. Lisboa es mucha Lisboa y el Tajo es mucho Tajo.

Un gran escenario

Por dentro, en cambio, se ha optado por unos espacios más espectaculares, tratando de huir del cubo blanco. Especialmente en la Galería Oval, primera gran estancia del museo y la única a la que el acceso será siempre gratuito. Esta gran estancia, rodeada por un pasillo elíptico que va bajando hacia el área expositiva, está pensada para albergar grandes instalaciones «site specific». Será el principal escenario del proyecto de Pedro Gadanho, el director que el museo ha repatriado a Lisboa desde el MoMA.

El comienzo no ha sido nada malo: «Pynchon Park», una obra de Dominique Gonzalez-Foerster concebida como una jaula que unos zoologos alienígenas hubieran concebido para albergar humanos. Una jaula muy colorida, hasta divertida, con grandes pelotas de plástico y enormes libros de fieltro de colores (inspirados por Pynchon, pero vacíos de contenido a propósito) tirados por el suelo, pero cuyas entradas se cierran a intervalos, dejando a los visitantes encerrados durante varios minutos. Tiempo durante el que pueden pasear, jugar con las pelotas, pasar las hojas de los libros o hasta tumbarse en ellos para echar una cabezadita. Una jaula es una jaula, pero a veces uno puede encontrarse bien en ella. La cosa recuerda a las salas de juegos que algunas grandes empresas ponen en sus sedes para sus empleados: trabajarás 19 horas al día, pero puedes echarte un futbolín mientras. Ahora que Google se está extendiendo más allá del «software», podrían encargarle a Gonzalez-Foerster un nuevo producto: la Google Cage.

La Galería Oval, espacio principal del nuevo museo, está pensada para grandes instalaciones «site specific»

Para esta Galería Oval ya están planificadas exposiciones de Bill Fontana, Carlos Garaicoa o Héctor Zamora. Además, una gran exposición continuará el tema de «Utopía/Distopía» iniciado con la obra de Gonzalez-Foerster. En esta exposición participarán más de 60 artistas y arquitectos internacionales: Hito Steyerl, Superstudio, Jordi Colomer, Cao Fei, Jonas Staal, Pedro Barateiro...

El resto del edicifio albergará una sala dedicada específicamente a videos, una galería principal y una sala de proyectos. A ellas se sumarán las salas del edificio de Central Tejo, que ya están ocupadas por varias exposiciones, alguna tan interesante como la dedicada a los legendarios diseñadores estadounidenses Charles y Ray Eames o las asociadas a la Trienal de Arquitectura. En estos espacios, el 60 por ciento de la programación estará dedicada a artistas portugueses, además de aprovecharse para exponer obras de la colección de la Fundación EDP.

Quedan muchas cuestiones por comprobar: cómo se integrarán en el programa expositivo los tres elementos (arte, arquitectura y tecnología) que dan nombre al museo, si logrará tener un tirón comparable al de otros grandes centros de arte europeos, hasta qué punto se integrará en Lisboa y en su vida cultural. Pero el proyecto es serio y el entorno atrayente. Y cualquier excusa para acercarse a Lisboa siempre será bien recibida.

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