Manuel Antonio Domínguez posa para ABC en su casa de Madrid
Manuel Antonio Domínguez posa para ABC en su casa de Madrid - CARLOTA BARCALA
ARTE

Manuel Antonio Domínguez: «Soy un producto de la soltería femenina»

El pintor charla con ABC Cultural acerca de su obra «La relación estable», sus futuros proyectos y el propósito de su trabajo

MADRIDActualizado:

Suena Back To Black, de Amy Winehouse, en el estudio de Manuel Antonio Domínguez (Huelva, 1976), para quien el arte es algo vocacional. Descubrió que la pintura era su fuerte y ha hecho de ella, además de su profesión, una válvula de escape a través de la que transmitir sus intereses. Aunque su obra habla de la masculinidad, su vida y sus creaciones están marcadas por lo femenino.

¿En qué se inspira para realizar sus proyectos?

Intento relacionarme con todo tipo de personas. Soy un gran ente social. Una buena caminata por la calle puede inspirar mucho. Participar de un contexto rural y relacionarlo con el urbanita de Madrid hace que aparezcan muchas conexiones y diferencias que me resultan muy interesantes. Quizá de lo que más te empapas es de la gente que conoces. En el caso de La relación estable viene por las relaciones actuales, que son líquidas, que duran poco tiempo. Las APP de contacto sexual te dan un rápido encuentro con una persona muy intenso pero que rápidamente desaparece.

¿Cuál es el propósito de su trabajo?

Contar algo que resulte útil, poder vivir de ello y crear conciencia. Aunque me preocupa que el consumo de arte sea, en algunos casos, comida rápida. Necesito estar tranquilo con mi trabajo y seguro de lo que estoy ofreciendo. Para mí eso es lo más importante.

¿Qué ha cambiado en usted desde que se inició en el mundo del arte y qué se mantiene?

Mantengo mi pareja y eso es un logro tremendo [risas]. Desde que uno empieza cambia muchísimo porque este campo del arte es una montaña rusa. Yo aparecí en el momento de la crisis siempre produciendo en pequeños formatos que he ido manteniendo hasta la exposición de ABC. Me he sentido abanderado del papel y la acuarela. Hoy veo mi recorrido como una constante en ese aspecto: el tamaño, lo minucioso y la técnica.

Pinturas y dibujos figurativos, ¿por qué?

Era el anzuelo perfecto. Cuando empecé a trabajar sobre la construcción de la masculinidad, la identidad y el cuestionamiento sexual me di cuenta de que la gente se acercaba al dibujo de una manera más amable si ese discurso lo plasmaba a través de un dibujo preciosista y una técnica como la acuarela. Cuando se detenían a observar el cuadro descubrían que representaba algo más truculento. Me sirvió mucho la técnica y la decisión de que fuese dibujo para meter un discurso al que la gente puede ser reacia.

Su obra busca la crítica y la reivindicación. Se ha atrevido incluso con la reeducación de los homosexuales durante el régimen franquista.

La revisión histórica es muy necesaria. Tenemos una pérdida de memoria muy grande. Hace 40 años en España estaba perseguida la homosexualidad y eso es algo que hay que refrescar a las nuevas generaciones. Constantemente tendríamos que estar reivindicando muchísimas cosas porque somos lo que somos en función de las leyes. Yo me he vuelto reivindicativo con el tiempo, cuando me he sentido seguro, porque creo que es algo necesario. Últimamente lo que hago es ofrecer diferentes visiones de un mismo tema. Por ejemplo, existen muchas masculinidades y yo lo que hago es mostrar las que conozco.

¿Entonces su obra es un análisis de la masculinidad?

Cuando se habla de la masculinidad la gente suele pensar en la heteronormativa. Pero hay muchísimas, además de la homosexual. Igual que hay masculinidad femenina. Uno descubre esto por muchos canales y personas. Yo lo muestro a través de mis obras.

¿A qué se debe el pseudónimo de «Hombre sin cabeza»?

«Hombre sin cabeza» apareció como el perfecto ejemplo de una persona que estaba en contra o hacía cosas diferentes a la norma. Surgió ese hombre enchaquetado que unía el canon de hombre perfecto con la pérdida de cabeza, la persona inconsciente que hacía lo que quería. Eso era el perfecto ejemplo de lo que yo era: un hombre sin cabeza que se atrevía a hacer barbaridades.

Le gusta crear símbolos en sus obras y que la gente los decodifique: pinzas, imperdibles, el cordón rosa… ¿Qué significan para usted?

Son elementos muy fáciles de transportar. En mi caso tengo mucho cariño al cordón porque cuando me fui a estudiar fuera mi abuela me dio uno. Es algo que te ata, te aprisiona y casi te convierte en vísceras. El rosa es un color muy estigmatizado en lo masculino y tiene una lectura muy cercana a mi vida. Mi abuela se llamaba Rosa y a mí se me conocía como “Manolito el de Rosa”. Que me dijesen eso representaba que me estaban revelando mi sexualidad. Por su parte, el imperdible representa algo de corta duración que si se abre te puede pinchar. En el proyecto para el Museo ABC aparecía el imperdible porque es lo que para mí representa una relación de corta duración.

En su trabajo destaca la ausencia de la mujer…

Que conste que yo no soy feminista, soy lo siguiente. Cuando no aparece la mujer es cuando te cuestionas por qué no está y entonces se habla del papel que tiene. En la ausencia de la mujer es donde está la clave de todo mi trabajo. Lo próximo que voy a hacer será hablar de la construcción de lo femenino y la soltería. Siempre me ha interesado la soltería femenina en los entornos rurales porque es el germen de lo que soy yo. Soy un producto de la soltería femenina y si no fuese por eso no me habría dedicado al arte.

Hablemos de La relación estable. Es el dibujo más grande al que se ha enfrentado hasta la fecha.

Es la primera vez que he sido consciente de que era un gran escaparate para dar un paso más en mi trabajo. Yo siempre he sido de trabajos pequeños porque me gusta más acercarme a la obra antes de que sea la obra la que se acerque a mí. Este era el momento perfecto para ofrecer algo que nunca había hecho. Fue la primera vez que disfruté en tamaño grande mi obra. Y para mí eso fue espectacular, ver el resultado de tanto tiempo de trabajo.

¿Está la cultura sexualizada?

Obviamente. Además de una manera horrorosamente asimilada. El sexo está ahí, lo que pasa es que muchas veces te sorprende.