Jennifer Allora y Guillermo Calzadilla
Jennifer Allora y Guillermo Calzadilla - Marion Vogel
ARTE

«Esa idea de que el espectador completa la pieza es una moda»

Primera exposición española del colectivo Allora&Calzadilla. La Fundación Tàpies de Barcelona desgrana sus intereses por la música, la «performance», desde el Caribe

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Cuando Jennifer Allora (Filadelfia, 1974) y Guillermo Calzadilla (La Habana, 1971) decidieron en 1995 comenzar a trabajar juntos, se estaba gestando el origen de uno de los colectivos más singulares del arte actual. Su labor desde Puerto Rico (con el sabor que el Caribe le imprime a todo), no les ha impedido estar presentes en las citas más destacadas del entramado artístico: de Documenta 13 a la Bienal de Venecia, donde representaron a EE.UU. en 2011. Sin embargo, su trabajo no se había podido ver de forma extensa hasta ahora en España. La Fundación Tàpies rompe el maleficio.

¿Hubo vida artística antes de Allora y Calzadilla como colectivo?

Nunca llegamos a realizar una trayectoria individual por separado. Hay que tener en cuenta que no conocimos cuando aún éramos estudiantes.

¿Por qué dieron el paso?

Fue un afán por conversar, porque tampoco fue algo que se planteara. Se dio de forma orgánica. Habíamos iniciado una relación personal, por lo que coincidieron muchas cosas. Podría no haber funcionado...

¿Coincidían en intereses al cien por cien como creadores?

Lo cierto es que éramos completamente diferentes. Yo [responde Calzadilla] venía del entorno musical, mientras que Jennifer estaba realizado estudios sobre Ecología. Ambos acabamos juntos en el campo de las Humanidades. La combinación nos interesaba, de forma que no resultó complicado.

Esta será su primera exposición monográfica en España, donde su trabajo se ha visto de forma puntual. ¿Cómo la han concebido entonces?

El espacio de la F. Tàpies ha sido fundamental. Es lo que ha determinado qué tipo de trabajos queríamos incluir. Y hablamos de las cualidades acústicas del lugar, del movimiento que se genera al recorrerlo...

«Hacer presente una ausencia es más poderoso que cualquier presencia exorbitante»

¿Se van a ver entonces representados todos sus intereses o sólo una parte?

En realidad, la selección es amplia. El elemento sonoro es muy importante. Pero también se incluyen otros intereses como las cuestiones ecológicas, el análisis del ser humano también como especie en peligro de extinción. Está presente nuestra atención a la vinculación entre escultura y performance, preguntas sobre medios y procedimientos artísticos, la curiosidad por el contexto socio-político...

La propuesta incluye una obra, «Cueva Vientos», que no estará físicamente en Barcelona. ¿Qué es lo que pretenden «visibilizar» con un ejercicio como éste?

Ese trabajo es muy importante en nuestra trayectoria, pues es un buen ejemplo del desplazamiento de cuestiones que aparentemente no tienen nada que ver. Unidas, dan pie a un tipo de energía que apunta en una nueva dirección. Ahora bien, su presencia será a través de conferencias, de debates, de manera que se transforma en una especie de ancla conceptual de la exhibición.

Porque no es lo mismo que te evoquen algo a tener una experiencia directa de un asunto.

Muchas de las piezas ya hablan de un desplazamiento, de traer algo hasta un sitio al cual no pertenecen. Añaden cosas, yuxtaponen realidades. Ese tipo de metodología es uno de los «grandes temas» de la exposición.

Lo musical o auditivo podría ser otro elemento unificador.

Definitivamente. Hará ahora como veinte años que hicimos el primer proyecto en esa línea, con un interés eminentemente escultórico por los instrumentos musicales, como la trompeta, muy del Caribe, cuyo origen es militar. Una herramienta que extendía la voz en el campo de batalla. Al final fusionamos el elemento escultórico con lo histórico, lo social...

¿Es más universal como lenguaje la música que el arte?

Muchos de nuestros trabajos plantean que la música ha sido empleada como instrumento de propaganda por su capacidad persuasiva y evocadora, de conmemoración, pero también como arma de tortura, como en Guantánamo. Pese a su apariencia etérea y universal, es todo lo contrario, y a lo largo de la Historia hay cientos de ejemplos.

«Destacamos cómo la música es usada como propaganda, pese a su apariencia universal y etérea»

La crítica hace hincapié en el papel del espectador como «co-autor» de sus piezas. ¿Permiten los protocolos de los museos, las ferias, las co-autorías de las obras de arte?

Esa idea de que el espectador completa las piezas es una moda de los últimos sesenta años. Si uno hace un trabajo, aunque nadie lo esté viendo, tiene que funcionar, tiene que seguir teniendo una fuerza. No debe depender de nada.

Son dados a emplear estrategias que producen extrañamiento. ¿Es más efectiva una nota ausente en una canción que un gran discurso?

Hacer presente una ausencia es más poderoso que cualquier presencia exorbitante.

¿Qué ventajas tiene trabajar desde Puerto Rico?

Fue una elección, y nos gusta estar en un sitio alejado, no residir en Nueva York, París o Berlín, donde también hemos pasado temporadas. La distancia ayuda a reflexionar. Nos funciona.