LIBROS

Henning Mankell, mi memoria sobrevivirá

Poco antes de morir, Mankell cerró con «Botas de lluvia suecas» el círculo abierto con «Zapatos amarillos»

Henning Mankell, autor de «Botas de lluvia suecas»
Henning Mankell, autor de «Botas de lluvia suecas» - Ernesto Agudo

Fue la última obra escrita por Henning Mankell (Estocolmo, 1948-2015); la finalizó poco antes de su muerte, así que el lector de «Botas de lluvia suecas» no puede dejar de experimentar un estremecimiento. El estremecimiento de estar ante una especie de legado narrativo de alto valor simbólico: el de un gran y prolífico creador de nuestros días. Un autor que dio vida a uno de los más populares y atormentados investigadores de novela negra, el comisario Kurt Wallander. Esa célebre novela negra nórdica que, desde él mismo hasta Stieg Larsson, Camilla Läckberg, Arnaldur Indridason o Jo Nesbo, está presente en las listas de éxitos de todo el planeta.

La serie protagonizada por Wallander comenzó en 1991 y llegaría a alcanzar una decena de títulos. Aparte de estos, Mankell, que alternaba su vida entre África y Suecia, escribió otras muchas novelas, relatos juveniles, crónicas («Moriré pero mi memoria sobrevivirá») y un libro autobiográfico («Arenas movedizas», 2014) en el que narró su lucha contra el cáncer.

Fantasmas opresivos

Caracterizadas por un depurado y particular estilo literario que incluye una cuidada ambientación, con minuciosas descripciones de la naturaleza, la belleza de tempestades y solsticios o el paso de las estaciones, Mankell no dejó nunca de revelar en sus obras la presencia amenazante de plúmbeos y opresivos fantasmas que habitaban su próspera tierra natal, Suecia, hasta no hace tanto pacífica y ejemplar. Sociedades antaño abiertas y confiadas del bienestar escandinavo, refugiadas cada vez más en sus miedos y rechazos. En una creciente xenofobia y repudio feroz a todo aquel que llegara de fuera.

El lector tiene la sensación de estar ante el legado narrativo de Henning Mankell

El telón de fondo en «Botas de lluvia suecas» se halla envuelto en cientos de señales que hablan del fin de todo, de la muerte, de la vejez, el decaimiento físico, la incomunicación, la soledad. Una soledad abismal de gente escondida doblemente: en su isla y en interiores secretos y recónditos. A salvo de extraños, de amenazas, de misterios provenientes del pasado y, en general, de los otros; e incluso del amor. Un amor «cuando ya no hay nada casi que esperar».

Robinson Crusoe

«¿Qué sabe uno realmente de la gente?», se dirá el protagonista de «Botas de lluvia suecas». Continuación, cinco años después, de la vida y el personaje de una espléndida, e igualmente crepuscular, historia anterior, «Zapatos amarillos» (2006), con esta última se podría decir que Mankell cierra un círculo simbólico. Un círculo que empezaba con unos elegantes zapatos hechos a mano por un artesano italiano y que finaliza con unas toscas pero tradicionales botas de lluvia suecas.

En esta nueva novela regresa Fredrik Welin, antiguo médico retirado voluntariamente tras un desgraciado incidente profesional; un llamado «error médico». Mezcla de eremita y Robinson -«Robinson Crusoe» era el libro preferido de Mankell-, Welin es un asceta que pone a prueba sin cesar su resistencia. Una de sus prácticas cotidianas es hacer un agujero en las aguas heladas que rodean su casa y sumergirse cada mañana en el mar.

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