«Limpio, brillante, inútil» (2017) y «Passato, Presente, Futurismo» (2017), de Carlos Garaicoa
«Limpio, brillante, inútil» (2017) y «Passato, Presente, Futurismo» (2017), de Carlos Garaicoa
ARTE

Garaicoa o la belleza del veneno

Arquitectura y utopía han sido siempre puntos de partida del trabajo de Carlos Garaicoa. También en su proyecto para el CGAC

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Fijémonos en la dedicatoria del cubano José Lezama Lima en Paradiso (1966): «Digo esto para que los jóvenes insistan en lo que no comprenden, que vuelvan sobre lo que no entienden, porque al final los ojos se abrirán ante un mundo maravilloso». El creador Carlos Garaicoa nacía en La Habana un año después de la primera publicación del gran manifiesto a la vida que supuso aquella novela.

A Garaicoa siempre le han atraído las maquetas y las miniaturas; no tanto como bocetos de un proyecto que se ejecutará a gran escala, sino como paisajes que se rodean y se piensan desde el mundo del arte. A través de los prototipos, diseña su discurso como un arquitecto que elige estéticamente la exuberancia invertida, el minimalismo, pues sus obras parecen el negativo de su ciudad natal. El aire nórdico, sintético, la limpieza y el blanco alejan sus obras de La Habana, de cualquier encuentro con sus raíces. Como si quisiera lavarle la cara a un mundo cansado, como si quisiera restaurarlo, darle un sentido más humano y menos grandioso, Carlos Garaicoa destila los lugares que imagina.

Imprimir una huella

El CGAC de Santiago de Compostela acoge la muestra que viaja desde Turín -ciudad en la que surge el proyecto- El Palacio de las tres historias. En ella se dan cita obras de nueva creación y trabajos anteriores, fotografías, instalaciones de mayor y menor formato. Imágenes de lugares abandonados y espacios vacíos, entre las que destaca la instantánea de una mesa con un figurín de madera tratando de sostener el pincel de un lapicero con toda su fuerza. El artista cubano imprime su huella o su interpretación de la Historia, del Modernismo, del capitalismo o de la opresión en sus trabajos, y en esa imagen podemos leer la fuerza simbólica del hombre contra el mandato de hierro. El modelo humano que aguanta el peso de la Historia, o tal vez el hombrecito que no quiere que lo pinten más. Hombre limpio, brillante e inútil.

Carlos Garaicoa construye escenarios relacionados con el poder y la política en los que la ausencia de individuos es notoria. Ese hombrecito de madera antes mencionado representa la misma alma con forma humana que aparece en Limpio, brillante, inútil (2017), título de sus vallas publicitarias, aquí presentes, de cinco metros de altura; una situada a la entrada del museo y otra en el vestíbulo. Carteles de prismas giratorios -a modo de propaganda estética- del espacio público, arrasado por el control de la información bajo una dictadura.

La instalación habla el lenguaje del cine, de la publicidad, y rememora la información sesgada e impositiva que caracteriza a los medios de comunicación de un país bajo un régimen dictatorial.

Diamante en bruto

Allí un hombre dibujado se eleva sobre el skyline de una fábrica junto al lema: «Limpio como un diamante». Garaicoa recuerda esa frase de Mussolini: «La arquitectura debe ser limpia como un diamante», y la continúa con sus propias palabras: «Brillante como un cuchillo e inútil como toda ideología». De ahí el título de la instalación.

El urbanismo es un campo en el que Garaicoa se mueve cómodamente, rediseñando emociones plásticas, introduciendo elementos que a escala humana serían casi imposibles de realizar. La obra clave, que lleva por título El palacio de las tres historias, consiste en la representación de tres edificios italianos racionalistas, emblemas del fascismo, entre los que sobresalen formas orgánicas de vidrio. Como en su día trabajó sobre La Habana, Garaicoa trae ahora Turín a Santiago de Compostela, en palabras de Claudia Gioia, la comisaria de esta cita: «Turín es una ciudad emblemática en cuanto a concatenaciones y acontecimientos históricos. Dada su relación con la industria, ha vivido la parábola del siglo XX: del desarrollo y la aceleración a la sumisión y la privatización, hasta llegar a la transformación actual».

Historias por leer

Las tres maquetas poetizadas, encerradas en cristal, habitan una misma vitrina soportada por «dobles T», vigas de metal comunes en la construcción, embellecidas de blanco para la presentación en sala. O tal vez pintadas a propósito para borrar su naturaleza industrial, constructiva, elemental. El artista define estos edificios italianos como «belleza llena de veneno, de ideología».

Las obras de Carlos Garaicoa están repletas de historias por leer, el objetivo declarado en su trabajo es la defensa del pensamiento propio, particular, emotivo, anónimo y sensible. Aunque en ellas no aparezcan personas representadas físicamente, hay todo un mundo humano para aquellos ojos que quieran descubrirlo.