Ken Follett, en una de las visitas que hizo a Sevilla para documentarse mientras escribía «Una columna de fuego»
Ken Follett, en una de las visitas que hizo a Sevilla para documentarse mientras escribía «Una columna de fuego» - ABC

Ken Follett: «La ficción intelectual ha renunciado a los lectores»

El escritor galés presenta esta semana en España «Una columna de fuego», cierre de la saga que empezó con «Los pilares de la Tierra». Pero antes charla en exclusiva con ABC Cultural

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El adjetivo profesional tiene un cariz positivo, elogioso, asociado a los más variopintos trabajos... Salvo en la literatura. Cuando un autor cumple con lo que de él se espera -es decir, vende libros-, suele denostarse su capacidad y cuestionarse su talento. A la intelectualidad, todo lo que tenga tufillo popular le repele. Por más que detrás de los millones de libros vendidos (160, para ser exactos) esté un gran escritor, como es el caso de Ken Follett (Cardiff, Reino Unido, 1949).

El galés lleva media vida luchando contra el tópico de la ficción literaria y ya está de vuelta, con bastante razón. Le avalan los mejores jueces, que en esto del negocio editorial no son otros que los lectores. Los mismos que, pacien- temente, han esperado la resolución de la saga que hace casi treinta años empezó con «Los pilares de la Tierra». Para escribir «Una columna de fuego» (Plaza & Janés), ambientada en el siglo XVI, durante los últimos rescoldos de la dinastía Tudor, Follett ha contado con el asesoramiento de los historiadores Mercedes García Arnau, Geoffrey Parker y Robert Hutchinson. Un plantel de lujo.

El tema central de la novela es el conflicto entre la tolerancia y el fanatismo. Está claro que en cinco siglos hemos avanzado, pero, ¿cómo valora ese progreso?

Hemos hecho muchos progresos, pero aún no hemos acabado. Ya no nos matamos, ni nos torturamos por la religión. En Europa y Norteamérica se acepta que deberías tolerar a la gente de una religión diferente, pero no es así en todo el mundo. Hay lugares donde se persigue y mata a la gente por su religión. India es un ejemplo terrible. Pero en Inglaterra ya no quemamos a gente en la hoguera y la Inquisición española ha desaparecido, ¿verdad? (ríe).

Afortunadamente (reímos). Hablando de España, en el siglo XVI era el país más poderoso del mundo. Mi país está presente en la novela a través de Felipe II, la Armada Invencible y Sevilla, ciudad que ha visitado al menos en dos ocasiones para investigar.

España tenía que estar en la historia porque era el país más poderoso del mundo, y todo lo que pasaba en Europa se veía influido por las decisiones del rey español. Finalmente, Isabel I libró una guerra contra España y la batalla de la Armada Invencible fue el clímax. Hay una pregunta sobre España que no consigo dejar atrás...

¿Y cuál es?

Por qué el Siglo de Oro acabó tan rápido.

Es cierto. ¿Y tiene ya respuesta a esa pregunta?

No, no la tengo. Hay quien dice que a la clase gobernante española no le interesaba la industria, el comercio. Y es cierto que España expulsó a los judíos y a los musulmanes, que seguramente habrían creado empresas e industrias... Pero nunca encontré una explicación satisfactoria.

Echemos un poco la vista atrás. Con «Los pilares de la Tierra» empezó a escribir novelas históricas. Hasta entonces, se había dedicado al «thriller», y en alguna ocasión ha contado que tanto sus amigos como su editor cuestionaron aquella decisión. ¿Qué le hizo cambiar de dirección?

Fue principalmente mi fascinación por las catedrales medievales. Siempre que veo una catedral me pregunto por qué se construyó y se me ocurrió escribir un libro sobre la construcción de una catedral, el tipo de libro que superficialmente tratara de la construcción de una iglesia, pero que, en realidad, contara la construcción de toda una sociedad.

Es que eso es, justamente, «Los pilares de la Tierra».

Exacto. Me gustan los libros como «Los miserables», «Lo que el viento se llevó» o «Guerra y paz»; libros largos, con un gran elenco de personajes y que cubren importantes acontecimientos históricos. La historia de la catedral fue lo más ambicioso que había hecho hasta entonces. Recuerde que cuando empecé a escribir «Los pilares de la Tierra» tenía 35 años y cuando tienes 35 años crees que puedes hacer cualquier cosa.

Yo tengo 35 años.

Pues probablemente pueda hacer cualquier cosa.

Si usted lo dice (reímos)... Me pregunto si escribir novelas históricas no es un modo de arrojar luz sobre lo que ahora sucede.

Entiendo lo que quiere decir, pero no creo que puedas sacar lecciones de una novela histórica. Consigues una perspectiva más amplia, una mejor manera de analizar las cosas. Cuando leemos novelas vemos las cosas desde el punto de vista de gente que es diferente, y eso te da un panorama más amplio y más compasivo sobre la vida.

¿Y cómo explica que novelas tan ancladas en el tiempo y el espacio sean tan universales?

La gente no ha cambiado mucho. El ser humano sigue siendo igual que hace 400 u 800 años. Nos fascina leer sobre gente como nosotros pero cuyas vidas son mucho más duras, crueles, violentas y difíciles. Nos fascina leer historias ambientadas en el pasado y pensar cómo nos habríamos enfrentado a eso, cómo habríamos vivido en esa época tan difícil.

Usted es uno de los exponentes más importantes de la ficción popular. ¿Por qué ha habido siempre esa distancia entre lo popular y lo intelectual, como conceptos literarios?

No es cierto que siempre haya habido una distancia. Es algo más reciente. En el siglo XIX no se pensaba que hubiera diferencia entre la literatura popular y la intelectual. Es algo que apareció en el siglo XX, con el modernismo, con James Joyce, Marcel Proust y Robert Musil. Ellos escribieron novelas diferentes y mucho más difíciles de leer que la ficción victoriana. Aquello llegó a considerarse ficción elitista. Es algo que no funciona para mí. Siempre me han atraído las historias fuertes, con argumentos fuertes y con una resolución. En los tres autores anteriores no hay resolución. La mayoría de la gente a la que le gustan las novelas, lee novelas como las mías y el tipo de novelas que aparecen en las listas de best sellers, que es el tipo de novelas que se escribían en el siglo XIX, con una historia, un argumento y unos personajes. Si lees a Coetzee, sus historias son siempre sobre personas incapaces de hacer algo para cambiar sus circunstancias; lo único que hacen es estar sentadas y sufrir. Esos libros no me parecen interesantes.

En el caso de Coetzee, estoy de acuerdo con usted.

En la ficción generalista, los personajes se pueden equivocar, pero siempre actúan y cambian el curso de los acontecimientos. Por eso ahora hay una distancia entre la ficción generalista y la intelectual. La ficción intelectual ha renunciado a los lectores, a que disfruten leyendo.

Eso me recuerda que en más de una ocasión ha asegurado que usted escribe para los lectores, pensando en ellos. Sabe que muchos de sus colegas dicen que escriben para ellos mismos...

Sí, sin duda. Y algunos de mis amigos dicen eso. Pero yo siempre he querido escribir para que la gente disfrute. Cuando escribo, pienso en el lector, si cuando lea una página tendrá ganas de pasar a la siguiente.

Creo que Bárbara, su mujer, es una de sus primeras lectoras.

Es cierto.

¿Qué pensó de esta novela?

Que era bastante buena, me alegra decirlo. Me dio varias páginas de notas con cosas pequeñas que no le gustaron y que pensaba que debería cambiar. Cuando eso sucede, cuando Bárbara, mis hijos o mis amigos encuentran cosas que no les gustan, siempre pienso en cambiarlas, y bastante a menudo hago cambios.

Es un destacado seguidor laborista. De hecho, fue miembro del Parlamento británico. Así que, la pregunta es obligada: ¿qué piensa del Brexit?

Bárbara y yo estamos desesperanzados por el Brexit, es algo espantoso. Es muy malo para nuestro país, económica y espiritualmente. No nos gusta la idea de que no necesitamos a ningún extranjero, ese pensamiento de que preferimos no tratar con gente que habla otro idioma, cuya piel es de diferente color y que tiene costumbres diferentes. Es un terrible error desde el punto de vista espiritual. Es cerrar nuestra mente ante cosas nuevas y diferentes. Me recuerda mucho a cuando los antiguos emperadores chinos prohibían viajar a otros países. Cuando eso pasó, el país se estancó y se encerró en sí mismo.

¿Y qué piensa de la actual clase política británica?

Sigo siendo miembro del Partido Laborista, pero ahora está un poco más inclinado hacia la izquierda de lo que me gustaría. Jeremy Corbyn cree en las cosas en las que yo creía en 1965, pero hay una diferencia entre nosotros. Ahora mismo no estamos en el poder, por lo que no estamos tomando decisiones que afectan al país. Estoy, en cierta manera, sentado esperando a ver qué pasa.

Los meses previos han sido muy difíciles para su país por la amenaza del terrorismo. En España también lo hemos sufrido. ¿Cómo ve nuestro futuro, el de nuestra sociedad, principalmente en Europa?

No sé qué podemos hacer. El terrorismo es espantoso. Son ataques horribles y siempre contra gente inocente, que anda por la calle o va a un concierto. Nos sentimos impotentes. Los servicios secretos están haciendo todo lo que pueden para descubrir quiénes son y detenerlos antes de que realicen alguna atrocidad. Pero es una tarea bastante difícil. Es un problema extremadamente difícil y no tengo una respuesta.

Hay una clara semejanza entre la década de los 30 del siglo pasado y la actualidad. En épocas de crisis económica, la gente tiende a partidos extremistas, ¿no cree?

Sí, lo creo. El auge de los nazis tuvo mucho que ver con la crisis de la economía alemana después del crack del 29, simplemente porque muchos no sabían cómo iban a alimentar a sus familias y optaron por medidas desesperadas. Se sentían desesperados y quisieron creer a quienes les daban respuestas fáciles a sus problemas. El auge del extremismo a menudo tiene mucho que ver con las malas circunstancias económicas.

Ha escrito 32 novelas, pero no muestra signos de decaimiento. ¿Cómo lo hace?

(Reímos) El trabajo me absorbe. Es difícil escribir una historia en la que en cada página hay algo que te hace pasar a la siguiente. Es lo más interesante de mi vida. Odiaría dejarlo. Cuando vaya al infierno, me harán jugar al golf todo el día. No me dejarán escribir (ríe).

Y la última: ¿habrá una cuarta novela o da por concluida la saga? Se lo pregunto porque sus lectores esperan el próximo libro como si fuese un nuevo Harry Potter.

Eso que dice es muy bonito (ríe). Me encanta escribir sobre Kingsbridge y a los lectores les encanta, así que… Sí, probablemente haré otro libro.