ARTE

Bruce Davidson, así era la vida

Podríamos definir a Bruce Davidson como el fotógrafo de la exclusión. Y sus intereses actuales se han ampliado con nuestro desapego de la Naturaleza. Todo ello cabe en la Fundación Mapfre

«Marcha de Selma, Alabama», foto tomada por Davidson en 1965
«Marcha de Selma, Alabama», foto tomada por Davidson en 1965

Habituados como estamos a que las cámaras registren hasta la saciedad los mínimos gestos y situaciones de la gente «famosa», de los depositarios del «glamour» y del dinero, o de los profesionales de la política, esta exposición del gran fotógrafo estadounidense Bruce Davidson (Oak Park, Illinois, 1933) es un auténtico soplo de aire fresco. La muestra llega a Madrid después de su presentación en Barcelona. Tras ello, iniciará una itinerancia internacional que la llevará a Italia y Holanda. Y podrá verse en la Sala Rekalde de Bilbao en 2018.

Davidson es uno de los fotógrafos más reconocidos de la Agencia Magnum, en la que ingresó en 1958, con sólo 25 años, tras su encuentro con Henri Cartier-Bresson. En la exposición se presentan 190 impresiones fotográficas, todas ellas en blanco y negro, copias «vintage» y modernas, en 18 secciones ordenadas cronológicamente, además de un conjunto de publicaciones y documentos. Las secciones coinciden con series, siguiendo el criterio de ordenamiento de su trabajo del propio Davidson.

Diálogo abierto

Está claro que la imagen fotográfica es el resultado de una construcción visual, que integra elección temática, ocasión, enfoque, encuadre, y no pocos aspectos técnicos en el proceso de revelado e impresión. Y lo que uno advierte de modo inmediato recorriendo la muestra, empezando por un magnífico y explícito autorretrato de un jovencísimo Davidson con su cámara ante un espejo (París, 1956), es que, en su caso, la imagen fotográfica se concibe como una vía para introducirse y dialogar con aquello que se registra.

Claro: lo habitual es que esa presencia del fotógrafo no sea manifiesta. Pero está siempre en sus imágenes de modo latente. De forma retrospectiva, el propio Bruce Davidson indicó lo siguiente: «Encontré mi camino en la vida a través de la lente de la cámara. La usé para plasmar mis sentimientos sobre el mundo. Todavía lo hago». Eso es: sentimientos sobre el mundo a través de la imagen.

Así explicó Davidson su trabajo: «Necesitaba ver por mí mismo lo que la gente estaba soportando y lo que ya no se iba a tolerar más»

Con esa clave –nada de distancia, sino integración con lo que pasa, y de un modo particular con la gente, con las personas–, Davidson nos da un impresionante y profundo registro de cómo era la vida de distintos grupos y sectores humanos ubicados en los planos más bajos o excluidos de la sociedad. Por las fechas de su trabajo, podemos así recorrer, como si estuviéramos ante un espejo, las formas de vida y experiencia de distintos grupos humanos a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, de los que normalmente se transmiten imágenes sólo de manera bastante marginal.

Desde los años cincuenta hasta los ochenta: una pareja de ancianos en Arizona; una viuda en París; un enano en el circo; bandas juveniles de Brooklyn; los viajes: Inglaterra, Escocia, Sicilia, México, Chicago, Los Ángeles, España, Gales; la segregación racial en Estados Unidos: las luchas y movilizaciones o el escenario de Harlem; los emigrantes judíos en Nueva York, supervivientes del Holocausto y vecinos de una comunidad integrada; las personas que viajan en el metro de la Gran Manzana. En todos los casos, imágenes de la exclusión. Así era la vida.

Intolerable

En palabras de Bruce Davidson: «En mi búsqueda quería experimentar, destapar y exponer las bases de la segregación y el clima de pobreza que atravesaba el país. Necesitaba ver por mí mismo lo que la gente estaba soportando y lo que ya no se iba a tolerar más». Esa es la clave: la construcción visual del fotógrafo, determinada por el compromiso de sus sentimientos con el mundo, se convierte en impulso moral para hacernos ver lo que habitualmente no se ve, lo que los poderes difusos ocultan.

En sus últimas series, desde los pasados años noventa hasta 2013, Davidson centra su atención en la Naturaleza, también excluida, deteriorada, o encerrada, por nosotros mismos. En esta línea: «Central Park de Nueva York», «Naturaleza de París» y «Naturaleza de Los Ángeles». Lo natural como refugio y aislamiento en el vértigo absorbente de las grandes ciudades, en las que edificios y monumentos dialogan con el aliento ensimismado de los árboles y plantas, el agua, y la luz en la atmósfera.

En definitiva, imágenes de la exclusión, tanto de lo humano como de lo natural. Así era la vida. ¿Hemos conseguido avanzar de forma decisiva en la superación de la exclusión?

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