El escritor asturiano Jon Bilbao
El escritor asturiano Jon Bilbao
LIBROS

Jon Bilbao: «La actitud de los solitarios tiene algo de heroico»

El autor de títulos como «Bajo el influjo del cometa» publica «El silencio y los crujidos» (Impedimenta), donde aborda tres maneras de vivir una soledad voluntaria y buscada

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Jon Bilbao (Ribadesella, Asturias, 1972) se licenció como ingeniero de minas por la Universidad de Oviedo. Pero abandonó esta profesión, en principio más rentable y segura, para dedicarse a la literatura y la traducción -también es licenciado en Filología inglesa-y realizar incursiones en el mundo del guion televisivo. Entre sus obras, que le han valido varios galardones -entre otros, el Premio Ojo Crítico de Narrativa y el Euskadi de Literatura-, se encuentran los libros de relatos «Como una historia de terror» (Salto de Página, 2008), «Bajo el influjo del cometa» (Salto de Página, 2010), «Estrómboli» (Impedimenta, 2016), y las novelas «El hermano de las moscas» (Salto de Página, 2008), «Padres, hijos y primates» (Salto de Página, 2011) y «Shakespeare y la ballena blanca» (Tusquets, 2013). Ahora publica «El silencio y los crujidos» (Impedimenta), tres historias sobre la soledad, con un sentido unitario, en donde da cuenta de su particular y sugerente universo narrativo, marcado por un estilo exigente.

-¿Cómo le surgió la idea de escribir este subtitulado «Tríptico de la soledad»?

-Desde hace mucho me resultan muy interesantes las personas que persiguen la soledad cueste lo que cueste y pese a quien pese. Una opinión apresurada nos puede hacer pensar que son egoístas o que, simplemente, padecen fobia social, pero su actitud también tiene algo de heroico, pues logran liberarse de toda una serie de imposiciones sociales que, para algunos, pueden ser verdaderos grilletes. Por otro lado, también me parecía sugerente investigar, a través de la narrativa, cómo esos solitarios extremos son vistos por una sociedad tan integrada como la nuestra.

-¿De las tres historias que forman la obra cuál nació primero?

-La que abre el libro, la del estilita en la Constantinopla del siglo VI. Al principio no pensaba escribir más que ese relato, pero cuando lo terminé me di cuenta de que tenía más que decir sobre el tema de la soledad voluntaria y sobre ese personaje que busca la soledad pero no lo reconoce, ni siquiera ante sí mismo.

»La soledad del escritor es uno de los muchos tópicos románticos, ridículos y, a menudo, falsos sobre esta profesión»

-¿Calificaría la obra como novela unitaria con tres momentos diferentes?

-Lo cierto es que mientras escribía este tríptico en ningún momento me planteé si era una novela o un libro de relatos. Y creo que honra a la editorial Impedimenta que tampoco me lo preguntara. Esta cuestión solo ha surgido con la llegada de la promoción del libro. Para mí siempre ha sido eso, un tríptico: tres narraciones autoconclusivas pero que leídas en conjunto permiten una interpretación añadida.

-¿Qué une a las historias, además de esa búsqueda de la soledad por parte de sus protagonistas?

-Básicamente, los personajes protagonistas: Juan y Una -personaje femenino-, que aparecen en las tres narraciones. ¿La razón? Que son la misma persona y la misma entidad, respectivamente, en tres encarnaciones distintas. Juan es un solitario que sostiene una historia de amor con la soledad; en las dos primeras partes del tríptico, su relación fracasa; en la tercera, la relación se establece y se sostiene, por el momento. En cuanto a Una, es la encarnación de la soledad. Yo la veo como uno de aquellos dioses de las tragedias griegas, dotada de enormes poderes, inmortal y polimorfa, pero también provista de todos los defectos humanos.

«El silencio buscado lo alteran los crujidos. Los más preocupantes provienen del interior»

-¿Por qué los tres se llaman igual, Juan? ¿Es un nombre intencionado? Como sabe, significa «fiel a Dios», aunque creo que en estos «juanes» tendría un sentido un tanto irónico, incluso en el caso del estilita...

-Todo es intencionado en la narrativa. Juan es un nombre sencillo, que existe desde antiguo. Digamos, que un hombre puede llevarlo en diferentes encarnaciones, distantes en el tiempo y en la geografía.

-¿Asignaría, no obstante, a cada «Juan» alguna característica definitoria predominante?

-El tercer Juan es sincero consigo mismo. Reconoce que todo cuanto desea es la soledad en sí misma, no como una vía para entrar en contacto con Dios ni como una exigencia de su trabajo. Esa sinceridad es lo que le permite llegar mucho más lejos que los otros dos en su relación con la soledad.

- A pesar de ello, el último «Juan» es quizá el menos radical en su soledad: a veces deja su torre…

-Efectivamente. El tercer Juan no solo es el más sincero sino también el más práctico. Sabe que la soledad puede ser fácil de alcanzar; lo difícil es sostenerla en el tiempo. Hacen falta recursos económicos para no depender de nadie y fortaleza emocional para resistir sin compañía. Sabe también que para seguir deseando la soledad, de vez en cuando hay que tratar a otras personas; por eso en algunas ocasiones baja de su torre, va al cine o da un paseo por la playa.

«Lamentablemente, creo que la particular "web" pornográfica desarrollada por el Juan de la tercera parte alcanzaría un gran éxito»

-¿Sobre todo para la primera historia, ha tenido en cuenta «Simón del desierto», la película de Buñuel?

-La vi hace mucho, pero no he pensado mucho en ella a la hora de escribir esa primera parte. La principal inspiración provino del capítulo que Gibbon dedica a los estilitas en «Decadencia y caída del Imperio Romano».

- ¿Alguna de las historias le resultó más complicada de desarrollar?

-La segunda, por la dificultad de sostener el relato con un único personaje humano y una anaconda. Pero también fue con el que más disfruté.

-El título del conjunto, «El silencio y los crujidos», me parece sugerente y enigmático. Y muy inquietante resulta cuando leemos: «Por fin, silencio. Luego, demasiado pronto, como siempre, empiezan los crujidos»...

-Se refiere a los crujidos que vienen a alterar el silencio y la soledad. Pero los crujidos más preocupantes no provienen del exterior, sino del interior de los solitarios, cuando por fin alcanzan su objetivo.

- La soledad tiene mala prensa, pero encierra sus ventajas…

-No cabe duda. La atmósfera se destensa en ausencia de miradas ajenas.

-¿A usted le gusta la soledad? Un escritor necesita pasar mucho tiempo solo...

-Digamos que me instalo rápidamente en la soledad cuando puedo disfrutar de ella. En cuanto a la soledad del escritor, no es más que otro de los muchos tópicos románticos, ridículos y, a menudo, falsos de esa profesión.

-El éxito de la «web» inventada por el personaje de la tercera parte no habla precisamente muy bien de la sociedad actual y nos sumerge en las zonas oscuras de internet...

-Internet proporciona una suerte de anonimato, podemos ver y criticar lo que hacen otros sin necesidad de exponernos y dar la cara. Lamentablemente, creo que la particular «web» pornográfica desarrollada por el Juan de la tercera parte del tríptico, si fuera auténtica y estuviera en la Red, alcanzaría un gran éxito.

-Ha escrito varios libros de relatos, ¿qué elementos «sine qua non» ha de tener un buen cuento?

-Tiene que transportarte y emocionarte.

-Usted estudió ingeniería de minas. ¿Por qué decidió abandonarlo y dedicarse a la literatura, un ámbito más inseguro y menos rentable? Supongo que no se arrepiente…

-No, no me arrepiento. Podría dar una respuesta muy larga a esta pregunta, enumerando abundantes razones, pero la contestación más sencilla es también la más sincera: escribir me hace sentir bien.