«Tres estudios para el retrato de Lucian Freud» (1964), de Francis Bacon
«Tres estudios para el retrato de Lucian Freud» (1964), de Francis Bacon - ABC

Bacon y Freud: una sólida amistad de veinte años, tirada por la borda

Estos dos genios, que formaron parte de la Escuela de Londres, se conocieron en 1945 y pronto se hicieron inseparables

MadridActualizado:

Lucian Freud (Berlín, 1922-Londres, 2011), de padre judío austriaco y madre inglesa, era nieto del padre del psicoanálisis, Sigmund Freud. A los 10 años emigró con su familia al Reino Unido, huyendo del nazismo. Vivía para pintar. Y así lo hizo hasta el día de su muerte. Francis Bacon (Dublín, 1909-Madrid, 1992) fue un dandi irlandés con alma española. Su padre le echó de casa cuando un día lo sorprendió vestido de mujer. Ángel y demonio, sibarita, refinado, culto, era capaz de pasar de los brazos de un boxeador a una discusión sobre Velázquez e ir a cenar con un duque horas antes de que un matón le diera una paliza.

Estos dos genios se conocieron en 1945. Bacon era trece años mayor que Freud. Los presentó el también artista Graham Sutherland. Ambos frecuentaban el Colony Room del Soho, toda una institución en la época para los artistas, y formaron parte de la Escuela de Londres, que reivindicaba la pintura figurativa frente a la abstracción. Pronto se hicieron inseparables. Nació una sólida amistad, que duró 20 años.

Los ojos penetrantes, los labios carnosos y la mandíbula redondeada reconocibles del rostro de Bacon contrastan con las extremidades ágiles y delgadas del cuerpo de Lucian Freud. Bacon pintó a Freud en 1951. Un año después es éste quien retrata al dublinés. Posarían mutuamente en varias ocasiones más. «Estudio para un autorretrato», pintado en 1964 por Francis Bacon, es un cuadro conmovedor e íntimo, pues el artista se autorretrata en él con su rostro, pero con el cuerpo de Freud.

Afinidades

Hay bastantes afinidades entre la pintura de ambos: siempre figurativa, es excesiva, carnal, brutal. Bacon anhelaba pintar como Velázquez pero con la textura de la piel de un hipopótamo. Ambos tenían una curiosidad insaciable y ganas de experimentarlo todo. Decía Freud de Bacon que era la persona más salvaje y sabia que conocía, y Bacon tenía en alta estima su amistad con Freud. Pero aquella sólida amistad se fue erosionando. Nadie sabe muy bien por qué.

En su libro «El arte de la rivalidad», Sebastian Smee afirma que, mientras Bacon pintaba de manera impulsiva, dominado por la furia, la frustración y la desesperación, Freud trabajaba durante semanas en un cuadro con minuciosidad paciente y concentrada. Éste era mucho mejor dibujante. «Su obra me impresionaba, decía Freud de Bacon, pero su personalidad me afectaba». Bacon murió en 1992, a los 82 años, en la clínica Ruber de Madrid. «Si estoy en el infierno, siempre tendré la esperanza de escaparme», decía. Freud murió a los 88. Está enterrado en el precioso cementerio de Highgate, al norte de Londres. Su tumba se halla junto a la de George Michael.