Cultura

El Instituto Cervantes de Londres cambia de sede por la crisis

Julio Crespo MacLennan, director del centro cultural más antiguo de España en el extranjero, declara que se van por razones presupuestarias

La Reina Sofía, junto a Federico Trillo, Julio Crespo y Mayte Azorín
La Reina Sofía, junto a Federico Trillo, Julio Crespo y Mayte Azorín - EFE
LUIS VENTOSO Londres - Actualizado: Guardado en:

Julio Crespo MacLennan, madrileño de 1970 con ancestros escoceses, dirige desde hace cuatro años el Instituto Cervantes de Londres y antes fue responsable de los de Estambul y Dublín. El día en que conversa con ABC, deambula entre cajas en la vieja sede del centro, en el prohibitivo barrio de Belgravia.

El director echa una mano en medio del lío de la gran mudanza que los llevará al Strand, en el Este de la capital y más cerca de la City, el pulmón financiero. Graduado por Oxford, es un intelectual relevante, un historiador europeísta autor de obras como «Forjadores de Europa» o «Imperios». Contempla el traslado con ilusión, pero también con una cierta melancolía, al abandonar una sede histórica por donde ha pasado lo mejor de las letras españolas y hasta llegó a vivir el poeta Luis Cernuda.

-¿Por qué levantan la tienda?

-Llevamos aquí desde 1946, porque antes de la fundación del Instituto Cervantes en 1991, esto era el Instituto de España. Es el centro cultural más antiguo en el exterior. Hemos cumplido 70 años de diplomacia cultural en Londres. Nos vamos por razones presupuestarias. Con los ajustes de 2012 se decidió liquidar algunos activos. Pero además hay motivos de conveniencia. Este edificio es muy espectacular, muy bonito, pero el Cervantes debe estar en una zona más cultural y de más ambiente académico. Este es un barrio residencial, precioso, pero no es el ideal para nosotros.

-¿Ganan espacio?

-Sí, aquí teníamos nueve aulas y en el nuevo edificio tendremos catorce. Podremos acoger a más alumnos. Aquí estábamos a rebosar. Somos de los Cervantes que más ha crecido en los últimos años y hemos llegado a tener más de 3.000 alumnos. Ahora estaremos pegados a tres universidades y a centros culturales importantes, como la Somerset House. Además el Strand está más cerca de la City y tenemos cada vez más cursos de español legal y de negocios.

-¿Qué perfil de alumno tienen?

-Es un público muy diverso. Desde el joven universitario al jubilado con vínculos con España. Y luego también muchos ejecutivos que necesitan el español por razones profesionales. Hemos alcanzado acuerdos con bancos y grandes empresas de la City que necesitaban un español fluido para hacer una gran operación en España o Hispanoamérica. De eso cada vez hay más. Por último, vienen también los que tienen una idea romántica de España y les gusta.

-Viendo el impresionante centro francés en Londres, que ocupa una manzana en South Kensington, o las sedes del Instituto Goethe alemán, me apena la poca ambición de nuestra delegación cultural aquí, que no tiene siquiera un escaparate a la calle, y eso contando con el segundo mayor idioma del mundo…

-El problema de fondo que sigue teniendo España es que continúa sin darse cuenta del activo tan importante que es el español. Fíjate lo que es tener 500 millones de hablantes por todo el mundo, la segunda lengua global. El Estado debería invertir mucho más en la promoción de la lengua. Si Francia tuviese ese activo, o Alemania… ¡lo que estarían haciendo! Lo triste es que a pesar de que España tiene esta ventaja sigue sin sacarle todo su potencial. Hemos mejorado, hemos crecido, pero aun así…

-La promoción del español y la cultura española parece además la mejor forma de diplomacia.

-Sí, en un momento de crisis como la que hemos pasado, la imagen de España había que fortalecerla especialmente, y este tipo de iniciativa permite que la gente de fuera conozca España, que se vincule a ella. Lo triste es que en los tres últimos años nos hemos dedicado más a hacer ajustes presupuestarios que a seguir con la expansión.

-¿Están acusando la falta de Gobierno?

-Afortunadamente nuestra parcela no se ve especialmente afectada por esta interinidad. Lo nuestro sigue.

-Usted tiene sangre anglosajona. ¿Cómo es hoy la relación afectiva entre británicos y españoles?

-Yo me he criado entre los dos países desde los años setenta y puedo decir que la relación es mejor que nunca, jamás ha habido más lazos. Hay muchos españoles aquí, pero es una emigración muy buena, un perfil de inmigrante joven, preparado, con ideas, que aporta mucho. No es lo de otras épocas. Eso ha impactado positivamente. Y luego hay más de medio millón de británicos viviendo en España.

Las cifras de turismo son brutales: 17 millones han ido a nuestro país. Existe una relación de admiración mutua. Es muy grato ver incluso cómo en las universidades británicas se está atendiendo más a los departamentos de español, en detrimento a veces de los de francés y alemán.

¿En qué se admiran los dos países?

-El español admira las instituciones británicas, su sistema político tan sólido, sus tradiciones, su versatilidad para los negocios. Y ellos admiran muchísimo a España. Aparte de la alegría de vivir y la calidad de vida, que es un tópico cierto, también hay mucha admiración por la historia, la cultura y el arte español. Incluso en la época más dura de los ajustes, cuando castigaban a España desde su prensa económica, veías que en otros ámbitos, como el arte, lo que se decía de España era positivo.

Hoy los británicos ya no miran a los españoles por encima del hombro. Van a España, por ejemplo, y ven que las infraestructuras son mejores que las suyas. Además se dan coincidencias históricas. Ambos son el origen de las dos lenguas globales, ambos han sido cabeza de un imperio, tienen las dos monarquías reinantes más antiguas de Europa y los dos países son resultado de la fusión de varios reinos, con tensiones grandes por ello.

-La diferencia es que ellos honran su historia al máximo y nosotros hemos entrado en un lamentable desprecio u olvido de lo nuestro, o eso creo.

-Totalmente, sí. El problema de los españoles es que somos muy críticos y no acabamos de creer en todo lo que tenemos. Es una pena. No se logra sacar todo el enorme potencial que tiene el país.

-¿Le disgustó el Brexit?

-Me llevé un disgusto tremendo. Todavía no lo he superado. Fue un varapalo gordísimo.

-¿Qué escritores españoles admiran sus alumnos aquí?

-Pues por ejemplo Pérez Reverte, Javier Cercas y Javier Marías, el último con un público más selecto. Luego también la literatura hispanoamericana, que sigue teniendo mucho tirón, incluida la nueva generación, el llamado «Postbum».

-Por esta sede que ahora cierran habrá pasado la crema de la literatura en español, supongo.

-Sí. Aquí, por ejemplo, vivió invitado un tiempo Luis Cernuda, en los años de la inmediata posguerra. Por aquí pasó mucho Salvador de Madariaga, un gran olvidado en España. Han venido todos los grandes hispanoamericanos. La primera vez que yo vi a Vargas Llosa, cuando tenía 19 años y estudiaba en Oxford, fue aquí, él venía a dar una conferencia. Todos los grandes han estado aquí, y también los mejores hispanistas británicos. Incluso algunos investigaron en esta sede, como Paul Preston, que preparó aquí su biografía de Franco tras ver que nuestro archivo era buenísimo.

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