La Tercera

La Armada invencible

«Para los países que contendieron en la Segunda Guerra Mundial,la historia ya no es motivo de agravios retrospectivos, sino fuente de reconciliación, como se evidencia cuando celebran efemérides y a los ingleses, por ejemplo, les brotan amapolas de papel en ojales y pecheras»

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La pasión por la Armada Invencible me costó una faringitis. Un sábado de octubre de hace unos años, me levanté antes del amanecer para continuar con la lectura de La Gran Armada, de Geoffrey Parker. Llevaba aún pijama de verano y hacía fresco en la habitación. Pasé un par de horas hipnotizado con los avatares de aquella formidable escuadra que, bajo un cielo entoldado, se adentraba en el Canal de la Mancha, rumbo a Flandes, para embarcar a los tercios. Tenía frío, pero estaba tan embebido con la lectura, que continuaba imantado al sillón, incapaz de levantarme para ponerme otra ropa. Cuando mi mujer se despertó para desayunar y vio al friolero de su marido abducido por el libro, supo en qué terminaría aquello. En efecto. El lunes el médico me recetó un antibiótico. Pero aquella faringitis valió la pena.