El Spidermán de Cádiz, en las Puertas de Tierra - Francis Jiménez
SPIDERMAN DE CÁDIZ

El Spiderman de Cádiz pierde el superpoder de la sonrisa

El superhéroe ya no puede trepar por el hospital para devolver la alegría a los niños enfermos

CádizActualizado:

Mirada triste en ojos vidriosos. La máscara resbala entre las escaleras mientras apoya la frente sobre sus manos, los codos sobre las rodillas. El Spiderman de Cádiz, abatido a las puertas del hospital, digiere con lágrimas una de las derrotas más duras de su existencia: acaba de perder el superpoder de la sonrisa.

Esa fuerza inhumana que le permitía mudar la tristeza en el rostro de los niños; tejer una alegría de fantasía, una tela de araña donde descansar en su imaginación ante la áspera realidad diaria. Sesgada.

Pero poco a poco renace la esperanza en su alma, dispuesta a frontar una nueva aventura, un desafío inesperado. Si ha vencido al doctor Octopuss, al Hombre de Arena y al poderoso Duende Verde, puede doblegar a cualquier enemigo aunque éste se disfrace de ley, de orden y de burocracia.

Manolo, el alter ego gaditano de Peter Parker

Manolo, el alter ego gaditano de Peter Parker, se refugia en su guarida ya no para lamerse las heridas sino para encontrar la fórmula con la que escalar hacia su objetivo. Hace escasas fechas, en el hospital Puerta del Mar le franqueaban la entrada. Le informaban de que ya no podría subir para acompañar en los pequeños enfermos durante su difícil trance. 'Son las reglas'. Así, en un instante, se quebraba la futura ilusión que desprenden los niños cuando se encuentran con el superhéroe y durante unos momentos olvidan el dolor y la pena.

Al Spiderman gaditano le ofrecen dos alternativas. Una pasa por integrarse en una de las dos asociaciones que colaboran con el antiguo Zamacola. Pero Manolo no es reportero como el hombre araña americano, sino camarero y el descontrol horario de la hostelería le impide comprometerse en un programa cerrado de actuación. La otra opción es crear su propio colectivo, lo que implica formar un grupo y él siempre ha actuado en solitario.

Aún así, maneja esas posibilidades, las estudia y las valora mientras su mirada se queda fija en un punto concreto de la habitación. Una esquina rebosante de regalos, de esos detalles con los que sonsacaba la sonrisa hasta del niño más triste. Los presentes inundan el espacio. El bote que dejan los clientes en el bar los utiliza para reunir más y más juguetes, como si se encontrara en la cueva de los Reyes Magos.

Entiende que todo esfuerzo merece la pena. Los gaditanos le apoyan en su causa y se acercan a las 2.500 firmas en change.org para que los responsables del hospital varíen su postura. El superhéroe asegura que su lucha no es contra ellos, a los que respeta y aprecia, aunque pide un poco de flexibilidad. Salir del anonimato incluso dejando el DNI, marcando fecha y hora de salida, pagarse su propio seguro aunque sea prácticamente invencible. Pero no es suficiente. Quizás algún villano político acepte interpretar el rol de héroe. Hasta ahora las puertas siguen cerradas.

Una dura infancia

Pero ¿quién se esconde tras esa máscara? Manolo guarda el misterio enfundado en una réplica comprada en Londres, un disfraz hecho a medida de 900 euros. «Tomé esa decisión porque iba al hospital y los niños se daban cuenta de que se me veían los ojos, la muñeca, los pies... Muchos no se creían el personaje, y por la alegría que se llevan había que buscar una solución».

Camaleónico, también se viste de Mickey Mouse, de un hechicero que regala piedras mágicas, de tiburón en época estival y ahora espera sentirse en la piel del capitán América.

Al igual que el protagonista emblema de Marvel, este gaditano vivió una dura infancia. Familia desestructurada, la lacra del Cádiz de los 80, golpes y heridas en el corazón de un niño que se descarrió al perder pronto a sus padres. Hasta que su abuelo de ley, un americano de Texas destinado en la base de Rota, le provocó esa picadura que le otorga una fuerza sobrehumana. «Me enseñó los valores de un superhéroe, a vivir para los demás. En mi cumpleaños, en lugar de recibir era yo quien hacía regalos, y seguimos manteniendo esa costumbre. En Navidad, en vez de estar deprimido por la soledad intentaba hacer felices a los demás». Y esa filosofía piensa llevarla hasta las últimas consecuencias.

La energía regresa a su ser. Spiderman sigue manteniendo esa capacidad para regenerarse a través de recuerdos. El último le desplaza a Sevilla, al Virgen del Rocío, donde un chico que acababa de sufrir una desgracia no se separó de él durante toda la mañana, siempre asido a su mano. O esa niña en plena diálisis que pidió a sus padres que lo quería conocer. El pequeño que hasta se levantó de la silla de ruedas...

Experiencias humanas que han forjado su carácter sobrenatural. Aquellas que le obligan a luchar con denuedo por recuperar el poder de la sonrisa. Y esa voz de su abuelo que nunca descansa en su interior, tejida en su corazón: «Un gran poder conlleva una gran responsabilidad».