Entrada a Sa Pedrera d'Es Pujol
Entrada a Sa Pedrera d'Es Pujol

Los mejores restaurantes de Menorca para acertar en estas vacaciones

El crítico gastronómico de ABC viaja a la isla balear para elaborar una guía imprescindible para elegir una buena mesa

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Aunque es una gran desconocida, la cocina de Menorca tiene una enorme personalidad. Y la tiene por la riqueza de la propia isla, tanto marina como en las huertas del interior. Del mar llegan rayas, doradas, meros, salmonetes, rodaballos, lubinas... y por supuesto la langosta, con la que se hace la tradicional caldereta que tiene su origen en la primitiva caldera de peix que hacían los pescadores con la morralla (especies pobres de carnes duras) en un caldero metálico donde se hervían con cebolla, tomates, ajo, ñoras y perejil y cuyo caldo final es puro sabor a mar. De la tierra productos autóctonos que ya quisieran para sí otras islas y territorios más renombrados. Empezando por la sorpresa de algunos vinos que se elaboran en producciones pequeñas, y siguiendo por los excelentes quesos de Mahón, o las magníficas sobrasadas de «porc faixat».

Uno de los mejores comedores de la isla es Sa Pedrera d'Es Pujol. Un coqueto restaurante del que se ocupan Daniel Mora en la cocina y Nuria Pendás en la sala. Su menú degustación está elaborado exclusivamente con productos de Menorca y sobre el recetario popular. Todo un reto, pero al tiempo la constatación de la riqueza de la isla. La harina del pan, el aceite de oliva, la mantequilla… todo es producto local y se indica de dónde procede. Mejillones del puerto de Mahón en un escabeche muy delicado, gambas rojas, raó o pez lorito, ventresca de morena, caldereta de langosta, raya con hinojo marino, quesos artesanales... Completa bodega, con buena presencia de vinos menorquines. Recomendable también Torralbenc, en el lujoso hotel del mismo nombre, una antigua explotación agrícola y ganadera totalmente rehabilitada , que es un oasis de tranquilidad a poca distancia de Mahón y del aeropuerto. Asesorado por Gorka Txapartegui, y con Luis Loza al frente, ofrece cocina vasca que enlaza con las raíces menorquinas a través de productos autóctonos, muchos de ellos producidos en el propio hotel.

Sala de Mon
Sala de Mon

Otro imprescindible de la isla es Mon, en Ciudadela. Lo dirige un cocinero de mucha categoría, Felip Llufriú, que regresó en 2014 a su ciudad natal tras un largo periplo por la Península en el que destacan sus muchos años al frente del Moo de los hermanos Roca en Barcelona. Apuesta total por el producto menorquín, sabores muy definidos y técnica irreprochable. Platos como el hígado de rape escabechado con finas láminas de champiñón e hinojo marino, o la molleja de ternera a la brasa con alcaparras. También en Ciudadela está otra casa fundamental, el Café Balear, histórico restaurante regentado ya por la tercera generación. Estupendos pescados que capturan con un barca propia y a los que se les da un perfecto tratamiento en cocina. Además, arroces y guisos como su ya clásica langosta con cebolla.

Caldereta de Es Port
Caldereta de Es Port

Para comer un buen arroz destaca Es Molí de Foc, en Sant Climent, muy cerca de Mahón, con decoración típicamente menorquina. El valenciano Vicent Vila los hace muy buenos. Algunos están en carta a diario, como el meloso de conejo y atún fresco, el a banda con gambitas; el negro de rape, calamar y verduras; o la paella de verduras con pato deshuesado y albóndigas. Otros son por encargo. Y para comer pescado hay que visitar la localidad de Fornells. A lo largo de su paseo marítimo se alinean decenas de restaurantes que tienen como oferta principal la caldereta de langosta. Por desgracia, la mayoría de ellos en un nivel de calidad cuanto menos discutible. Centrados más en captar turistas que en ofrecer una cocina de altura. Sí vale la pena, y con nota muy alta, Sa Llagosta, cuya caldereta goza de merecida fama, y con una cocina que va más allá gracias a David de Coca. A un nivel inferior, recomendable Es Port, frente al puerto, donde pueden tomar esa caldereta, pero también alguno de los pescados que los propietarios reciben a diario de una barca propia y elaboran en recetas sencillas.

Por último, si están en Mahón, una buena opción para una cena informal es Ses Forquilles. Está en la parte alta de la ciudad. Barra de tapas en la planta baja, comedor en la primera. Un equipo profesional y extremadamente amable y una carta divertida que se completa con una pizarra con las sugerencias del día. Buen producto, muy centrado en la temporada. Pan de cristal con tomate, buenos boquerones empanados, magníficas gambas de la isla a la sal, escalivada con pulpo, manitas de cerdo crujientes...