La Ruta 66 ibérica une las ciudades de Gijón y Sevilla
La Ruta 66 ibérica une las ciudades de Gijón y Sevilla

La Ruta 66 ibérica, el «road trip» por la Vía de la Plata

Desde Gijón hasta Sevilla, un itinerario para descubrir la esencia de un país a la vez que se corren aventuras y se disfrutas de paisajes impresionantes

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Corría el año 1957 cuando se publicó el libro On the Road (En la Carretera), obra del estadounidense Jack Kerouac. En él, Kerouac relataba las experiencias, a nivel físico y emocional, que vivió mientras recorría la América profunda de los años 50. Dicen que leer este libro potencia el inconformismo ante la sociedad establecida, además de crear en el lector unas profundas ganas de tomar la mochila y lanzarse a la carretera para vivir aventuras.

Más allá de la subjetividad implícita en estos pensamientos, lo que sí es objetivamente cierto es que aquel libro sirvió para mitificar una de las carreteras estadounidenses de largo recorrido: la Ruta 66. Una serpiente de asfalto de casi 4.000 kilómetros de longitud que une Chicago y Los Ángeles, pasando por granjas, cañones, moteles, ríos, desierto, ciudades, pueblos destartalados… Es el icono mundial de los «road trips».

Si trasladas a España ese concepto de viaje por carretera en el que descubres la esencia fundamental de un país a la vez que corres aventuras y disfrutas de paisajes impresionantes, el resultado es la Vía de la Plata. El «road trip» de la Vía de la Plata es nuestra «Ruta 66 Ibérica». Skyscanner te cuenta todo lo que necesitas saber para disfrutar de ella al máximo.

Trazado de la Vía de la Plata

Esta «Ruta 66 Ibérica» une las ciudades de Gijón y Sevilla, aunque muchos peregrinos añaden un desvío adicional hacia Santiago de Compostela. En total, algo más de 800 kilómetros que discurren por la carretera nacional N-630 (salvo algunos inevitables, y cortos, tramos por la autovía A-66) y te adentran en el oeste de España.

El trazado recorre siete provincias (Sevilla, Badajoz, Cáceres, Salamanca, Zamora, León y Asturias) repartidas por cuatro comunidades autónomas (Andalucía, Extremadura, Castilla y León y Asturias). Ciudades monumentales, vastas llanuras, campos de cultivo, pueblos adormecidos, pantanos, ríos, bosques, puertos de montaña… Pero, ¿fue siempre así? No, los orígenes de la Vía de la Plata fueron algo distintos...

Historia de la Vía de la Plata

La Vía de la Plata halla su origen en las rutas comerciales utilizadas por los tartesios. Sin embargo, en el año 218 a. C. las legiones romanas se internan en Hispania con el fin de expandir su imperio político, económico y militar. Para poder comunicar adecuadamente los distintos territorios conquistados, los romanos – durante los mandatos de los emperadores Trajano y Adriano - deciden crear una extensa red de calzadas que contaba con 29.000 kilómetros de vías principales y ramificaciones menores. Una de las más importantes es la Vía de la Plata, resultado de asfaltar parte del trabajo inicial de los tartesios y expandirlo.

Mérida
Mérida

Cuando se construyó, unía las urbes de Mérida (Augusta Emerita) y Astorga (Asturica Augusta) y tenía 470 kilómetros de longitud. A pesar de su nombre, por ella no circulaban cargamentos de plata ni unía lugares donde existían minas dedicadas a la extracción de este valioso metal. Simplemente, se cree que el nombre se otorgó por una derivación fonética del vocablo al-Balat (el «camino empedrado»).

Por otro lado, su conexión con el Camino de Santiago, a la altura de Astorga, surge en la Baja Edad Media, cuando la Vía de la Plata se convierte en una ruta de peregrinación conocida como el «Camino Mozárabe», al ser usado por los mozárabes de Al-Andalus para llegar a la famosa catedral del apóstol.

Gijón
Gijón

A principios del siglo XVI ya se le conocía con el nombre de «La Plata», pero su trazado original no se alteraría hasta bien entrado el siglo XX, cuando se construyen las carreteras N-630 y A- 66 y se alarga artificialmente su longitud, llegando a Gijón por el norte y al puerto de Sevilla por el sur.

Hay tramos de la nacional N-630 que discurren en paralelo a la antigua calzada romana, cuyos restos son aún visibles en varios lugares. Huellas imborrables de la Historia, como también lo son todos los monumentos que encontrarás a lo largo de estos 800 kilómetros, al pasar por ciudades que son Patrimonio de la Humanidad - como Salamanca, Mérida y Cáceres – y yacimientos arqueológicos rodeados de naturaleza.

La «Ruta 66 Ibérica» te ofrece una cercana visión del inmenso legado histórico-artístico dejado en la zona por los romanos, y culturas posteriores, a lo largo de los siglos. La Red de Cooperación de Ciudades en la Ruta de la Plata, con sede en Gijón, se encarga de resaltar los atractivos turísticos de la ruta. Así, te encontrarás con ciudades, circos, anfiteatros, termas, puentes, fortalezas, teatros, templos, arcos y acueductos, todo ello enmarcado en variados paisajes de gran belleza.

Cómo recorrer la «Ruta 66 Ibérica»

Hay cuatro formas principales de recorrer el trazado de la Vía de la Plata: a pie, en bicicleta, en moto o en coche. Sin embargo, las dos primeras opciones no contemplan el hecho de poder utilizar las carreteras actuales, pasando, en su lugar, por campos y senderos.

Los motoristas que emprenden la «Ruta 66 Ibérica» saben que, en cuanto a la conducción, afrontarán largas y aburridas rectas, esperando con ganas los tramos de curvas, propios de los puertos de montaña (como el de Pajares). Sin embargo, si vas a realizar este «road trip» hispano acompañado, lo mejor será que lo hagas en coche. No son pocos los viajeros cuyo primer paso en esta aventura es alquilar un coche. Con ello evitan hacerle un buen número de kilómetros a sus vehículos particulares y, quizás, también escogen un modelo más acorde a las exigencias de la ruta.

Una vez el tema del coche está solucionado, ya solo consiste en diseñar una ruta que te permita parar en los lugares que te interesen. En este sentido, cada viajero tendrá unas preferencias distintas, pero seguro que todas ellas se podrán satisfacer de algún modo, ya que la Vía de la Plata tiene un buen número de atractivos muy diversos entre sí.

El tiempo mínimo adecuado para recorrer esta «Ruta 66 Ibérica» es de 72 horas, pero si quieres disfrutarla a fondo, no deberías emplear menos de una semana.

Recorriendo poco más de 100 kilómetros diarios, tienes la posibilidad de detenerte con tranquilidad en ciudades, parajes naturales, yacimientos arqueológicos, restaurantes y paradores en los que merece la pena no estar pendiente del reloj.

Quién puede disfrutar de la ruta por la Vía de la Plata

El road trip por la «Ruta 66 Ibérica» es un viaje apto para todo tipo de viajeros (siempre que puedan conducir, obviamente). Lo disfrutarás mucho si lo ves como un viaje introspectivo, en el que enfrentarte en solitario a la carretera, esperando conocerte un poco mejor a ti mismo mientras recorres una ruta histórica incomparable.

Si eres un amante de la Historia, no conseguirás recorrer más de 50 kilómetros sin abrir la boca para elogiar una maravilla del camino. Lo mismo ocurrirá si valoras más la naturaleza que la obra del hombre. Tampoco faltará la buena mesa, pudiendo disfrutar de los distintos sabores de platos típicos de Andalucía, Castilla y León, Extremadura y Asturias.

Toda ruta por carretera que se precie debe contar con buenos lugares donde parar a dormir y comer. En nuestra «Ruta 66 Ibérica», podrás dormir en algunos bellos paradores, como el de Salamanca o el de Mérida, siendo la opción mejor de alojamiento para conseguir una profunda inmersión en el componente histórico de la Vía de la Plata.

En cuanto a buenos restaurantes en la ruta, no dejes de probar la mejor comida asturiana en el restaurante La Pondala, de Gijón; los embutidos leoneses del restaurante Sorrento, en León; las migas extremeñas y la caldereta de cabrito del restaurante La Extremeña, en Mérida; y el gazpacho y cocido andaluz de la taberna más antigua de Sevilla, El Rinconcillo, que abrió sus puertas en 1670.