San Juan de la Peña
San Juan de la Peña

Impresionantes monasterios aragoneses que son Panteones Reales

Este es un viaje por cinco siglos de historia. En sus monasterios, iglesias y castillos reposan los restos de los monarcas aragoneses. Y en Zaragoza, una exposición completa el recorrido

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Recorrer la historia de Aragón y su riqueza paisajística y monumental a través de los lugares que sus reyes eligieron para ser enterrados. Es la sugerente propuesta que ha tomado cuerpo en forma de ruta turístico-cultural, condensada actualmente en una exposición organizada por el Gobierno aragonés y concebida como una atractiva forma de acercarse al pasado y al presente de Aragón a través del descanso eterno de quienes ocuparon su trono. La ruta de los panteones reales se concentra mayoritariamente en la provincia de Huesca.

El Pirineo vio nacer el Reino de Aragón y allí se fundó el primer panteón de su dinastía. Conforme se fueron ampliando los dominios, lo hicieron también los lugares elegidos por los monarcas como morada eterna. Cuando el Reino pasó a ser Corona, con la incorporación de los condados catalanes, los panteones reales alcanzaron también monasterios de esos dominios.

En suelo aragonés, recorrer sus panteones reales es sumergirse en la historia, pero también en el presente de un patrimonio vivo -natural y artístico-, en tierras cargadas de leyenda. Solemnes vestigios de un reino que acabó convirtiéndose en una primera potencia del Mediterráneo durante la Edad Media que acabó tejiendo el imperio de la monarquía hispánica y que arrancó en los bellos rincones del Pirineo. El mismo por el que, en gran parte, discurre esta ruta de viejos monasterios en los que los reyes quisieron recibir sepultura.

1. San Juan de la Peña

Monasterio de San Juan de la Peña
Monasterio de San Juan de la Peña - Fabián Simón

Es el panteón más antiguo de lo que fue la Corona de Aragón. Está enclavado en pleno Pirineo, en una zona de alto valor medioambiental, el Paisaje Protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel. Fue el lugar de enterramiento de Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I, los primeros reyes de la Casa de Aragón. El conjunto lo conforman el viejo monasterio que hunde sus raíces en el siglo XI y en el que sobresale su arquiectura románica; y el denominado Monasterio Nuevo, que fue erigido en el siglo XVII.

Una sugerente forma de viajar a San Juan de la Peña es hacerlo con una ruta que empiece y acabe en Huesca capital, un recorrido que permitirá incluir otros enclaves singulares de la zona como el bello municipio de Bolea, Loarre y su famoso castillo medieval, la villa de Ayerbe, la monumental Jaca y Sabiñánigo.

San Juan de la Peña se construyó en torno a una gran cueva que se abre bajo una imponente pared de roca. Es un lugar cargado de leyendas, labradas al calor de ese carácter sagrado y misterioso que alimenta la configuración de este lugar en el que los primeros reyes de Aragón decidieron encontrar el cobijo eterno al abrigo y en contacto directo con la roca.

2. Santa Cruz de la Serós

Monasterio de Santa Cruz de la Serós
Monasterio de Santa Cruz de la Serós - Fabián Simón

El monasterio de Santa Cruz de la Serós está situado muy cerca de San Juan de la Peña, en la misma comarca de la Jacetania. Fue construido a finales del siglo XI y se convirtió en panteón femenino de la realeza aragonesa. En la actualidad se conserva solo una parte de lo que fue este monumental y poderoso conjunto monástico. En concreto, se mantiene la bella iglesia, un extraordinaria muestra de arquitectura románica que da fe, de forma visible, de la relevancia que tuvo este enclave estrechamente ligado a la espiritualidad y al poder del Reino de Aragón.

Este cenobio fue habitado por monjas benedictinas que dependían del monasterio de San Juan de la Peña. Prosperó bajo la protección del rey Ramiro I, pero vivió su máximo esplendor bajo el gobierno -civil y religioso- de la condesa Doña Sancha, hermana del rey Sancho Ramírez. Tras enviudar, la condesa ingresó como abadesa en Santa Cruz de la Serós y se implicó de lleno en el gobierno del Reino de Aragón junto a su hermano. Doña Sancha decidió que allí estuviera su sepulcro. Sus restos reposaron en un sarcófago que constituye, en sí mismo, una de las más valiosas piezas del arte románico español. Este sarcófago se halla en el monasterio de las benidictinas de Jaca, a donde fue trasladado hace años.

3. San Victorián

San Victorián, en la comarca de Sobrarbe
San Victorián, en la comarca de Sobrarbe - Fabián Simón

El monasterio de San Victorián se encuentra cerca de Aínsa, en la turística comarca del Sobrarbe (Huesca), histórico condado pirenaico que contribuyó a la configuración del Reino de Aragón. Aínsa es uno de los apreciados destinos del Pirineo aragonés por la riqueza de su arquitectura, su callejero medieval y los múltiples puntos de interés de sus alrededores. El término municipal lo integran otros 22 pequeños pueblos.

En esta comarca se localiza el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, que se extiende por los términos de Torla y Bielsa, entre otros; el Parque Natural de las Sierras y Cañones de Guara; el Parque de Posets-Maladeta, que alcanza a los términos de Gistaín y San Juan de Plan; y el Monumento Natural de los Glaciares Pirenaicos, que fue declarado como tal en 1990 y que tiene iniciado un Plan de Ordenación en el que los glaciares están definidos como áreas singulares. Según la tradición, en el monasterio de San Victorián recibieron sepultura quienes llegaron a ser considerados como los primeros «reyes del Sobrarbe».

4. Montearagón

Castillo de Montearagón
Castillo de Montearagón - Fabián Simón

Su nombre está especialmente ligado al de Alfonso I el Batallador, figura decisiva del linaje real aragonés por la importancia que tuvo en la expansión de los dominios, pero también por la crisis a la que abocó al Reino tras morir sin descendencia. Alfonso I eligió Montearagón para su descanso eterno, pero sus huesos fueron sacados a mediados del siglo XIX y trasladados a Huesca. El sarcófago en el que recibió sepultura se perdió.

Montearagón se encuentra a las afueras de la capital oscense. Fue un castillo-abadía que fundó en 1086 el rey Sancho Ramírez, cuando Huesca todavía estaba en poder de los musulmanes.

5. San Pedro el Viejo

Imagen de una jornada de puertas abiertas en San Pedro el Viejo
Imagen de una jornada de puertas abiertas en San Pedro el Viejo - San Pedro el Viejo

La iglesia de San Pedro el Viejo, en Huesca capital, fue el lugar elegido por Ramiro II para vivir y para morir. Se vio forzado a convertirse en rey para salvar la sucesión al frente del Reino de Aragón. Era hermano de Alfonso I y, al morir éste sin descendencia, se consideró que la mejor opción era que Ramiro II aparcara los hábitos, se convirtiera en monarca, se casara y diera descendencia. Tras cumplir con todo ello, volvió a su vida religiosa, y lo hizo en San Pedro el Viejo, donde impulsó la construcción de la actual iglesia y del claustro románico. Ramiro II, el rey monje, recibió sepultura en este cenobio románico, edificado en el siglo XII en un solar que ya había albergado una iglesia cristiana de época visigoda. San Pedro el Viejo se localiza en pleno Casco histórico de la capital oscense.

6. Monasterio de Sijena

Monasterio de Sijena
Monasterio de Sijena

En Villanueva de Sijena nació Miguel Servet, y en esa misma localidad de la comarca de los Monegros se erigió uno de los monasterios más relevantes en la historia de la Corona de Aragón, el de Santa María de Sijena. Tras múltiples avatares a lo largo de los siglos, este monasterio sigue dedicado a la vida contemplativa, habitado por monjas de clausura. El día a día de este cenobio convive con su condición de pieza destacada y emblemática del patrimonio histórico-artístico aragonés. Tras una larga batalla legal, en diciembre de 2017 logró recuperar el valioso «tesoro de Sijena», una colección de un centenar de piezas históricas que durante décadas permanecieron en museos catalanes. Siguen abiertos otros pleitos con el mismo objetivo, recuperar bienes artísticos que un día fueron víctima de expolios, de saqueos o de traslados que se quieren revertir. El caso más singular es el de las pinturas murales de época románica que fueron expoliadas, arrancadas de sus muros, y que acabaron en Barcelona, en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC).

El monasterio de Sijena fue fundado en la segunda mitad del siglo XII por la reina Doña Sancha, que decidió ser sepultada allí. También sirvió de sepulcro a tres hijos suyos: Dulce -que murió de niña-, el rey Pedro II y Leonor, condesa de Tolosa.

Sijena fue un poderoso cenobio en el que vivieron reinas, infantas y señoras de la alta nobleza. Sus enterramientos dieron lugar a una colección de cajas sepulcrales de características únicas, que a su vez son parte destacada en el arte mueble atesorado por este monasterio.

7. Los dominios catalanes: Barcelona, Poblet y Santes Creus

Santes Creus (Tarragona)
Santes Creus (Tarragona) - RUTA DEL CÍSTER

Además de la nutrida ruta que conforman los panteones reales de Aragón, los monaras extendieron también sus dominios -y sus tumbas- por suelo catalán. Lo hicieron a raíz de que el Reino de Aragón pasara a convertirse en Corona, tras la incorporación de los territorios catalanes. Esa integración se produjo a mediados del siglo XII, con el matrimonio entre la Reina Petronila de Aragón y el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV. Petronila decidió ser enterrada en la catedral de Barcelona, y allí descansan sus retos en la actualidad.

También en suelo catalán se localizan otros dos panteones reales de la Corona de Aragón, ambos en la provincia de Tarragona. Se trata de los monasterios de Poblet y de Santes Creus. En Poblet decidieron ser sepultados los reyes aragoneses Alfonso II y Jaime I. Y, posteriormente, Pedro IV «El Ceremonioso» lo elevó formalmente a la categoría de panteón real y determinó que él mismo fuera enterrado allí.

Poblet es un monasterio cisterciense, al igual que el de Santes Creus, que fue fundado en el siglo XII y que, con el tiempo, se convirtió también en panteón de los reyes de Aragón. En Santes Creus fueron enterrados Pedro III y Jaime II, en dos tumbas de delicada factura gótica.

El monumental cenobio de Poblet fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1991. Se repuso de la ruina a la que le condujo la Desamortización de Mendizábal y recuperó la vida monástica, que se mantiene en la actualidad, algo que no ocurre en Santes Creus.