Google y Huawei: guerra entre ciberespías

El veto a la marca china marca el punto álgido en una crisis en donde el control de los datos personales es el gran arma del siglo XXI

MADRIDActualizado:

Que nadie se lleve las manos a la cabeza pero no existe la seguridad informática. No al menos al 100%. Se pueden levantar muros y aplicar contramedidas, pero todo dispositivo electrónico que se conecte a internet es susceptible de ser «hackeado». No debería sorprender después de los precedentes que llevamos acumulados. El usuario también tiene mucho que decir: tener unos buenos hábitos y ser conscientes de los riesgos evitarían innumerables problemas.

El escándalo de Facebook y Cambridge Analytica abrió los ojos a los ciudadanos acerca de lo «vendidos» que están sus datos personales, como suele decirse, el petróleo del siglo XXI. Pero es más que eso. Es la vida entera, la privacidad, la intimidad de los usuarios. El negocio detrás de ellos es demasiado suculento como para dejarlo pasar. Y muchas empresas, entre ellas el gigante estadounidense Google, ha basado toda su estrategia empresarial en sacar partido de la información que, recordemos nuevamente, cedemos voluntariamente los usuarios.

Desde el momento en el que el usuario decide abrirse una cuenta de Google accede a un universo privilegiado en donde tiene a su alcance decenas de servicios digitales y una oferta de contenidos casi ilimitada. Como contrapartida, la privacidad. Algo que no existe. Todo queda almacenado, rastreado, guardado. Incluso, como se ha descubierto recientemente, el gigante de internet conserva a buen recaudo un historial de todas las compras realizadas por la persona aunque no se hayan tramitado a través de sus herramientas. Y eso es solo la punta del iceberg de un modelo de negocio basado en bienes intangibles tan preciados como deseados.

Vivir sin la «Gran G» es posible, pero ha arraigado tanto en nuestras existencias que existe una gran dependencia tecnológica. Al menos, desde el punto de vista occidental. Porque en la otra cara del mundo, China, existen 1.300 millones de personas, 1.300 millones de potenciales consumidores que las empresas de Silicon Valley no están dispuestas a perder. Vallar el mercado chino es una decisión imposible; cerrar el grifo de este mercado es cerrar el grifo a su mejor cliente. Y cuando hay dinero de por medio no hay amigos que valga.

Esto es la historia de la búsqueda de un nuevo orden mundial en donde el control de internet va a dirimir los próximos decenios. El tira y afloja con Huawei se ha escudado, en parte, en una serie de sospechas sobre posibles casos de espionaje. Dudar de la marca china es inevitable; y más con sus antecedentes, que no son del todo admirables. Ha sido acusada de robo de información industrial, ha sido cuestionada por sus introducir diseños plagiados, ha sido demandada por sustraer patentes, ha aplicado técnicas comerciales agresivas y, por supuesto, ha sido señalada como un caballo de Troya para vigilancia masiva.

El gobierno de Donald Trump le ha hecho la cruz al considerar, a partir de diversos informes de agencias de inteligencia norteamericanas, que la firma china ha estado desarrollando puertas traseras en sus servicios de telecomunicaciones para que el régimen chino pudiera espiar a millones de empresas públicas y ciudadanos. Y no es un motivo menor, puesto que se trata de uno de sus negocios más boyantes y con el que goza de una envidiada posición dominante en los principales mercados; incluido Europa, en donde las grandes empresas de telecomunicaciones (Vodafone, Telefónica) colaboran con Huawei en el despliegue de las redes móviles de quinta generación, las redes 5G, que traerán consigo un flujo de datos incalculable. Su lanzamiento se espera para 2020.

El experto en seguridad informática Yago Jesús lo dejaba este martes claro cuando se le preguntaba por la situación: «Hay antecedentes muy serios que justifican el pensar que la tecnología china que va a llegar a Europa y Estados Unidos vaya a tener puertas traseras y funcionalidades ocultas para acceder a los datos». A su juicio, «lo que se tiene que decidir es quién quiere que te espíe, si el aliado americano o China, y Europa es rehén de los dos. Es seguro que ningún hardware de telecomunicaciones a ese nivel que venga de Estados Unidos y de China va a estar libre de funcionalidades ocultas». Al final, la tecnología de consumo es como «Juego de Tronos». Los que consideramos buenos no son tan buenos y los que aparentemente son los malos no son tan malos.