Las ciudades necesitan más purificadores de aire naturales
Las ciudades necesitan más purificadores de aire naturales - EFE
DÍA MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE

Las ciudades necesitan más purificadores de aire naturales: árboles y musgo

Nueve de cada diez personas en todo el mundo están expuestas a niveles de contaminación que superan los niveles de seguridad señalados por la Organización Mundial de la Salud

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La urbanización se acelera a un ritmo tan agigantado que la conservación de los árboles urbanos y la reforestación constituyen dos soluciones muy útiles a la hora de abordar los impactos negativos y los desafíos que tal crecimiento supone. Se espera que el 60% de la población mundial resida en ciudades para el año 2030.

«Los árboles podrían reducir la temperatura en las ciudades hasta 8°C, lo que llevaría aparejada la disminución del uso del aire acondicionado y de las emisiones relacionadas con estos aparatos hasta en un 40%», asegura Simone Borelli, de la organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

No obstante, «la plantación tiene que hacerse bien», advierte la experta en silvicultura urbana. Las especies deben escogerse en función de su mayor capacidad para atrapar la contaminación (por lo general, suelen ser las que poseen hojas más grandes).

Aunque si bien los árboles pueden mitigar el efecto de la contaminación atmosférica, los depósitos de contaminantes absorbidos pueden afectar al proceso de la fotosíntesis. Y, por lo tanto, perjudicar su participación activa en la eliminación de las denominadas «boinas de polución» que visten a diario numerosas metrópolis a lo largo y ancho del planeta, subrayan desde el Servicio Forestal de Estados Unidos.

Los responsables de la toma de decisiones y de la correcta ejecución de la reforestación urbana, del mismo modo, deben considerar otros detalles importantes, como los patrones de viento y el espacio que conviene dejar entre los árboles plantados y/o existentes. «Si el agua escasea, querrán tener en cuenta, también, a especies tolerantes a la sequía», sugiere Borelli.

Nueve de cada diez habitantes de la Tierra están expuestos a niveles de contaminación que superan los niveles de seguridad señalados por la Organización Mundial de la Salud. «Es hora de actuar con contundencia. Mi mensaje a los gobiernos es claro: gravar la contaminación, dejar de subvencionar los combustibles fósiles y dejar de construir nuevas centrales de carbón. Necesitamos una economía verde, no una economía gris», ha señalado, con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente (5 junio), António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas.

«En primera línea del cambio climático»

Con casi 8.000 kilómetros de longitud y 15 kilómetros de anchura, la Gran Muralla Verde continúa reverdeciendo de punta a punta el norte de África. Se trata de una iniciativa de reforestación de proporciones épicas que se inició en 2007 y que ya ha cumplido el 15% de los objetivos que se marcó entonces: transformar las vidas de millones de personas que se encuentran «en primera línea del cambio climático».

Mujeres plantando semillas en África
Mujeres plantando semillas en África - ABC

De momento, en Senegal se han plantado 12 millones de árboles resistentes a la sequía. Y en otros cuatro estados africanos (Burkina Faso, Etiopía, Nigeria y Níger) se han recuperado millones de hectáreas de tierras degradadas (3, 15, 5 y 5, respectivamente). Son solo algunos ejemplos de las medidas adoptadas durante la pasada década en las distintas naciones que participan del proyecto, entre las que también se incluyen Camerún, Chad, Yibuti, Eritrea, Gana, Mali, Mauritania, Sudán, Argelia, Benín, Cabo Verde, Egipto, Gambia, Libia, Somalia y Túnez.

El preventivo sueño de África sobre una Gran Muralla Verde se remonta a la década de 1970, cuando comenzó a degradarse de forma severa el Sahel, un área ecoclimática considerada de transición entre el desierto del Sahara (situado al norte del continente) y la sabana de Sudán del Sur (país localizado al este).

En solo unos pocos años, se volvió cada vez más seca y estéril una región que una vez fue exuberante y verde. En el Sahel se combinaron los efectos perniciosos del cambio climático, el crecimiento de la población y las prácticas insostenibles de manejo del suelo.

Para 2030, la Gran Muralla Verde pretende restaurar 100 millones de hectáreas de tierra baldía en el norte de África y secuestrar 250 millones de toneladas de carbono

Una vez finalizada, la Gran Muralla Verde se convertirá en la estructura viva más grande del planeta: triplicará el tamaño de la Gran Barrera de Coral australiana (que se extiende sobre casi 350.000 kilómetros cuadrados del océano Pacífico).

«Lentamente, se está devolviendo la vida a algunos de los paisajes degradados de África y proporcionando, a la vez, seguridad alimentaria, empleos y una razón para quedarse a millones de personas», se congratulan desde la FAO.

Objetivos de Desarrollo Sostenible fijados por las Naciones Unidas para su cumplimiento en el año 2030
Objetivos de Desarrollo Sostenible fijados por las Naciones Unidas para su cumplimiento en el año 2030

Para 2030, la Gran Muralla Verde pretende restaurar 100 millones de hectáreas de tierra actualmente baldía, secuestrar 250 millones de toneladas de carbono y crear 10 millones de empleos en las áreas rurales.

Justo ese año concluye el horizonte fijado por las Naciones Unidas con respecto a los denominados 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. Diecisiete metas de obligado cumplimiento que los líderes mundiales acordaron, en 2015, como «fundamentales» para, entre otras cuestiones, acabar con la pobreza o combatir la desigualdad. Esta extraordinaria iniciativa implica la consecución de 15 de ellos.

Musgo

«La capacidad de ciertos cultivos de musgo para filtrar contaminantes, como las partículas y los óxidos de nitrógeno del aire, los convierte en los purificadores de aire naturales ideales», aseguran desde Greencity Solutions.

«Pero en las ciudades, donde la purificación del aire supone un gran desafío, los musgos apenas pueden sobrevivir debido a su dependencia del agua y de la sombra. Este problema se puede resolver conectando diferentes musgos con una provisión de agua y nutrientes completamente automatizada, basada en la tecnología única de lo que se denomina el "Internet de las cosas"», explica la empresa alemana.

Otra solución, proponen desde ONU Medio Ambiente, sería plantar más árboles que proporcionen la cobertura y la humedad necesaria para que el musgo se afiance y crezca.