Venezuela, un país de calamidades donde la gente clama por la ayuda humanitaria

En 2016, Oliver Sánchez, un niño de 8 años con cáncer, murió mientras esperaba los medicamentos que necesitaba para su quimioterapia

Enviada especial a Táchira (Venezuela) Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

Mientras que para Nicolás Maduro la ayuda humanitaria es «un show» del presidente interino, Juan Guaidó, para los venezolanos es un salvavidas. Quienes permanecen, y aún resisten, en el país, sufren las calamidades de la negligencia sanitaria. La entrada de las donaciones que han hecho países como Estados Unidos, Colombia, Puerto Rico y países miembros de la Unión Europa significará para muchos un hecho histórico y la esperanza de vida de más de 300.000 que están en riesgo de morir por la falta de medicinas y alimentos.

La escasez de medicamentos en Venezuela, según la Federación Farmacéutica Venezolana (Fefarven), supera el 85%, lo que implica que personas con enfermedades crónicas tengan altas probabilidades de morir si no son tratadas a tiempo. Pero, según Maduro, esto es falso.

En 2016, Oliver Sánchez, un niño de 8 años con cáncer, murió mientras esperaba los medicamentos que necesitaba para su quimioterapia. Oliver se convirtió inmediatamente en el rostro de la crisis. En febrero de ese año, el caso del niño le dio la vuelta al mundo por su particular letrero escrito a mano que decía «quiero curarme. Paz y salud», que mostró en una protesta en la capital venezolana.

Pero al pequeño, que soñaba con ser bailarín y bombero, la enfermedad no le dio más tiempo, y tampoco el régimen tuvo compasión. Oliver murió tres meses después de su aparición en los medios. Él es una de las miles de personas que han luchado por su vida.

«Le pido encarecidamente a las Fuerzas Armadas que permitan el ingreso de la ayuda humanitaria y les recuerdo que la violación de los derechos humanos y la violación de los derechos naturales del hombre son delitos de lesa humanidad (…), piensen en su familia, en sus hijos. Y no quiero que ningún otro venezolano pase por lo que yo he tenido que pasar», dijo conmovida Elizabeth Salazar, una paciente con cáncer venezolana. Sus palabras fueron leídas porque su condición no le permite otra forma de expresarlas. El vídeo fue difundido rápidamente por Twitter esta semana.

Salazar, de 63 años, es otro caso que retumbó en todo el país. La falta de reactivos y medicamentos para tratar el cáncer de mama comprometió su estado de salud. La mujer se convirtió en un símbolo de lucha a mediados del año pasado, luego que mostrara su seno completamente deteriorado por el carcinoma en una protesta en Caracas.

Su seno, morado y con costras, fue mostrado a los medios de comunicación para que el gobierno tuviese piedad. Pero ante la indolencia del régimen, tuvo que emigrar a Colombia para salvar su vida. La víctima de la desidia en Venezuela estará presente mañana en el puente Tienditas para apoyar la entrada de la ayuda humanitaria que llegará de Cúcuta.

Los venezolanos han recurrido a campañas de «servicio público» en las redes sociales y en los medios tradiciones para solicitar medicamentos para sus familiares con el objetivo de que muchos sean donados o vendidos a precios considerados. Muchas campañas a través de la plataforma «GoFundMe», que consiste en recaudar fondos en dólares a través de donaciones de personas o empresas para los más necesitados.

El venezolano obtiene un salario precario en bolívares (moneda oficial), que es devorado rápidamente por la estrepitosa hiperinflación. El sueldo mínimo en el país es equivalente a 6 dólares. Pero los gastos en tratamientos para un paciente pueden ser 100 veces más que del ingreso. Sin dejar de mencionar el recorrido por centenares de farmacias probando suerte y agotando cualquier búsqueda del medicamento requerido.

«Allá (Venezuela) se muere uno (…). Que se vaya ese señor (Maduro) y que nos deje en paz», dijo a ABC una octogenaria del estado fronterizo Táchira que cruzaba en sillas de ruedas el puente internacional Simón Bolívar rumbo a Cúcuta para asistir a una consulta médica para tratar su diabetes y la hipertensión. Explicó que este recorrido lo hace frecuentemente con sus hijas (y con más de 30.000 personas) porque en su país es una suerte conseguir buena atención médica.

Casi llegando a la localidad colombiana, un joven del estado Carabobo (centro norte) que iba en muletas acompañado de familiares cruzaba el puente binacional, dejando atrás su país, en busca de una prótesis para sustituir una de sus piernas que fue amputada. «Vamos a averiguar los precios para una prótesis» porque en Venezuela «es muy cara o no la hay, y todo es dólares. Nosotros somos personas de bajos recursos y me piden más de mil dólares. En Cúcuta nos han ofrecido ayuda», reveló la madre, quien prefirió no identificarse porque trabaja para una institución del Estado.

«Estamos trabajando para ayudar a todos los pacientes que están sufriendo en Venezuela. Hoy (los casos de enfermos) se multiplican, y se multiplican cuando tienes mala alimentación, cuando no tienes agua potable en tu casa, (y) cuando no tienes capacidad de saneamiento. Es algo que nos ocupa: iniciar el proceso de la ayuda humanitaria», afirmó el presidente Guaidó a ABC el lunes pasado tras culminar una rueda de prensa en Caracas.