El presidente de Estados Unidos, Donald Trump
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump - REUTERS

Trump ordena el mayor refuerzo en defensa antimisiles desde la Guerra Fría

Los planes para el nuevo escudo antimisiles incluyen el posicionamiento estratégico de armamento en España

WashingtonActualizado:

La nueva Guerra Fría de Donald Trump ya tiene su escudo antimisiles, al que dotará de una serie de sofisticados sensores estacionados en el espacio para proteger a EE.UU. de la amenaza de nuevas armas desarrolladas por China, Irán, Corea del Norte y Rusia. El presidente, que visitó el jueves el Pentágono para anunciar el nuevo escudo, dijo que su objetivo es «blindar cada ciudad de EE.UU., sin negociar antes con nadie las condiciones para protegernos».

Desde hace una década, EE.UU. no actualizaba su escudo antimisiles y Trump ha decidido hacerlo por todo lo alto, modificando la estructura misma de este y dotándolo de sofisticados sensores que ya no estarán en tierra, sino en satélites que orbitan alrededor de la Tierra. Además, el presidente refuerza notablemente el número y la capacidad de estos sistemas de defensa, para proteger a la nación de armas experimentales de nuevo tipo y alcance.

En general, la de ayer es la culminación de un rearme de EE.UU. que retrotrae al país a los años de Ronald Reagan y su célebre ‹Guerra de las Galaxias›. En 1983 el entonces presidente propuso —y no logró por resistencias en el Congreso—un escudo defensivo con armas balísticas ubicadas en el espacio para destruir misiles en diversos puntos de su trayectoria. Trump se conforma ahora con colocar en el espacio sólo los sensores, dejando los sistemas de interceptación de misiles en tierra.

La nueva estrategia de defensa antimisiles, que se hizo pública ayer tras la visita de Trump al Pentágono, menciona a España en tres ocasiones como aliado estratégico en la defensa de EE.UU. dentro de la OTAN. Sobre todo, destaca el estacionamiento de cuatro navíos Aegis de defensa antimisiles en la base naval de Rota y reconoce la colaboración militar española al «reforzar su sistema de defensa aérea y antimisil adquiriendo nuevos sistemas Patriot a Alemania».

Esta revisión del sistema antimisiles debía haberse aprobado en 2018, pero Trump, tras tomar posesión de su cargo hace dos años, decidió demorarla porque no le parecía lo suficientemente agresiva. «El mundo está cambiando, pero nosotros vamos a cambiar mucho más rápido que el resto del mundo», dijo ayer el presidente. «Debemos invertir en la investigación y desarrollo de armas que nos van a permitir estar siempre por delante de aquellos que quieren hacernos daño».

A pesar de su complicada relación con la cúpula militar del país, el presidente se ha esforzado en reforzar al Pentágono y ha recurrido de hecho a él cuando el resto de Washington le ha dado la espalda. Cuando vio que no podría cumplir su promesa de construir un muro con México tan rápido como esperaba, Trump envió a 5.900 soldados a la frontera, donde estarán al menos hasta septiembre. Falto de presupuestos para el muro, el presidente ha encontrado posible financiación para este en fondos militares excedentes de ejercicios anteriores, que podría movilizar si declara el estado de emergencia. Hoy se cumplen 27 días de cierre de la Administración.

Desde que Reagan comenzara a desarrollar los sistemas antimisiles en los años 80, EE.UU. ha invertido en ellos unos 300.000 millones de dólares (260.000 millones de euros). El actual escudo fue diseñado bajo la presidencia de George Bush hijo.

En octubre Trump retiró unilateralmente a EE.UU. del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio con Rusia, que estaba en vigor desde hacía 40 años y que impedía a ambas naciones desarrollar e instalar misiles balísticos y de crucero de rango medio. La ruptura de un acuerdo que fue crucial para el final de la Guerra Fría le permite ahora a Trump posicionar misiles de rango medio en el Pacífico para contener el rearme de China.

Varios socios europeos, incluidos los Gobiernos de Francia y España, han criticado las recientes decisiones de Trump en materia de defensa, sobre todo el incremento del número de misiles en su arsenal. Lo cierto, sin embargo, es que fue Barack Obama quien en 2014 denunció que Rusia no estaba cumpliendo los tratados al desarrollar y probar misiles de rango medio para intimidar a antiguos satélites suyos como Ucrania.

A pesar de sus gestiones para lograr el desarme de Corea del Norte, incluida su reunión con el dictador Kim Jong Un, Trump acusó ayer a ese país de suponer todavía «una amenaza extraordinaria». Esa afirmación llegó justo el día en que un enviado especial norcoreano, Kim Jong Chol, llegaba a Washington para una serie de reuniones en las que preparar un segundo encuentro entre ambos mandatarios.

En agosto, la Casa Blanca anunció que el año que viene dotará a las fuerzas armadas norteamericanas de una sexta rama, la Fuerza Espacial, que se añadirá al Ejército de Tierra, la Armada, la Fuerza Aérea, el Marine Corps y la Guardia Costera. Su objetivo será combatir amenazas en el espacio, justo en un momento en que China se ha lanzado a misiones de exploración más allá de la atmósfera.