Trump llega a Buenos Aires asediado por sus relaciones con Rusia y Arabia Saudí

Tras cancelar sus encuentros con Putin y Bin Salman, se centrará en negociar con Xi Jinping cómo poner fin a la guerra comercial entre EE.UU. y China

WashingtonActualizado:

Donald Trump llega a la cumbre del G-20, que se celebra hoy y mañana en Argentina, con una ambiciosa agenda diplomática y con altas expectativas por su esperado encuentro con el presidente chino, Xi Jinping, pero asediado por la investigación sobre sus lazos con Rusia y por su defensa de la corona saudí a pesar del papel de esta en el asesinato del disidente Jamal Khashoggi.

Obligado a cancelar los encuentros previstos con el presidente ruso, Vladímir Putin, y el heredero saudí, Mohamed bin Salman, el presidente norteamericano se centrará en negociar con su homólogo chino las condiciones para poner fin a la multimillonaria guerra comercial en la que están implicadas las dos principales economías del mundo.

Sin condena a Rusia

Horas antes de abandonar Washington, Trump se veía golpeado por otra revelación sobre la investigación de la trama rusa: mantuvo los planes para una Torre Trump en Moscú aun después de anunciar su candidatura a la presidencia de Estados Unidos en las elecciones 2016.

Ya a bordo del avión presidencial, el Air Force One, Trump canceló el encuentro previsto con Putin en Buenos Aires, a pesar de que minutos antes había dicho que este seguía en pie. La razón que adujo: la agresión de Rusia a Ucrania el pasado fin de semana en el acceso al mar de Azov. «Dado que Rusia no ha devuelto a Ucrania los barcos ni los tripulantes, he decidido que es mejor cancelar el encuentro», dijo en Twitter.

Hasta la fecha, sin embargo, ni él ni la Casa Blanca han condenado directamente esa agresión, algo que ha alarmado a su partido, que ha apoyado todas las rondas de sanciones a Rusia por sus constantes agresiones a Ucrania, incluida la anexión de la península de Crimea. Hasta ahora, sólo la embajadora norteamericana ante la ONU, Nikki Haley, ha exigido el cese de esas hostilidades.

Trump, de hecho, llega al G-20 maniatado por su partido en otro asunto para él crucial: las posibles sanciones a Arabia Saudí por el asesinato de Khashoggi, que vivía exiliado en Washington. El martes por la noche el Senado inició los trámites para suspender la ayuda militar que el Pentágono ofrece a Riad en la guerra civil que se libra en Yemen.

A los demócratas se les unieron 14 republicanos, algunos de ellos muy cercanos al presidente, que consideran inaceptable su negativa a condenar a Bin Salman, a quien la CIA considera responsable último del asesinato. Trump, sin embargo, se niega a creer a la CIA y las tensiones con esta agencia han llegado a tal punto que su directora, Gina Haspel, se negó a acudir a la sesión en el Capitolio a la que se la citó para analizar la crisis.

«El modo en que esta Administración está gestionando el problema saudí no es aceptable», se lamentó el senador republicano Lindsey Graham. Los testimonios de los secretarios de Defensa, James Mattis, y Estado, Mike Pompeo, resultaron insuficientes para los senadores, que aprobaron por una abrumadora mayoría las sanciones a Riad, que aún deben ser ratificadas.

Enfrentado con los poderes legislativo y ejecutivo; con su partido, y con las agencias de inteligencia por sus lazos con Arabia Saudí y Rusia, a Trump le queda en Argentina tratar de remediar la guerra comercial con China.

El presidente estadounidense se verá con Xi en una cena cara a cara cuando acaben las reuniones del G-20, mañana por la noche. Sólo un milagro negociador, de los que Trump se suele jactar, evitará que los aranceles aprobados por EE.UU. a productos chinos por valor de 250.000 millones de dólares (220 millones de euros) asciendan el 1 de enero del 10% al 25% previsto. «Estamos muy cerca de hacer algo con China, pero no sé si quiero hacerlo. Creo que China quiere hacer un trato. Me gusta el trato que tenemos ahora», aseguró Trump a los periodistas en la Casa Blanca antes de partir hacia Argentina.