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Trump firma la orden ejecutiva para impedir la separación de las familias inmigrantes

«Será algo preventivo que después se completará con legislación», señaló el presidente estadounidense al ser preguntado por los periodistas

CORRESPONSAL EN NUEVA YORKActualizado:

La visita de los Reyes a la Casa Blanca del lunes fue quizá el único momento de respiro que tuvo Donald Trump en el inicio de la semana. El escándalo de la separación en la frontera de menores inmigrantes de sus familias –propagado por imágenes de niños llorando fuera de la mano de sus padres y de adolescentes enjaulados en centros de detención– había estallado y el presidente de EE.UU. sentía el acoso por todos lados, dentro y fuera del país. Incluso dentro de su propia familia.

Finalmente, hoy Trump firmó para evitar la separación de las familias que cruzan la frontera de forma ilegal. «Será algo preventivo que después se completará con legislación», anunció en una reunión con legisladores horas antes de presentar el decreto.

El anuncio de Trump llegó cuando la crisis provocada por la llamada política de «tolerancia cero» en la frontera ya era insostenible. Poco antes de su decisión, el líder republicano en la Cámara de Representantes, Paul Ryan, había comparecido para oponerse a la separación. «Vamos a emprender acciones para mantener a las familias juntas y, al mismo tiempo, cumplir las leyes migratorias», aseguró mientras anunciaba que hoy se votaría una propuesta legislativa al respecto en la cámara baja. La idea sería que las familias seguirían unidas bajo custodia del Departamento de Seguridad Interior (DHS, en sus siglas en inglés) «a lo largo de sus procedimientos legales». «Las familias no deben separarse. Punto. Hemos visto los vídeos y escuchado los sonidos», añadió Ryan.

Un presidente duro

Trump exponía hoy de forma simple la encrucijada a la que se enfrenta: «Si eres débil, el país va a rebosar con millones de personas. Y si eres duro, entonces no tienes corazón. Quizá yo prefiero ser duro, pero es un dilema complicado».

La «tolerancia cero» en el control de la frontera arrancó a mediados de abril. Supone la aplicación estricta de la ley migratoria y es la que ha tenido como consecuencia colateral la separación de los menores de sus padres. Cuando una familia inmigrante entra de forma ilegal y es detenida, los adultos pueden ser detenidos mientras la policía de fronteras e inmigración (ICE, en sus siglas en inglés) trata el caso y decide sobre su situación o su deportación. ¿Qué pasa con los menores? Una decisión judicial de 1997, el llamado «Acuerdo Flores», establece que el Gobierno debe dejar a los niños detenidos el menor tiempo posible y en las condiciones menos restrictivas. Una sentencia de 2016 establecía un límite de 20 días para la detención de los menores. La realidad es que, ante la afluencia de inmigrantes, los procesos de revisión de cada caso duran más que ese plazo. Hasta ahora, la política había sido liberar a los menores con sus familias, y, como mucho, colocar a los adultos un localizador electrónico.

Trump, azuzado por el sector más duro de su Gobierno –el fiscal general, Jeff Sessions, o el asesor Stephen Miller–, apostó por una política que sabe que le da réditos en su electorado: la del shérif duro de frontera. Pero la profusión de imágenes de la separación de menores y el consiguiente escándalo en la opinión pública en los últimos días le ha obligado a dar marcha atrás.

Durante varios días, Trump siguió la línea de que la responsabilidad de la separación es de los demócratas, que se niegan a aprobar una reforma migratoria con las condiciones del presidente: es decir, que financie la construcción del polémico muro con México. El argumento se deterioraba día a día, con la cascada de críticas a su política dentro y fuera del país. Además de la oposición demócrata, voces influyentes como la del senador republicano John McCain o simbólicas como la de la ex primera dama Laura Bush denunciaron la separación. Los legisladores republicanos empezaron a ver el asunto como un problema en un año electoral, en el que muchos se juegan su escaño en las elecciones de otoño. Incluso el antecesor de Trump, Barack Obama, se ha referido al asunto, en una práctica poco habitual entre expresidentes. «¿Somos un país que acepta la crueldad de arrancar a niños de los brazos de sus padres, o somos un país que valora las familias y trabaja para mantenerlas juntas?», preguntó en su cuenta de Facebook.

En el exterior, las críticas llegaban también de aliados estratégicos. Theresa May, la primera ministra británica, calificaba la política de «equivocada». Su homólogo canadiense, Justin Trudeau, decía que es «inaceptable». Incluso una aliada ideológica de Trump como Marie Le Pen, la presidenta del Frente Nacional francés, se declaró «opuesta a la separación», aunque responsabilizaba del problema «a los padres inmigrantes y a los políticos que les animan a inmigrar».

La crítica más dura para Trump vino de Francisco I, que lo calificó de «populista» y apoyó al obispado estadounidense, que había calificado a la política de «inmoral». Incluso la primera dama, Melania Trump, envío un raro comunicado en el que decía que «odia» ver a los niños separados de sus padres y llamaba a un acuerdo de los legisladores.

Un frente difícil

Ahora a Trump se le abre un frente difícil. Tiene que mantener la apariencia de dureza en el frente migratorio y acabar con la separación. Todo indica que defenderá que las familias permanezcan juntas en detención. Pero eso abrirá una batalla legal sobre el «Acuerdo Flores» y el resto de jurisprudencia que impide que los menores pasen periodos largos en detención. Como en el caso de la prohibición de entrada de ciudadanos de países islámicos del año pasado, una orden ejecutiva de ese tipo podría verse empantanada en los tribunales.

A pesar de los problemas, Trump se apuntará un tanto político. La concesión de no separar a las familias supondrá un tanto en la negociación en el Congreso con los demócratas y meterles más presión para que acepten financiar el muro con México.