La paquistaní Asia Bibi
La paquistaní Asia Bibi - EFE

Pakistán contiene el aliento tras la salida del país de Asia Bibi

La católica condenada en su día a muerte por «blasfema» se encuentra ya en Canadá

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La víctima más célebre de la llamada «ley musulmana de la blasfemia», la cristiana paquistaní Asia Bibi, se encuentra ya refugiada junto a su familia en Canadá. El Gobierno de Islamabad no confirmó ayer oficialmente la noticia por temor a las protestas de radicales islamistas -que en noviembre pasado crearon el caos durante tres días en varias ciudades de Pakistán-, pero todas las fuentes fueron concordantes. Seis meses después de la sentencia final absolutoria, y tras el rechazo en enero de la apelación por parte de los movimientos radicales, la mujer que durante nueve años ha sido un icono de la lucha por la libertad religiosa -y en gran medida también de la persecución de los cristianos- goza por fin de esa libertad, pero lejos de su patria.

Pakistán se prepara para vivir días intensos, con protestas, sentadas y manifestaciones violentas en el país, convocadas por los líderes islamistas, pese a la prudencia mostrada por el gobierno para preparar el exilio de la mujer católica. El «caso Asia Bibi» ha provocado ya dos magnicidios: el del gobernador musulmán del Punjab Salman Taseer, que salió en defensa de la cristiana, y el del ministro de Minorías Bhatti, único miembro cristiano del Gobierno paquistaní. Ambos fueron asesinados por fanáticos islamistas. El asesino de Taseer -su propio guardaespaldas- fue detenido y ejecutado en la horca, una sentencia que provocó en su día revueltas violentas en todo Pakistán. Pese a la sentencia absolutoria del Supremo, por falta de pruebas contra la acusada, los líderes islamistas exigían que Bibi siguiera la misma suerte y fuera colgada.

Tras el endurecimiento de la llamada «ley de la blasfemia» en los años 80, que permite que el testimonio de tres musulmanes baste para denunciar a otra persona por ataques al Corán o a Mahoma, los tribunales de Pakistán han juzgado más de un millar de casos. El delito de «blasfemia» está castigado con la pena de horca pero nunca se ha aplicado. Asia Bibi, encarcelada hace nueve años por esa acusación, iba a ser la primera víctima hasta que se produjo en última instancia la intervención del Tribunal Supremo.

Continua persecución

La historia de Asia, que ronda los 50 años, simboliza en gran medida la suerte de los más de dos millones de cristianos de Pakistán, la mitad de ellos católicos, en un país que desde hace muchos años mantiene una imparable deriva fundamentalista. Asia Bibi, perteneciente a la familia más pobre de su pueblo, a 40 kilómetros de Lahore, decidió en 2009 trabajar en el campo para obtener más recursos para sus hijas. Tras una de aquellas jornadas extenuantes, bebió agua de la misma vasija que sus compañeras musulmanas, algo que los cristianos tienen prohibido en la ley islámica. Como reparación, sus amigas pidieron a Asia que se convirtiera al islam, algo que ella rechazó de plano. Las musulmanas narraron lo sucedido en el pueblo, y el imán, esposo de una de las jornaleras, denunció ante las autoridades a la cristiana por «insultos al profeta Mahoma».

«No había nada contra ella y el Supremo lo sabía», comenta a ABC el portavoz de la familia, Joseph Nadeem, un católico paquistaní que encabeza una fundación educativa en Lahore donde estudiaban las dos hijas de la encarcelada hasta que partieron rumbo a Canadá el año pasado.

Mientras se decidía entre la horca o la sentencia absolutoria, que llegó el pasado mes de octubre, Asia Bibi permaneció más de ocho años en la prisión de mujeres de Multan, aislada y al parecer ajena a la efervescencia política que levantaba su caso en Pakistán y en el mundo. «Estuvo débil físicamente, pero vivió en un estado de emoción espiritual y estaba dispuesta a dar la vida por su fe», señala Joseph Nadeem, que la visitó periódicamente. Asia -una campesina analfabeta, nos recuerda Nadeem- «aprendió a leer con la Biblia, gracias a la ayuda de una funcionaria cristiana de la prisión, y dedicaba al libro sagrado buena parte de la jornada».

Las presiones de Estados Unidos y de la Unión Europea sobre el gobierno que encabeza Imran Khan, antigua leyenda del deporte en Pakistán, surtieron efecto, y Asia Bibi fue exculpada. La católica fue excarcelada, aunque Islamabad decidió tomarse unos meses antes de gestionar su salida del país para reducir el impacto de la noticia en los medios islamistas radicales. A mediados de noviembre, la oferta de acogida del primer ministro canadiense, Justin Trudeau, ya era pública, pero hubo que esperar aún otros seis meses para ponerla en práctica.