El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, asiste a la Knesset (parlamento israelí) para vota - EFE | Vídeo: Atlas

Netanyahu salva su puesto de forma temporal a costa de unas nuevas elecciones

El apoyo vía Twitter de su gran amigo Donald Trump no fue suficiente y sufrió anoche lo que el diario Haaretz define como «una de las mayores derrotas de su carrera»

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El habitual poder de seducción política de Benjamin Netanyahu no fue suficiente para convencer a Avigdor Liberman y los israelíes volverán a las urnas el 17 de septiembre. El pulso entre el primer ministro y su ex ministro de Defensa, político y también personal, según subrayan los medios locales, bloqueó la posibilidad de repetir la coalición de la última legislatura y Netanyahu se quedó sin los cinco escaños de la formación ultranacionalista ‘Israel Nuestra Casa’ que le habrían permitido alcanzar los 65, de los 120 que tiene la cámara. Ante la posibilidad de que el presidente del país, Reuven Rivlin, decidiera encargar al jefe de la oposición, Benny Gantz, la formación del Ejecutivo, el Likud optó por respaldar la disolución del parlamento y la repetición de los comicios. El único consuelo para el primer ministro es que seguirá en su puesto de forma temporal.

El apoyo vía Twitter de su gran amigo Donald Trump no fue suficiente y Netanyahu sufrió anoche lo que el diario Haaretz define como «una de las mayores derrotas de su carrera». Su rostro serio, malhumorado, durante una jornada de máxima tensión en la Knesset fue el reflejo de su impotencia para salir victorioso del pulso con un Lieberman que no dio el brazo a torcer en su exigencia sobre la aprobación de la ley para que los jóvenes ultraortodoxos tengan también que cumplir obligatoriamente el servicio militar. Una condición que constituye un tabú para Judaísmo Unido de la Torá y Shas, formaciones religiosas que también son imprescindibles para que Netanyahu continúe al frente del poder en Tel Aviv. Las diferencias entre los aliados laicos y religioso del anterior gobierno han dinamitado la posibilidad de un nuevo acuerdo.

Asumida la derrota, Netanyahu declaró a los suyos que «volveremos a tener una campaña dura que nos dará la victoria. Ganaremos, ganaremos y el pueblo ganará». Si el Likud declaró oficialmente a Lieberman su «enemigo político», el primer ministro dio un paso más y le acusó de ser «parte de la izquierda», con lo que volvió a insistir en su estrategia de colocar en la izquierda política del país a todo aquel que no le apoye, incluido a su ex ministro de Defensa o al ex jefe del Ejército, Gantz.

El líder moldavo de ‘Israel Nuestra Casa’, se defendió diciendo que «repetimos las elecciones por la negativa del Likud a aceptar nuestra propuesta. Es una completa rendición del Likud a los ultraortodoxos». El parlamento votó su disolución entre los gritos de «¡vengüenza, vergüenza!» de la oposición que criticó que «solo vamos a unos nuevos comicios porque Netanyahu quiere salvarse de la cárcel», según escribió en su página de Facebook el colíder de Azul y Blanco, Yair Lapid. El primer ministro está cercado por al menos tres casos de corrupción y se enfrenta al fantasma del procesamiento por parte del fiscal general, Avichai Mandelblit. A Israel le espera una larga y calurosa campaña electoral durante el verano.