Miembros de rescate trabajan en las labores de rescate de las víctimas del puente que se desplomó en Génova - EFE / Vídeo: El desastre de Génova deja decenas de historias truncadas

El Gobierno italiano culpa de la tragedia a la UE y a la concesionaria

Desalojo de 632 vecinos en Génova ante el miedo a que haya más desplomes en el puente

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Al día siguiente de la tragedia del puente Morandi, cuyo desplome ha causado al menos 40 muertos, entre ellos tres niños de 8, 12 y 13 años, Génova sigue bajo la conmoción y la angustia por el temor de que se derrumbe el resto del viaducto. Los técnicos consideran que un pilar está cediendo y puede ocasionar el hundimiento de la estructura. Están en peligro varios bloques de viviendas que se encuentran bajo el puente.

En total han tenido que ser desalojadas con urgencia 632 personas. Muchas de ellas han escapado con lo puesto. El impacto de la catástrofe en el país está siendo enorme, porque nadie se explica, y así lo ha reconocido el propio jefe de Gobierno, Giuseppe Conte, que una tragedia de estas dimensiones pueda ocurrir en un país desarrollado como Italia.

La gente pide una explicación y soluciones al gobierno, que se reunió ayer en sesión extraordinaria en Génova tras la que decidió adoptar una serie de medidas entre las que destaca dar paso al procedimiento de quitar la concesión de la autopista a la sociedad Autostrade. Esta empresa es una filial de Atlantia, de actualidad en España por asociarse con la constructora ACS para comprar Abertis.

Balones fuera

«No podemos esperar los tiempos de la justicia», ha dicho el primer ministro Conte. Se sabe que los tiempos de la justicia italiana son muy largos, a veces casi eternos, con una media en los procesos de 7-8 años, pero ha sido llamativa la urgencia del gobierno en señalar culpables. Además, el vicepresidente y ministro del Interior, Matteo Salvini, líder de la Liga, ha atacado a la Unión Europea por considerar que Bruselas exige tanta austeridad en el presupuesto que les obliga a recortar recursos económicos para las ciudades. No se ha hecho esperar la respuesta de la Unión Europea subrayando que «Italia ha tenido mucha flexibilidad», dando a entender que el Gobierno italiano pudo dedicar más inversiones en infraestructuras y manutención.

El otro vicepresidente, Luigi Di Maio, líder político del Movimiento 5 Estrellas, ha atacado muy duramente a la sociedad concesionaria de la autopista. «La compañía Autostrade se vio favorecida por gobiernos complacientes; tuvieron rentabilidad, pero el dinero del peaje no lo invirtieron y así los puentes se desploman», ha dicho Di Maio.

El Gobierno populista da así de inmediato una respuesta política a la catástrofe, una solución que parece lejana del llamamiento que hizo el martes el presidente de la República, Sergio Mattarella, que pidió «un examen serio y severo sobre las causas de la tragedia» que el jefe del Estado calificó de «absurda».

En las redes sociales se ha desatado ya un linchamiento social contra la familia Benetton que controla la sociedad Autostrada. El ministro de Infraestructuras, Danilo Toninelli, ha pedido la dimisión de los principales directivos de la sociedad.

Mientras tanto, van apareciendo los nombres, las caras y las historias conmovedoras de las víctimas. Es el caso de cuatro jóvenes napolitanos: Matteo, Gerardo, Giovanni y Antonio. Primero decidieron ir de vacaciones a Calabria para al final cambiar de idea y, atraídos por España, dirigirse hacia nuestro país, pensando en Cataluña como primera etapa. Varias de las víctimas se encontraban de vacaciones, como el joven Samuel, de ocho años, que ha muerto junto a sus padres. En pocos segundos, sus sueños de futuro acabaron entre hormigones de cemento, desplomándose a casi 200 metros del centro del viaducto.

Ahora quedan dos partes del puente frente a frente y en medio el vacío. En la izquierda permanece el camión de una cadena de supermercados, Basko, que se paró justo a cinco metros del precipicio, convirtiéndose en el símbolo de la tragedia.

El Gobierno ha decidido que habrá una jornada de luto nacional, que la hará coincidir con el día del funeral por las víctimas. En el puente Cornigliano de Genova, frente al Morandi, muchos automovilistas se paran y durante unos minutos contemplan en silencio la destrucción del que era el símbolo de la ciudad. Francesco lleva varios minutos frente al puente: «Pero sin hacerme todavía a la idea de que haya podido ocurrir esta tragedia», dice a ABC. Para su esposa, «hoy no es un día de fiesta, sino de luto». Hay dolor y se guarda luto y silencio en Génova