Maria Butina, supuesta espía rusa encubierta en Estados Unidos
Maria Butina, supuesta espía rusa encubierta en Estados Unidos - EFE

La espía rusa trabajó para un mafioso investigado en España

Maria Butina ofreció sexo a cambio de infiltrarse en grupos de poder en EE.UU.

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Mientras Estados Unidos sigue debatiendo sobre los teóricos lapsus lingüísticos del presidente Trump y sus equívocas manifestaciones acerca de la vigencia de una amenaza de interferencia rusa en las elecciones de este próximo otoño, los servicios de inteligencia del país siguen con su trabajo. En algún caso, con resultados que nos retrotraen a otras épocas y narrativas. La detención el pasado domingo en Washington DC de Maria Butina, ciudadana rusa de 29 años, supuesta agente encubierta al servicio del Kremlin, nos devuelve a tiempos de la Guerra Fría.

La historia, siempre según el relato de la Fiscalía, contiene todos los elementos para mantener a la audiencia enganchada. Una joven espía rusa, que busca infiltrarse en organizaciones conservadoras estadounidenses, establecer contactos políticos y crear un canal de comunicación secreto entre Moscú y Washington, establece lazos sentimentales con un estadounidense para lograr acceder a círculos de poder, ofrece sexo a cambio de entrar en un grupo de presión, accede a los círculos más próximos del actual presidente del país (mantuvo una breve conversación con él antes de asumir el cargo, también con Donald Trump Jr.) y forma en Rusia una organización hermana a la Asociación Nacional del Rifle (NRA, en sus siglas en inglés), una de las principales donantes de la campaña de Trump en 2016 y con la que Maria Butina estableció estrechos vínculos.

Agente del Kremlin

Para el lector español, la historia tiene además una derivada de interés añadido. Butina, según el escrito de acusación, trabajaba a las órdenes de Alexander Torshin, vicegobernador del Banco Central de Rusia vinculado a los servicios secretos y persona de confianza del presidente Vladímir Putin, que fue investigado en España por blanqueo de capitales y pertenencia a la mafia. Torshin fue uno de los 24 ciudadanos rusos sancionados el pasado mes de abril por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos al haber participado «en acciones perversas en todo el mundo», incluida la injerencia rusa en las elecciones que llevaron a Trump a la Casa Blanca.

En los documentos que manejan los investigadores, figuran mensajes entre Butina y Torshin, incluido uno en el que él la comparaba con Anna Chapman, agente secreta que fue detenida y deportada de Estados Unidos en 2010 como parte de un acuerdo de intercambio de prisioneros con Rusia.

«Has eclipsado a Anna», escribió Torshin para felicitarla. Los cargos contra Butina son los mismos que imputaron a Chapman en 2010. Estados Unidos la acusa de conspiración por actuar como agente del Kremlin sin haberse registrado previamente, como es preceptivo.

Relación romántica

Maria Butina fundó en 2012 en Rusia El Derecho a Portar Armas, una organización con objetivos similares a los de la NRA americana, de la que Alexander Torshin era socio de por vida, y una de las «organizaciones con influencia» en las que Butina habría pretendido infiltrarse para promover los intereses de Moscú. De hecho, a ella se la ha podido ver en varios de sus congresos. Además, en 2013 Butina recibió en Rusia a una delegación de la NRA, incluido a su entonces presidente David Keene, para una cita de grupos pro-armas en la que estuvo presente Torshin y en la que se emitió un vídeo de apoyo a la causa protagonizado por el actual asesor de Seguridad Nacional de Trump, John Bolton.

En el escrito de acusación figuran también dos ciudadanos estadounidenses, que no identifican. Todo apunta a que uno de ellos es Paul Erickson, de 56 años, miembro de la NRA y «operativo político» al que conoció con ocasión del congreso en Rusia de 2013. Erickson le ayudó a establecer contactos y mantenía con ella, según testimonio de la propia Butina, una relación romántica. Tal y como describe la fiscalía, la relación con Erickson era puramente instrumental, e incluso añaden en su escrito que la supuesta agente rusa habría ofrecido sexo a otra persona, en al menos una ocasión, a cambio de colocación en un importante grupo de presión, que no se especifica.

En su vista del miércoles ante la jueza Deborah A. Robinson, Maria Butina, a través de su abogado, se declaró inocente de los cargos que se le imputan y solicitó la libertad bajo fianza, que le fue denegada. Los investigadores creen que, con la ayuda de Erickson, preparaba su salida del país.