Detienen al principal sospechoso del tiroteo en Utrech, delincuente común y yihadista

Al menos tres personas han muerto y varias han resultado heridas en el suceso

Corresponsal en BerlínActualizado:

El tranvía viajaba lleno a las 11:45 de ayer, cuando un hombre sacó un arma de su ropa, gritó «¡Allahu akbar!» (¡Alá es grande!) y disparó contra varios pasajeros, causando tres muertos y cinco heridos. Varios testigos describieron así horas más tarde la escena a medios holandeses. Uno de ellos añadió en declaraciones a Het Parool que uno de los pasajeros del tranvía dijo que era marroquí y eso evitó que recibiera los disparos del asaltante. Cuando la Policía llegó a la Plaza 24 de octubre de Utrecht, sin embargo, guardó silencio sobre todo lo ocurrido, siguiendo el protocolo de actuación ante un ataque terrorista. Ni siquiera informó sobre la cifra de víctimas. También fueron los testigos los que relataron que «parecía tener fijación con una mujer y disparó contra quienes pretendían defenderla», encuadrando así en una doble motivación de violencia machista y terrorismo yihadista el ataque, tras el que el tirador huyó del tranvía.

Las horas siguientes a los disparos fueron de total confusión en la ciudad holandesa. Varios pasajeros ayudaron a salir del tren a los heridos. Dos de las víctimas fueron reanimadas desde la parada cardíaca en el suelo del vagón y otra más sobre el suelo de la estación. Los heridos fueron finalmente trasladados en helicópteros al Hospital Universitario de Utrecht y la policía pidió a la población que permaneciese en sus casas «para dejar las calles libres a la acción policial». Fueron cerrados colegios, mezquitas, cines y teatros. Fue elevado el nivel de alarma de seguridad y se procedió a reforzar la protección de edificios clave del país y aeropuertos como el de Ámsterdam-Schiphol, mientras las policías de los países vecinos comenzaban a realizar controles fronterizos en autopistas y estaciones de ferrocarril. La tensión aumentó todavía más cuando la Policía hizo pública una fotografía, una imagen tomada por las cámaras de seguridad del tranvía y en la que aparecía un hombre originario de Turquía, llamado Gökmen Tanis, de 37 años y relacionado directamente con el tiroteo. «Si lo ve no se acerque a él y llame de inmediato a este número de teléfono», recurría la policía a la colaboración ciudadana.

Holanda entera se revolvía al pasado mes de agosto, cuando un afgano de 19 años residente en Alemania apuñaló e hirió a dos turistas estadounidenses en la Estación Central de Ámsterdam antes de ser reducido. Los investigadores afirmaron entonces haber desmantelado un «ataque importante» contra civiles, palabras que hasta ayer pendían como una amenaza potencial sobre el pueblo holandés. En este caso, el identificado como autor de los disparos era bien conocido por la policía local. Fuentes judiciales no tardaron en confirmar que Tanis tiene un largo historial de antecedentes penales hilvanados en los últimos años: conducción bajo los efectos del alcohol, robos con violencia, ataques a la autoridad y acoso sexual callejero.

A esa hora, el sospechoso seguía dado a la fuga, efectivos de las fuerzas antiterroristas peinaban varios distritos de la ciudad y los medios locales hablaban de distintos puntos geográficos en lo que se habrían producido disparos y comentaban la posibilidad de que fueran varios los tiradores, un reino del rumor alimentado por las numerosas afirmaciones falsas que aparecían en las redes sociales en el que solo resultó finalmente cierto el hecho de que el tirador había huido de la escena del crimen en un Renault Clío rojo, robado inmediatamente antes, y que fue la pista que condujo a la policía hasta su domicilio, done se había atrincherado.

Fue una vecina la que identificó el coche aparcado en su calle, según algunos medios con el motor en marcha durante horas. Una vez acordonada la zona y registrado el vehículo, la policía rastreó el edificio y a las 18:00 horas confirmó que la detención, aunque sin confirmar los motivos del ataque. La Fiscalía a cargo de la investigación del tiroteo aseguró «que está teniendo en cuenta un motivo terrorista, pero no se pueden excluir otros motivos». Otra de las hipótesis que maneja la Fiscalía es que se trate de un «crimen de honor», debido a la posible relación del arrestado con una de las víctimas.

Ciudad paralizada

Utrecht, como si de una ciudad asediada se tratase, permaneció paralizada durante horas. El primer ministro neerlandés, Mark Rutte, calificó el acto, que ocurre pocos días antes de las elecciones locales, de «profundamente alarmante», y dio paso a un protocolo tristemente cotidiano ya entre las capitales europeas. «Un acto de terror es un ataque a nuestra civilización, a nuestra sociedad tolerante y abierta. Solo hay una respuesta apropiada: nuestro Estado de Derecho y nuestra democracia son más fuertes que el fanatismo y la violencia. No daremos paso a la intolerancia. Nunca», fue su primera declaración sobre lo ocurrido.

El Rey Guillermo Alejandro y la Reina Máxima de Holanda condenaron por su parte como «actos de violencia completamente inaceptables» y llamaron a «mantenernos unidos por una sociedad en la que las personas puedan sentirse seguras y en la que prevalezcan la libertad y la tolerancia». Los robots artificieros habían confirmado la ausencia de explosivos en las zonas señalizadas y el alcalde Jan van Zanen, tras confirmar la cifra definitiva de víctimas, tres muertos y cinco heridos, dio orden a colegios y guarderías de reabrir sus puertas para que los niños pudieran volver a sus casas.

Para entonces ya se había puesto en marcha la maquinaria de mensajes de apoyo y condolencias desde países amigos a que la estremecedora rutina terrorista tiene acostumbradas a las capitales europeas. Había demostrado resultar útil la llamada policial a los ciudadanos a hacer llegar a las comisarías cualquier fotografía o vídeo, por insignificante que pareciese, tomados en el lugar de los hechos. La agencia turca DHA había localizado al padre del sospechoso, Mehmet Tanis, que declaraba abrumado por lo ocurrido que «debe ser castigado, si lo ha hecho él tiene que recibir un castigo».

«Mañana será un día de luto nacional. Desde todos los rincones del mundo nos llega la solidaridad», se despidió anoche el primer ministro Mark Rutte de los medios, «ha tenido todas las características propias de un atentado, pero que haya o no detrás un motivo terrorista, no lo sabemos aún con toda seguridad».

Delincuente común y yihadista

Gökmen Tanis, de 37 años, nació en la provincia turca de Yozgat (Anatolia Central), el 2 de julio de 1981. En el pasado había combatido en Chechenia. Fuentes cercanas al detenido informaban ayer que «hace unos años fue detenido por pertenencia a Daesh, pero finalmente fue puesto en libertad». No se mezclaba mucho con la comunidad turca de Utrecht y sus vecinos lo tenían por un hombre «huraño y violento», según declararon varios de ellos ayer a medios locales holandeses, pero era bien conocido por la policía local. Sus familiares aceptaron como coherente la hipótesis de que hubiera disparado primero a una mujer que no identificaron, pero estrechamente relacionada con el agresor, y después atacase a quienes intentaron ayudarla.

Ha estado, de hecho, detenido en varias ocasiones y ha comparecido ante ante los tribunales holandeses, según la cadena de televisión ANP. En 2012, por robo de camión; en 2013, por disparo con arma de fuego e intento de homicidio; por robo en Utrecht, en 2014; por insultos y amenazas a un agente ese mismo años; por romper una ventana y destruir una celda en la comisaría de policía de Utrecht, en 2015; y acusado de violación de una mujer en julio de 2017, caso en el que había declarado en una sesión previa al juicio hace solamente dos semanas.