Soldados norcoreanos hacen guardia en la zona desmilitarizada que separa ambas Coreas
Soldados norcoreanos hacen guardia en la zona desmilitarizada que separa ambas Coreas - Efe

Las dos Coreas, cara a cara en una cumbre histórica

Kim Jong-un se convertirá este viernes en el primer líder norcoreano que pisará el Sur. Su encuentro con Moon Jae-in en la frontera de Panmunjom busca enterrar la amenaza nuclear

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Cruzando a pie la frontera cerrada de Panmunjom, que divide a las dos Coreas en pleno Paralelo 38, Kim Jong-un se convertirá este viernes en el primer dictador del Norte que pisa el Sur. Allí le estará esperando su presidente, Moon Jae-in, para celebrar una cumbre histórica después de años y años de tensión militar y provocaciones constantes.

Con su llegada prevista para las nueve y media de la mañana (dos y media de la madrugada, hora peninsular española), será recibido por Moon y una guardia de honor. Tras su apretón de manos, una imagen largamente esperada por su fuerte simbolismo, ambos se encaminarán a la adyacente Casa de la Paz, un edificio del complejo militar de Panmunjom que ha sido reformado para la ocasión.

Cuidando hasta el más mínimo detalle, Corea del Sur ha preparado esta cumbre para escenificar el deshielo de los últimos meses con el Norte. Algo impensable hace medio año y que ha sido posible gracias a los Juegos Olímpicos de Invierno celebrados en febrero en PyeongChang, a los que asistieron la hermana del dictador, Kim Yo-jong, y un equipo del Norte que desfiló con el del Sur bajo la bandera de la reunificación.

Kim Yo-jong, que actuó entonces como emisaria, forma parte de la delegación de nueve personas que acompaña a su hermano, en la que figuran el presidente honorario de Corea del Norte, Kim Yong-nam, y varios generales. Por su parte, Moon Jae-in acude con cinco altos cargos de su Administración, entre ellos los ministros de Defensa, Asuntos Exteriores y Unificación.

Todos ellos se sentarán en torno a una mesa ovalada especialmente diseñada para el encuentro, ya que la falta de aristas pretende acercar a los participantes en la reunión. Además, mide exactamente 2.018 milímetros para conmemorar el año de esta cumbre intercoreana. Aunque ya habido dos cumbres de dirigentes de ambos países, una en 2000 y otra 2007, esta es la primera que tiene lugar en el Sur. Protagonizados por el «Querido Líder» Kim Jong-il, padre del actual dictador, los encuentros anteriores se celebraron en Pyongyang, donde recibió a los entonces presidentes de Corea del Sur, Kim Dae-jung y Roh Moo-hyun, respectivamente.

Objetivo, la desnuclearización de Corea del Norte

En esta ocasión, el objetivo es que Corea del Norte renuncie a sus armas nucleares. Aunque Kim Jong-un ha anunciado que detendrá sus pruebas atómicas y de misiles y cerrará el silo donde se han llevado a cabo seis ensayos atómicos desde 2006, está por ver que se deshaga de las armas con que se ha blindado en el poder. Para dar ese paso, exige que Estados Unidos, su archienemigo histórico desde la guerra de Corea hace más de seis décadas, la garantice que no intentará un cambio de régimen con el fin de no acabar como Sadam Husein en Irak o Gadafi en Libia. Cambiando totalmente su discurso, Kim Jong-un quiere normalizar sus relaciones con Washington y a finales de mayo o principios de junio se reunirá con Donald Tump, en una fecha y un lugar que todavía no se saben. Dicha cumbre, que será la primera entre dirigentes en activo de ambos países, dependerá en buena medida del encuentro entre Kim Jong-un y Moon Jae-in.

Además de comprometerse con el objetivo de la desnuclearización, ambos tratarán de impulsar la firma de un tratado de paz que ponga fin a la guerra de Corea, que se libró entre 1950 y 1953 y acabó solo con un armisticio. El problema es que dicho armisticio fue acordado por EE.UU. en nombre de Corea del Sur y habrá que esperar a ver lo que Trump le pide a Kim Jong-un a cambio, y lo que este también exige y está dispuesto a conceder. Para empezar, el régimen estalinista de Pyongyang ya ha dicho que no reclamará la retirada de las tropas estadounidenses acantonadas en Corea del Sur, lo que supone una buena señal porque había sido un escollo insalvable hasta ahora.

A tenor de algunos analistas, Kim Jong-un se ha visto forzado a retomar el diálogo por el impacto de las sanciones de la ONU contra sus ensayos nucleares y de misiles, que están dañando la ya de por sí precaria economía norcoreana. Para otros expertos, ha desarrollado tal capacidad nuclear que puede permitirse el lujo de volver a la mesa de negociaciones con mejores cartas.

«Aunque no podemos esperar mucho, como que se firme un tratado de paz o se acuerde la desnuclearización del Norte, sí se puede avanzar hacia la coexistencia, porque Kim Jong-un persigue mejorar la economía, cuyo empeoramiento por las sanciones amenaza al régimen», analiza para ABC Alice Choi, experta del Database Center for North Korea Human Rights. Buena conocedora de la situación porque se dedica a entrevistar a los desertores que huyen de Corea del Norte, ha detectado un cambio importante: ya no son campesinos huyendo del hambre, sino miembros de la incipiente clase media urbana que no ve perspectivas de cambio en un régimen anacrónico que se desmorona.