Cientos de personas participan en una manifestación contra el Partido de los Trabajadores/ Las encuestas confirman la ventaja de Bolsonaro - EFE/ VÍDEO: AT

Brasil se prepara para dar el poder a la derecha radical

El exmilitar Jair Bolsonaro se perfila como claro ganador frente a Fernando Haddad, sucesor del preso Lula da Silva en el Partido de los Trabajadores

Corresponsal en Sao PauloActualizado:

Brasil define hoy domingo su elección más difícil en tres décadas, la que proclamará al sustituto del impopular presidente Michel Temer. La mayoría de los 147 millones de votantes dará previsiblemente un giro conservador, llevando a la presidencia al excapitán del Ejército Jair Bolsonaro, un fenómeno populista de derecha radical catapultado por el desgaste del Partido de los Trabajadores (PT) y de los políticos tradicionales, asociados especialmente a la corrupción, incluido Temer, que terminará su mandato con un 4% de aprobación.

Bolsonaro, de 63 años, puede convertirse en el 38 presidente del país, simbolizando el antipetismo, un sentimiento que se ha ido construyendo a lo largo de una era, liderada por el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-11), cuya candidatura fue impugnada por estar preso desde abril, cumpliendo una condena de doce años por corrupción y blanqueo de fondos. Las encuestas anticipan que Bolsonaro vencerá con un 56% de los votos, frente al 44% del filósofo socialista Fernando Haddad, el candidato petista a quien Lula no ha conseguido transferir su popularidad.

«Es una elección muy negativa, en que el elector no entendió bien la importancia de la democracia representativa. No maduramos ni en el Legislativo ni en el Ejecutivo», comenta Humberto Dantas, doctor en Ciencia Política de la Universidad de Sao Paulo (USP) sobre una elección polarizada entre el PT y su opuesto radical en la derecha.

Políticos figuras en la cuneta

Bolsonaro ha sacado de la escena no solo a importantes correligionarios de Lula, sino también a candidatos notables, como la ambientalista Marina Silva, y figuras centrales de la socialdemocracia, para abrirle paso al novato Partido Social Liberal (PSL).

La campaña ha sido muy distinta a las anteriores. Por primera vez en décadas, el favorito no participó en debates, escudado en la salud y en la puñalada que sufrió en un atentado en septiembre. Pese a estar autorizado por sus médicos, Bolsonaro evitó el duelo en directo con el catedrático Haddad, abogado, economista y doctor en filosofía. En una estrategia para preservar su imagen, eligió entrevistas, escogió preguntas y se comunicó con sus electores por mensajes en redes sociales. «No quiere debatir, porque sabe que no es bueno en eso y que no expresa bien sus ideas. Bolsonaro es una página en blanco», analiza Dantas.

En su casa de lujo en Río de Janeiro, Bolsonaro recibió a políticos y empresarios que le hacían la corte, así como a los potenciales miembros de su futuro gabinete ministerial, que quieren sumarse al partido del momento, el PSL.

«Vemos el surgimiento del PSL, un partido desconocido que de pronto, por el estallido de una ola conservadora, de un antipetismo contra la corrupción y por razones incluso cuestionables, eligió una representación heterogénea que va desde Alexandre Frota (un exactor porno) a un pastor (evangelista) y comandante del Ejército», describe Dantas. El PSL, un partido de alquiler, fue el único que aceptó la estrafalaria plataforma de Bolsonaro con un discurso contra mujeres, negros y homosexuales, cuando ningún otro partido se atrevía a darle guarida. Gracias a la espectacular ascensión de Bolsonaro, especialmente tras el atentado contra su vida, el diminuto partido saltó de ocho a 52 diputados, volviéndose el segundo del Congreso después del viejo PT.

Al margen del PT

Mientras tanto, Haddad, el exministro de Educación de Lula, frustrado por la falta de un debate que podría levantar sus apoyos, buscó sin éxito formar un frente con los candidatos de centro-izquierda, como Marina Silva y el laborista Ciro Gomes, que quedó en tercer lugar con un 12%.

Ambos, que también fueron ministros de Lula, prefirieron mantenerse al margen, dándole al petista un «apoyo crítico» que no los vinculase al partido manchado por los escándalos de corrupción.

Derrotado en la propuesta de crear un Frente Democrático, Haddad consiguió apoyos importantes de representantes de la socialdemocracia, como el excanciller Rubens Ricupero, y de artistas como Chico Buarque, Caetano Veloso y otros, que temen las amenazas de Bolsonaro de recortes en cultura y educación. «No se puede ser neutro entre los que violan la ley y los que la obedecen», explicó Ricupero al diario económico «Valor», aclarando que su voto era para Haddad, no para el PT.

El candidato de Lula, exalcalde de Sao Paulo, tiene simpatía entre intelectuales, buen tránsito entre políticos de centro-izquierda, pero no circula con la misma facilidad entre los petistas de raíz, por ser bastante crítico con los errores históricos del partido y disentir de líderes de la agrupación en, por ejemplo, temas de política internacional como la crisis venezolana.

Persiguiendo los votos que atraía el carisma de Lula, Haddad, que es una figura opuesta al viejo líder metalúrgico, recorrió el país, especialmente el nordeste, montándose a lomos de una mula y vistiendo atuendos típicos para conquistar a los electores del bastión de su partido, una de las regiones más pobres del país, y una de las que más se benefició de la era PT.

Recorte de la ventaja

En su maratón por atraer a los votantes, Haddad acortó la gran distancia que lo separaba de Bolsonaro en el comienzo de la segunda vuelta, de 18 puntos a 12 puntos porcentuales, al presentarse como la vía democrática frente a un candidato autoritario. En la última semana, su campaña esbozó una reacción con mítines multitudinarios en Sao Paulo, Río de Janeiro y en algunas de las principales ciudades del nordeste.

Haddad ha despuntado entre los electores de la ciudad de Sao Paulo -donde fue alcalde-, entre mujeres e indecisos, pero parece imposible que consiga un viraje con el alto rechazo que su partido tiene en áreas electorales importantes como el interior de Sao Paulo, el sur, la Amazonia y el norte del país, donde el fenómeno Bolsonaro ha llegado a través de cuestionadas corrientes en las redes móviles. El escándalo, que reveló la semana pasada una trama de malversación de fondos electorales, usando ilegalmente bases de datos de WhatsApp para enviar noticias falsas favorables a Bolsonaro, mermaron su curva ascendente, pero no se prevé que le quite, como él mismo dice, «la banda presidencial de la mano».

Una victoria del exmilitar trae muchas incógnitas sobre el futuro de Brasil. «Si vence Bolsonaro, será un problema para los gobernados. Su base entre poderosos es frágil, su rechazo popular es alto y su índole, imprevisible. La pregunta es: ¿quién disciplinará al disciplinador?», apunta el historiador Fabio Luis Barbosa dos Santos. El catedrático de la universidad Unifesp, en San Pablo, ve dificultades para cualquiera de los candidatos que llegue al Palacio del Planalto. En el caso de una victoria de Haddad, Bolsonaro ha declarado que no reconocería la derrota y que consideraría un fraude la victoria de su contrincante.