El nuevo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro - AFP

Bolsonaro llama a «liberar Brasil de la corrupción, la criminalidad» y «las ataduras ideológicas»

El político brasileño ha llegado hasta el Palacio del Panalto en un ascenso meteórico que ni él mismo imaginaba

Verónica Goyzueta
Corresponsal en Sao PauloActualizado:

Con la promesa de «liberar definitivamente a Brasil del yugo de la corrupción, la criminalidad y la irresponsabilidad económica» el excapitán del Ejército Jair Bolsonaro asumió hoy la presidencia brasileña y abrió una etapa histórica en la primera potencia latinoamericana. En su discurso de investidura, el nuevo presidente trató de mantener encendido el optimismo que ha generado con propuestas de recorte de gasto público y de un estado menor y más eficiente. Seguidor del estilo transgresor de Donald Trump, Bolsonaro tendrá que afrontar esa tarea poniendo en práctica un discurso antisistema para construir el «Nuevo Brasil» que ha prometido a sus seguidores.

Jair Bolsonaro llegó hoy al Congreso, donde realizó su juramento presidencial, a bordo del Rolls-Royce de la presidencia, acompañado por su mujer, la Primera Dama Michelle, y su segundo hijo, Carlos, responsable de sus redes sociales, que fueron fundamentales en su ascensión. Bajo un fuerte aparato de seguridad, Bolsonaro saludó al público, que pasó por cuatro controles para verlo de cerca.

Electo en octubre con casi 58 millones de votos, Bolsonaro, de 63 años, es el presidente número 38 del Brasil republicano. Representante de un grupo minúsculo y sin expresión hasta su victoria, el Partido Social Liberal (PSL), rompe un ciclo de 22 años de gobiernos del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y del Partido de los Trabajadores (PT), los mayores y más arraigados del país.

«Quiero agradecer a Dios por estar vivo», declaró Bolsonaro ante el pleno del Congreso. El presidente sufrió un atentado que casi le cuesta la vida, en septiembre durante un mitin. «Brasil volverá a ser libre de ataduras ideológicas», afirmó el presidente en alusión a los trece años del izquierdista PT en el gobierno. El presidente destacó el combate a la ideología de género, a la enseñanza de política en las escuelas, y la defensa de la tradición judaico cristiana. Los parlamentarios del PT y de otros partidos de izquierda boicotearon el evento.

Bolsonaro garantizó que su gobierno será técnico y no ideológico, que luchará contra la corrupción y por la desburocratización. «Necesitamos crear un círculo virtuoso en la economía», destacó, prometiendo apoyar la industria agropecuaria y una nueva política internacional. A su lado asumió también su vicepresidente, el general Hamilton Mourão.

Nacido en Glicério, en el interior del estado de São Paulo, pero con una trayectoria política forjada en Río de Janeiro, Bolsonaro tomó la banda de manos de Michel Temer, un presidente impopular, que asumió el mando tras la destitución de la petista Dilma Rousseff, en 2016. Tiene como crédito la encuesta del Instituto Datafolha, con un 65% de los brasileños que esperan que su gobierno será excelente o bueno, más que el 55% con el que se eligió. El porcentaje, sin embargo, es el menor desde 1989. El petista Luiz Inácio Lula da Silva, por ejemplo, su opuesto político, registraba un 76% en la misma ceremonia en 2003.

Con siete mandatos como diputado federal, Bolsonaro tendrá como principal dificultad la actuación de un partido novato en el parlamento, con figuras que ejercen por primera vez la política, y tendrán que ayudarlo a transformar su capital electoral en resultados legislativos.

Gobierno por decreto

En los seis meses de luna de miel que le esperan, Bolsonaro tiene la misión de aprobar la compleja reforma de pensiones y de seguridad social, que se arrastra desde hace años en el Congreso y es uno de los principales cuellos de botella de las cuentas públicas brasileñas. Para ello, tendrá que consensuar con partidos de la vieja política a la que pretende combatir y enfrentarse a las izquierdas y al PT, que pese a la derrota presidencial sigue robusto en el parlamento.

Consciente de esa dificultad, Bolsonaro, que aprobó sólo dos proyectos suyos en 28 años de Congreso, ya anunció que gobernará por decreto para avanzar en los temas polémicos o en los que encuentre dificultades, como la liberación de la posesión de armas, una de sus promesas de campaña para frenar el aumento de la violencia.

Según Onyx Lorenzoni, mano derecha del nuevo presidente, Bolsonaro usará la pluma para acelerar medidas de medio ambiente, industria, comercio, seguridad pública y vivienda. La meta, asegura Lorenzoni, es «simplificar la legislación y favorecer la actividad económica».

Siguiendo el modelo Trump, Bolsonaro ya dio pruebas de la mala relación que tendrá con la prensa. Con un discurso polémico y discriminatorio, el líder brasileño evita la prensa y sólo acepta entrevistas previamente acordadas o con medios que lo apoyan, como el grupo Record, de la neopentecostal Iglesia Universal.

Protestas de la prensa

Importantes periodistas brasileños protestaron el martes por las normas impuestas durante la investidura, bajo el pretexto de la seguridad. «Hay que llegar ocho o nueve horas antes de la parte del evento que se cubrirá, sólo se puede estar en un mismo cercado, bajo pena de ser retirado del local y responder a un proceso», cuestionó Miriam Leitão, una de las más importantes del Grupo Globo, que cubre investiduras desde el dictador João Figueiredo, en 1979, y cuenta que no vio nada parecido ni en gobiernos militares.

Las Fuerzas Armadas desplegaron una operación de seguridad propia de estado de guerra, sin precedentes en la historia brasileña, que incluyó francotiradores, bloqueo antiaéreo, misiles teleguiados, cercado de alambre de púas y ocho mil efectivos en el área, el doble de la toma anterior, de Dilma Rousseff.