Vídeo: Así fue el funeral del fiscal argentino Alberto Nisman - ATLAS
Argentina

Alberto Nisman: dos años de una muerte sin resolver

El fiscal investigaba un misterio sin aclarar en su totalidad: el ataque contra el edificio de las sedes en Buenos Aires de la AMIA y la DAIA, donde murieron 85 personas

CORRESPONSAL EN BUENOS AIRESActualizado:

El segundo aniversario de la muerte de Alberto Nisman, el fiscal especial que acusó a la expresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, por su presunto encubrimiento a los autores del mayor atentado al colectivo israelí después de la Segunda Guerra Mundial, se celebró con una acusación de su exmujer. La juez federal Sandra Arroyo Salgado declaró: «Distingo entre cómo se portó este Gobierno (de Mauricio Macri) y el anterior (de Cristina Fernández de Kirchner). La Administración de la expresidenta actuó como una dictadura ante este crimen. Formó un grupo de tareas (trabajo de represión) para desprestigiar el trabajo» del difunto fiscal.

Nisman investigaba un misterio, como el de su muerte, sin aclarar en su totalidad: el ataque contra el edificio de las sedes en Buenos Aires de la AMIA y la DAIA, principales entidades políticas y económica, donde murieron 85 personas. A Nisman lo consideran, simbólicamente, la víctima 86. Su muerte, después de haber protagonizado varios días una virtual carrera contra reloj de entrevistas en radio, televisión y medios escritos defendiendo su querella contra Cristina Fernández, se produjo, presuntamente, la víspera de comparecer, voluntariamente, en el Congreso para explicar su denuncia contra la ex jefa del Estado y varios de sus colaboradores.

El cuerpo del titular de la Unidad Fiscal Amia fue descubierto, en calzoncillos y camiseta, tendido sobre un charco de sangre en el suelo del cuarto de baño de su piso. Una bala le había atravesado el cráneo. Dos años más tarde las causas de su muerte siguen siendo un enigma. La investigación sigue abierta pero estancada, y la duda sobre si se trató de un suicidio o un asesinato permanece. Al menos, judicialmente.

Periodistas, abogados, jueces y familiares suelen hablar y describen del asesinato del fiscal como si fuera un hecho comprobado pero, como reconoce en privado uno de los peritos que trabajó en la causa, «es materialmente imposible saber si lo mataron o se mató. La escena estaba totalmente contaminada». La secuencia de hechos que sucedió al hallazgo del cuerpo sin vida de Nisman resulta tan inexplicable como la falta de transparencia, 23 años más tarde, del atentado que convirtió en escombros el edificio de las sedes de la AMIA y de la Daia.

Viviana Fein, la fiscal que acudió a la vivienda de Nisman aquel 18 de febrero de madrugada, permitió el acceso de más de medio centenar de personas, como el ex secretario de Seguridad, Sergio Berni y otros, al apartamento donde vivía Nisman en una de las imponente torres del barrio de Puerto Madero. Imágenes posteriores dieron cuenta de la ausencia de las habituales medidas de pulcritud (sin guantes, usando papel higiénico para limpiar la pistola...).

Las irregularidades judiciales se amontonaron al tiempo que el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner desplegaba toda su artillería para hacer añicos la memoria del hombre que, en definitiva, la había acusado de traición a la patria.

Sandra Arroyo Salgado, exesposa de Nisman y madre de sus dos hijas, no olvida cómo «lo atacaron» y cita, en «Radio Mitre», a «la Presidenta, instalando diferentes hipótesis, generando dudas hasta sobre su sexualidad». La conducta de Cristina Fernández tras la muerte de Nisman también forma parte de este entramado oscuro al que se sumaron, de acuerdo a la identificación de Arroyo salgado, Aníbal Fernández (ex jefe de Gabinete), Diego Bossio (actual diputado que reniega del kirchnerismo y por entonces titular de la ANSES, Administración Nacional de Seguridad Social) y Ricardo Echegaray, responsable de la AFIP (el fisco). Pero no estaban solos, el sello de miembros del servicio de Inteligencia y la figura de un especialista en espionaje y otras actividades, en el límite de la ley, como el ex general César Milani (procesado por enriquecimiento ilícito) estaba impreso en fotografías, rumores e imágenes de la vida alegre, pero privada, del fiscal.

En ese mundo de espionaje, Antonio «Jaime» Stiuso, un agente histórico dio la cara y acusó al Gobierno de la ex presidenta de estar detrás de la muerte de Nisman con quien había trabajado codo con codo.

Dos años más tarde del fallecimiento del fiscal las incógnitas permanecen y preguntas tan sencillas como cuál fue la hora y la fecha de su muerte, no encuentra consenso. Las autopsias oficial y de la familia resultan contradictorias. Para los primeros murió el domingo 18 mientras para los últimos falleció el 17. Una junta médica revisa todo el material. Sus conclusiones se conocerán el próximo mes de junio.

Tampoco se explica, como advertía el juez federal Claudio Bonadío, por qué la fiscal Feinn no hizo algo básico y de inmediato como era «revisar la computadora y el teléfono celular» de la víctima. Ambos fueron, supuestamente, pirateados y el registro de llamadas borrados.

En la causa el único procesado es Diego Lagomarsino, el técnico informático que trabajaba, mano a mano, con Nisman. La pistola de la que salió la bala que acabó con la vida de su jefe era de su propiedad. Según su testimonio, de inmediato y voluntario, se la había prestado después de que le insistiera mucho.

Todo lo que afecta a este caso resulta extraño y sospechoso: las cámaras de seguridad del edificio de Nisman no funcionaban, su servicio de escolta no estaba donde debía y en lugar de echar la puerta abajo cuando el hombre al que debían proteger no daba señales de vida, avisó a la madre de Nisman y esperaron, pacientemente, la llegada de un cerrajero.

Con estos antecedentes, el Gobierno de Mauricio Macri parece resistirse a que la muerte de Nisman se añada a otras sin esclarecer o puestas en duda. Para ello desclasificó el pasado año todos los documentos relativos a su vida y liberó al servicio de Inteligencia y a los funcionarios del secreto de Estado. Asimismo, designó a Mario Cimadevilla al frente de la Unidas Fiscal AMIA que Néstor Kirchner creó y entregó a Nisman.