Mauricio Macri se perfila como favorito en las próximas elecciones
Mauricio Macri se perfila como favorito en las próximas elecciones - efe
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Maniobras electorales en la oscuridad tras la muerte del fiscal Nisman en Argentina

Los políticos opositores son jaleados por la calle para que se unan todos con objeto de desalojar el cristinismo, aunque sea estableciendo fusiones contranatura

david gistau
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El restaurante Oviedo, en Barrio Norte, más de pescado que de carne, cosa insólita en Buenos Aires, es un cenáculo del poder. Los comensales hablan casi todos en susurros para evitar ser escuchados en la mesa contigua y guardan silencio cuando se acerca el camarero. Hay abrazos con poderosos palmoteos de espalda entre personas que un instante antes hablaban pésimo la una de la otra. Como en las confiterías, aquí también hay diletantes de la pericia balística apasionados por el significado del calibre 22 de la pistola Bersa Thunder que acabó con la vida del fiscal Nisman. Que si es el calibre favorito de los servicios secretos, porque la bala no sale, sino que rebota como en un «pinball» por los huesos, agravando el daño. Que si en el suicidio es el preferido de los «carilindos» porque no arruina el rostro.

Chrystian Colombo fue jefe de gabinete de De la Rúa y en la actualidad, retirado de la política activa, es uno de los propietarios de la marca de alfajores más conocida del país, Havanna. Sin embargo, sigue siendo un personaje áulico, un observador bien informado que trasciende la novela negra para anticipar las consecuencias políticas del caso Nisman a ocho meses de las elecciones presidenciales. Hablamos de un momento argentino en el que los políticos opositores son jaleados por la calle para que se unan todos con objeto de desalojar el cristinismo, aunque sea estableciendo fusiones contra natura.

El Aznar argentino

La primera maniobra integrada en este contexto ha sido la alianza -el Pacto de Palermo- de la radical y profesional de la supervivencia Elisa «Lilita» Carrió y el peronista «chic» Mauricio Macri, hijo de millonario, generación Conaprole (por la marca de helados consumidos en Punta del Este, exclusivo balneario uruguayo donde veranea la elite argentina), exitoso intendente de la ciudad y antiguo presidente de Boca Juniors que alguna vez dijo que aspiraba a ser el Aznar argentino.

Es el gran favorecido: ha saltado seis puntos en las expectativas de voto. De hecho, el sistema parece estar virando para acogerlo a él como nuevo macho alfa en la Casa Rosada. Por el contrario, los candidatos oficialistas están golpeados por el caso Nisman, se han convertido en la encarnación de todo cuanto hay que depurar, y permanecen medio escondidos, encomendados a lo que aquí llaman «cronoterapia»: aguardar agazapados a que pase el tiempo necesario para que comience a olvidarse este episodio que fecha un antes y un después en la resignación popular ante la metástasis de corrupción en el Estado.

El más perjudicado es el gobernador Daniel Scioli, un todavía atlético expiloto de lanchas «off shore» que perdió una mano en un accidente en el mar y que acaba de ver cómo se han evaporado todos los puntos porcentuales conseguidos durante una campaña de promoción personal en las playas de Mar del Plata, las frecuentadas por la clase media argentina que nutre la infantería social del peronismo ortodoxo.

Nada preparado

A Scioli, el Justicialismo trata de ubicarlo en primera línea de exposición para que comparta con Fernández de Kirchner la presión y el desgaste. Él siempre procura escamotearse y se mantiene reticente a participar en las reyertas verbales de Capitanich, jefe de gabinete, y de Aníbal Fernández, que se ha enzarzado ya hasta con Mia Farrow por Twitter y opera una labor de aniquilación contra la fiscal Viviana Fein, algo espasmódica y en constante corrección a sí misma, hasta para tomarse o no las vacaciones, con la intención de lograr que la investigación pase a la más oficialista Gils Carbó. Lo cierto es que la reacción del gobierno y su manejo de la comunicación están siendo tan desastrosos que algunos analistas socarrones ven en eso el principal indicio de que no urdió una conspiración homicida: «No tenían nada preparado para lo que estalló».

En cuanto a la novela negra, ayer se supo que Sandra Arroyo, juez federal y exesposa de Nisman, recibió unas horas antes de la muerte una fotografía en la que aparecía el fiscal con un agujero de bala simulado en la frente. Además, la fiscal Fein se animó por fin a citar al legendario Stiuso, personaje tan confuso que nadie se pone de acuerdo siquiera en si su nombre se escribe con una ese o con dos. A pesar de la enorme expectación creada y del ansia de ver por fin los rasgos de un hombre clandestino de quien sólo circula una fotografía antigua, el espía no apareció en la sede judicial a la hora a la que estaba citado.