Jean-Jacques Rousseau
Jean-Jacques Rousseau - ABC

Cuando Voltaire se vengó de Rousseau, publicando la gran paradoja de su vida

No sería hasta la llegada de la Ilustración en el siglo XVIII, cuando se comenzará a valorar la importancia de la lactancia materna, incluso como medida de regeneración nacional

MadridActualizado:

La Filosofía y la Historia siempre tendrán muy presente a Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) por ese gran legado político que alumbraría a la Modernidad, tras germinar con sus ideas a la Revolución francesa. Pues gracias a su obra «El contrato social» el ilustrado despertó al pueblo con el concepto de «voluntad general» o como hoy la conocemos: democracia.

Pero eso no sería todo, el polifacético Rousseau impulsó al sano desarrollo del niño con su teoría filosófica «Emilio, o de la educación». De esta manera, se convertiría en uno de los pioneros de la pedagogía infantil, partiendo desde el origen -es decir, la relación del bebé con su madre a través de la lactancia. Y con ello, sustentaba que este nuevo comportamiento ayudaría a la regeneración del Estado.

Sin embargo como muchos otros genios -y por su misma condición humana- también cometió errores bastante graves. Pero ese gran avance que regaló a su tiempo, fue acompañado de otro gran retroceso. Rousseau desprestigiaría la importancia de una madre, en el desarrollo íntegro del hombre -limitándola a un plano biológico-; siendo el padre el único capacitado para educarlo. Obviamente recibiría muchas críticas de algunas primeras feministas, aunque sin ninguna repercusión en aquella mentalidad dominante.

Hasta antes del siglo XVIII y XIX la lactancia estaba vista como un trabajo y lejos de representar una función biológica, y por tanto, inherente a la madre

Pero ese no fue el lado más inhumano del filósofo. Su eterno enemigo, Voltaire, se encargaría de hacer pública la gran paradoja de la pedagogía infantil. El hombre que miró por el sano desarrollo intelectual y mental de los niños, estuvo sujeto a la contradicción. Rousseau cometería el acto más cruel con sus cinco hijos, privándoles de participar en esa «regeneración nacional».

Las nodrizas

Hasta el siglo XVIII solo las familias más ricas podían permitirse la disposición de una nodriza en sus hogares. No obstante, por regla general los bebés –especialmente las niñas- eran privados de los brazos de su madre, para ser amamantados por extrañas en lugares remotos y en circunstancias desconocidas.

«Para Rousseau, el lazo afectivo que parte del contacto corporal entre la madre y el hijo tiene una importancia tal que transgrede todas las relaciones familiares e incluso puede llegar a regenerar al Estado»

Muchos de los recién nacidos no llegaban ni al año; y aquellos que no morían contagiados por las enfermedades de las amas de crías -a través de la lactancia-, creaban verdaderos vínculos con aquellos brazos que los alimentaban.

El futuro Luis XVI con su nodriza
El futuro Luis XVI con su nodriza- C.C

Hasta los dos o tres años los niños solo entendían por amor aquella relación alimentaria y afectiva que mantenían con la nodriza. Pero luego llegaba la hora en que los pequeños eran sometidos a otra traumática separación; arrancándolos de aquellos brazos que los habían cuidado.

Sin embargo, aquella práctica comenzaría poco a poco a erradicarse gracias a la filosofía de Rousseau.

Hasta antes del siglo XVIII y XIX la lactancia estaba vista como un trabajo y lejos de representar una función biológica, y por tanto, inherente a la madre. Pero gracias al pensamiento de Rousseau -uno de los más conocidos teóricos de las relaciones maternofiliales en la Ilustración- se establece un nuevo concepto de la maternidad, a través del cual se comenzará a propagarse entre los filósofos de la época la necesidad de que sea la misma madre que nutra a su hijo.

«Para Rousseau, el lazo afectivo que parte del contacto corporal entre la madre y el hijo tiene una importancia tal que transgrede todas las relaciones familiares e incluso puede llegar a regenerar al Estado» explica la doctora en DerechoAna I. Marrades Puig «Luces y sombras del derecho a la maternidad: Análisis jurídico de su reconocimiento» (Universitat de València, 2002).

La idealización de la maternidad

Sin embargo, este gran paso para hacia la famosa «regeneración del Estado» estuvo sujeto a la injusta posición que se le había destinado a la mujer en la sociedad. Pues Rousseau había cometido el gran error de afirmar, en su obra «Emilio, o de la educación» que la única función de la madre -especialmente con el hijo varón- alimentarlo. «Igual que la verdadera nodriza es la madre, el verdadero preceptor es el padre», aseguró Rosseau.

«Retrato de Jean-Jacques Rosseau» Allan Ramsay, 1776
«Retrato de Jean-Jacques Rosseau» Allan Ramsay, 1776- C.C

La construcción del individuo como un hombre de bien será tarea del padre; aislando así a la madre de la transmisión de valores y principios. Como así lo expresó el filósofo por medio del personaje de Julia en su libro: «Yo alimento a los niños y no tengo la presunción de querer formar hombres (…) Soy mujer y madres, sé mantenerme en mi sitio. Una vez más, la función de la que estoy encargada no es la de educar a mis hijos, sino la de prepararlos para ser educados».

La valorización de la maternidad trajo consigo la ruptura del colectivo femenino con su papel civil, excluyendo a las mujeres de la vida política para someterlas a un «rol ideal» de madre.

La gran paradoja

A la edad de 33 años Jean-Jacques Rosseau comienza una relación con una costurera llamada Thérese Levasseur. La pareja tendría cinco hijos, que en ningún momento crecieron con ellos; porque el filósofo la convenció para que los entregaran al orfanato.

Como pueden imaginarse, los hospicios no eran precisamente el lugar más ideal para el desarrollo de un niño. Y con mucho dolor Therése -profundamente enamorada Rousseau- dio a sus retoños a la beneficencia de las monjas.

Pero un buen día, después de publicar «Emilio, o de la educación», su fiel enemigo declarado, Voltaire, hizo pública la crueldad con la que se había deshecho de los bebés; mientras defendía la lactancia y la idealización de la maternidad.

«Pensar en encomendarlos a una familia sin educación; para que los educasen aún peor, me hacía temblar. La educación del hospicio no podía ser peor que eso?»

De esta manera, Rousseau envuelto en una bochornosa contradicción de sí mismo escribiría en «IX Confesiones» donde afirmaba que efectivamente, no era por falta de fondos, si no por la familia política. Pues los parientes de Thérese eran de origen tan humilde que el propio filósofo se avergonzaba.

«Pensar en encomendarlos a una familia sin educación; para que los educasen aún peor, me hacía temblar. La educación del hospicio no podía ser peor que eso?» confesó Rosseau.

Entonces, ¿qué pasó con el casamiento entre la idealización de la maternidad de Thérese con la ilustración de Voltaire? Porque de no haber abandonado a los bebés a la intemperie de la caridad; el sabio habría contribuido de manera sobresaliente a la famosa «regeneración de Estado».