Pizza con base de coliflor y brócoli. Las recetas de «realfooding» no incluyen ultraprocesados.
Pizza con base de coliflor y brócoli. Las recetas de «realfooding» no incluyen ultraprocesados. - REALFOODING

«Realfooding»: las recetas de «comida real» que arrasan en Instagram

El nutricionista Carlos Ríos defiende en «Come comida real» el derecho a una alimentación saludable evitando los ultraprocesados y descubriendo el «lado oscuro» de una parte de la industria alimentaria

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Carlos Ríos, el creador del movimiento «Realfooding», ha vivido en los últimos días una montaña rusa de emociones. Por un lado, disfruta de la expectación creada por su libro «Come comida real» (Paidós) y de la legión de seguidores que le apoya allá donde va (sea presencial o virtualmente), pero, por otro, vive el duelo de haber perdido recientemente a su abuela Lala, una mujer que, según sus propias palabras, ha sido la auténtica inspiradora del movimiento que defiende la «comida real» frente al emporio de los ultraprocesados. «Durante el periodo universitario, mientras estudiaba la carrera de nutrición en Sevilla, sentí un choque entre lo que estaba estudiando y lo que aprendía en la cocina con mi abuela. Ella no sabía nada de nutrición, ni de hidratos de carbono, ni de calorías, ni de grasas saturadas. Pero conseguía alimentarse de forma saludable porque prestaba atención a la calidad de los alimentos, a la comida real», explica emocionado.

Esa etapa puso los cimientos de lo que, años más tarde se convertiría en el Realfooding y que en realidad fue tomando forma con los testimonios que Carlos Ríos escuchó cuando empezó a trabajar como dietista-nutricionista en una consulta. «Los pacientes me decían que comían pocas grasas y que se tomaban barritas de fitness con pocas calorías (y mucha azúcar), pero en realidad no sabían cuáles eran los alimentos de verdad, los alimentos saludables. Comían mal sin saberlo. Fue entonces cuando retomé lo que aprendí en la cocina de la abuela y me centré en lo básico, en la comida de calidad. Y el resultado fue muy bueno. Comían de forma saludable, no tenían la sensación de hacer dieta y lograban incorporar esos alimentos reales en su día a día disfrutando de ellos», explica.

Hasta aquí todo parecía ir bien, pero Carlos Ríos quería más pues, según confiesa, cuando veía en el supermercado los carros de la compra de la gente repletos de ultraprocesados se le caía el alma a los pies. «No podía decirles nada, ni ayudarles para que abrieran los ojos», comenta. Por eso cuenta que acudió a las redes sociales, donde encontró una ventana que le permitió contar a los «desconocidos» sobre lo que en realidad estaban comiendo. «Me paseé por los supermercados, analizando productos y contando lo que era comida real y lo que no lo era y explicando por qué esos ultraprocesados no eran buenos para su salud. Y fue como me di cuenta que algunas personas no eran conscientes de que estaban perjudicando su salud con lo que comían», explica.

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Fenómeno fan y azote a la industria

Hoy este onubense que no llega a la treintena se ha convertido, según aseguran desde Paidós (la editorial de su libro) en un «fenómeno fan». No solo ha revolucionado las redes sociales (a través de sus cuentas de Instagram: entre la personal y la de Realfooding supera el millón de seguidores; ) sino que además ha puesto en jaque a las multinacionales de los ultraprocesados (no a la industria alimentaria en general, según aclara), pues las firmas que comercializan este tipo productos están siendo testigos del calado que tienen sus mensajes que entretejen el sentido común con las evidencias científicas, pero usando un lenguaje cercano, divulgativo y sencillo. «Y si para eso tengo que emplear el humor, me tengo que poner a bailar con un pimiento en la cabeza o con unas verduras o crear algún meme o gif divertidos para que el mensaje llegue a más gente, pues lo hago. Al fin y al cabo es lo que hace la industria de los ultraprocesados para vender sus productos. De hecho, han llegado a convencer de que un refresco es emoción, libertad o momentos de felicidad, en lugar de agua azucarada.Y yo intento hacer lo mismo, pero con la comida de toda la vida».

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Saber los porqués invita al cambio

Su cruzada contra los ultraprocesados tiene un sentido que no se cansa de repetir: «devolver el interés por la comida real a través del conocimiento». Y es que él también estuvo en «Matrix» (su particular manera de llamar a un mundo sin comida real) y sabe lo difícil que es salir de esa espiral en la que influye el entorno social, los medios de comunicación, la publicidad e incluso el «carácter adictivo» de muchos de esos productos. Y a esto hay que añadir que, tal como comenta Carlos Ríos, «a la industria le gusta hablar en el idioma de los nutrientes y las calorías para que tengamos la sensación de que estamos comiendo sano».

Una de las ideas que siempre defiende la industria es que no hay alimento malo y que lo que hacemos es pasarnos de calorías. Pero ese argumento podría llevar a pensar, según comenta Carlos Ríos, que un puñado de frutos secos es igual que comer un bollo de chocolate porque tienen las mismas calorías. «Esto es falso, totalmente falso, pero a la industria le interesan este tipo de mensajes confusos», comenta. Por eso, el creador del Realfooding se muestra partidario de demonizar los ultraprocesados porque «solo contando lo que son realmente la gente puede decidir si quiere seguir consumiéndolos o no».

No olvidemos que, como insiste en recordar, vender estos productos es un negocio tan lícito como el de las empresas de telefonía que utilizan todo tipo de estrategias para venderte su móvil de última generación. La diferencia radica, tal como ironiza, en que «no te vas a comer el móvil, pero sí te vas a comer los ultraprocesados. Y lo que comes puede afectar a tu salud».

Entonces, ¿no puedo comer de nada?

Una vez que se entiende el por qué debo o no debo hacer algo llega la hora de abordar el «cómo hacerlo» y es aquí donde Carlos Ríos insiste en la necesidad de dar alternativas ricas, fáciles y saludables para sustituir los productos ultraprocesados por comida real. «Tenemos la suerte de contar con una gastronomía variada que permite elaboraciones culinarias sabrosas, pero tengo que saber cómo prepararlas y también tengo que dedicarle el tiempo suficiente, sobre todo en el momento en el que estoy abordando el cambio. No tengo por qué ser un chef con estrella Michelin, simplemente tengo que tener ganas de informarme, de experimentar y de probar ideas para preparar platos sabrosos con ingredientes sanos. Requiere práctica, pero los resultados merecen la pena», aclara.

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