Inducir el parto tras la semana 41 de gestación puede salvar la vida del bebé

Una investigación llevada a cabo en Australia afirma que es la medida más efectiva, por delante de dejar que la naturaleza siga su curso o practicar una cesárea

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Las mujeres embarazadas que no han dado a luz alrededor de las 41 semanas tienen menos probabilidades de necesitar partos por cesárea o de tener mortinatos si se les induce el parto en lugar de dejar que la naturaleza siga su curso, de acuerdo con los hallazgos de una investigación liderada por Philippa Middleton, del Instituto de Investigación Médica y de Salud del Sur de Australia y la Universidad de Adelaide (Australia).

Para su análisis, los investigadores han examinado datos de 30 ensayos controlados aleatorios con más de 12.000 mujeres embarazadas. Seis de estos ensayos se realizaron en los Estados Unidos, cuatro en el Reino Unido, tres en China y Noruega, dos en India, Suecia y Tailandia, y uno en Austria, Canadá, Finlandia, Francia, los Países Bajos, España, Suecia y Túnez.

Los ensayos compararon los resultados de los hospitales que inducen el parto cuando el embarazo continuó más allá de las 41 semanas de gestación, con los resultados cuando la política del centro era simplemente dejar que las mujeres continuaran esperando que el parto se produjera de forma natural o esperar antes de ser inducido.

En comparación con esperar al parto, las políticas de inducción laboral se asociaron con un 67 por ciento menos de riesgo de muertes infantiles, de acuerdo con los hallazgos de los investigadores. Dos bebés murieron en el grupo de políticas de inducción del parto, en comparación con 16 en el grupo de esperar. Así, la inducción prevendría una muerte infantil por cada 426 partos tardíos, han calculado los responsables del estudio.

Además, también hubo menos mortinatos con inducción del parto: uno en este grupo en comparación con 10 en el otro grupo. Con las políticas de producir el parto, las mujeres también presentaron un 8 por ciento menos de probabilidades de tener una cesárea quirúrgica que de una espera prolongada.

Los investigadores no encontraron diferencias significativas en complicaciones como el sangrado, el desgarro perineal o la duración de las estancias en el hospital. Sin embargo, los bebés tenían un 12 por ciento menos de probabilidades de terminar en unidades de cuidados intensivos neonatales con políticas de inducción del parto.

«Una pregunta que el estudio deja sin responder es qué sucede cuando las mujeres son inducidas a las 39 o 40 semanas de embarazo», ha remarcado el doctor Aaron Caughey, presidente de Obstetricia y Ginecología en la Universidad de Salud y Ciencia de Oregon en Portland (Estados Unidos).

«A las 39 o 40 semanas, podría haber un pequeño beneficio, pero el beneficio puede no valer la pena», ha agregado Caughey, puntualizando que a las 41 semanas parece que se produce «una reducción en el riesgo de cesárea y de mortalidad perinatal».

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