Establecer horarios y supervisar, claves para introducir los videojuegos en casa

Los padres deben controlar los cambios de comportamiento en sus hijos para evitar conductas adictivas delante de la pantalla

MadridActualizado:

Tiempo libre, mucho tiempo libre. Eso es lo que tienen los niños y adolescentes que disfrutan del verano y de la ausencia de exámenes de recuperación en septiembre. El no saber qué hacer o la búsqueda de entretenimiento hace que, en muchas ocasiones, los videojuegos pasen a ser uno más en la familia, «entrando en casa» para quedarse y copando los días de los hijos. El uso correcto de este recurso de ocio debe alertar a los padres y hacer que se formen para un uso responsable.

Expertos de la UOC aseguran que es primordial que los adultos efectúen una supervisión del juego con «una actitud educativa y no prohibitiva. Este entretenimiento debe ser una herramienta para compartir risas, hablar de estrategias y fortalecer vínculos familiares». ¿Cuándo surge el problema? «Si una persona se separa de su vida porque le satisface más el juego que estar con los amigos, por ejemplo, es cuando podría terminar enganchado», afirma Jorge Flores, fundador y director de PantallasAmigas. «Las familias deben saber que existen muchas formas de entretener e interactuar con los hijos, no solo están los videojuegos», insiste.

Como consejo básico, María José Abad, coordinadora de contenidos de Empantallados, habla de reglas y horarios. «Pactar con ellos las condiciones antes de empezar a jugar ayudará a que no solo se pasen todo el verano delante de una pantalla, dejando de lado otras actividades de ocio que solían hacer». No todo gira alrededor del videojuego. «Hay que fomentar otras aficiones como el deporte y para ello es importante que los progenitores supervisen lo que hacen sus hijos. No deben permitir que haya “barra libre” de videojuegos en verano», continúa.

«Los padres deben ser partícipes en todo momento. Este tipo de ocio cumple una labor psicoeducativa, convirtiéndose en algo divertido pero, eso sí, con un tiempo limitado. Un videojuego debe ser un complemento más a tu vida, de los muchos que puede haber. Cuando se convierte en el único, surgen los problemas», afirma José Antonio Molina, doctor en psicología y experto en adicciones. «Lo fundamental es que el tiempo de juego digital no les quite espacio para dedicarle a otras actividades cotidianas importantes, como quedar con amigos o disfrutar con la familia», asegura Guillermo Bautista, profesor de los Estudios de Educación y Psicología en la UOC.

¿Y si no es un trastorno?

«Mis hijos están enganchados» o «Creo que mi hijo es adicto» son algunas de las frases que los padres afirman cuando hablan con expertos o psicólogos, pero «la adicción es algo más serio que jugar un día más horas de lo normal», insiste José Antonio Molina. No hay que confundir una cosa con otra. «Para considerar que tu hijo sufre trastorno por adicción a los videojuegos deben darse una serie de características y, sobre todo, que estas se mantengan en el tiempo, que no sean puntuales».

Así, los progenitores que vean que su hijo muestra comportamientos extraños deben ponerse en alerta. Según la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), las conductas adictivas se presentan en un 1,5% de los adolescentes españoles. «Es un porcentaje muy pequeño. Hay que comprobar si cada vez juega más, tiene ansiedad..., incluso si tiene pérdida de control con el tiempo –quiere jugar una hora y al final son seis–», comenta Molina.

Abad añade: «Se tiene que tener en cuenta si cambia otras actividades por la consola, usa tono agresivo para hablar, se aísla en su habitación porque solo quiere estar delante de un monitor o si, incluso, dejan de impórtale sus amigos y pasar tiempo con ellos».

Buenas prácticas

«Es mejor prevenir que curar», afirma Abad. Por ello, para evitar los riesgos que conlleva pasar muchas horas delante de una pantalla, la Comunidad de Madrid, a través de la Fundación Aprender a Mirar (FAAM) elaboraron un listado de buenas prácticas para los padres, con el fin de hacer un uso responsable de los videojuegos. Además de fomentar otro tipo de actividades, como ya se ha afirmado con anterioridad, hay que estar atento para que el niño no juegue solo. «Invitar a amigos o primos es una buena opción, al igual que dejarles jugar en el salón de casa o en espacios abiertos donde puedan estar más controlados», apunta María José Abad.

El punto fundamental a tener en cuenta es la calificación de la edad recomendada que tiene el videojuego, basadas en el código británico PEGI. «Si un niño se entretiene con un juego sin tener la edad recomendada se expone a una situación de riesgo, por las imágenes que puede encontrar en él. Por ello, los padres deben ser conscientes de ello y no permitirlo, al igual que no se cede a que un hijo conduzca un coche con 16 años», insiste Molina. Abad, por su parte, también recomienda que, «de vez en cuando, los progenitores jueguen con los pequeños, como otra forma de interactuar con ellos, de conocer lo que hacen y compartir más tiempo juntos».

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