Lo que dice el color de los mocos sobre tu resfriado

Tanto en niños como en adultos la tonalidad de la mucosidad cambia según avanza el proceso catarral

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A los niños generalmente se les llama «mocosos» y la razón no es otra que el hecho de ser muy habitual que estén llenos de mocos. «Es una máxima en la infancia: tienen mocos desde el segundo día que pisan una escuela infantil hasta los 7 u 8 años. Tenemos que aprender a convivir con ellos. No se puede luchar contra los mocos», asegura con total rotundidad Lucía Galán, pediatra y autora de «Cuentos de Lucía, mi pediatra».

Recuerda esta especialista que los mocos son una respuesta inflamatoria de nuestro organismo ante la presencia de un agente extraño como los virus, y hay más de 200 con nombres y apellidos que producen infecciones respiratorias de vías altas. «Los niños los cogen todos y los síntomas son siempre iguales: tos, mucosidad nasal y, a veces, estornudos y fiebre. Y procesos respiratorios pasarán entre 7 u 8 de media al año, sobre todo concentrado en invierno. Esto quiere decir —advierte— que un niño sin ningún problema de salud, de defensas ni de inmunidad cada dos semanas tendrá un resfriado».

Cuando empieza el resfriado, inicialmente el color del moco es transparente. Nuestro organismo detecta un agente extraño, inflama la mucosa y empieza a fabricar moco para atrapar al virus y que sea más fácil expulsarlo a través del moco.

Después de unos días «se va haciendo blanquecino y, cuando pasan más días, como se está produciendo una batalla campal entre nuestras defensas y los virus del resfriado, se depositan determinados pigmentos en la mucosidad y, por eso, se vuelven de un tono amarillo clarito, después fosforito y, cuando pasa una semana, se vuelve verde fosforito. Este cambio de color no indica que el niño —o el adulto, porque ocurre lo mismo en todos los casos— estén sobreinfectados, ni que necesiten un antibiótico, ni siquiera ir a urgencias».

Asegura Lucía Galán que el color de los mocos les sirve a los especialistas para saber en qué fase se está en este proceso. «Hay padres que nos dicen que ¡el niño lleva dos semana fatal lleno de mocos! Si, al observarle, veo que tiene un hilillo transparente, yo ya sé que no es verdad que lleva dos semanas con mocos. Pero si aparece con sendas velas verdes bajo la nariz, sé que la madre me dice la verdad».

Explica que para acabar con los mocos lo único que tiene evidencia científica demostrada que alivia los catarros son los lavados nasales con suero fisiológico para descongestionar, beber agua de forma regular porque es un buen mucolítico y aliviar síntomas cuando los hay; es decir, si aparece dolor, dar un paracetamol y si tiene la garganta o los oídos inflamados, administrarle ibuprofeno. «Y poco más —asegura—. Todo lo demás que nos venden no tiene evidencia científica demostrada ni de que alivie los síntomas ni de que acorte el proceso. Es algo que explicamos cada año a los padres».

Asegura que hay que estar tranquilos. «Se puede tener algo de fiebre un par de días y si, a partir de la segunda semana, se nota al niño peor, con fatiga, más tos, fiebre más alta..., entonces es momento de consultar al especialista. La evolución normal de un catarro es 3 o 4 días de fiebre, mocos 7 días y tos hasta dos semanas. Y esto es lo normal. Esto es igual para los adultos —añade—. Lo que ocurre es que los adultos sí cuentan con algunos fármacos que ayudan a descongestionar y que no se usan en los niños porque están contraindicados».

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