Mi hijo ha sacado malas notas, ¿y ahora qué?

Los resultados del primer trimestre pueden atragantar el turrón a muchos padres y madres

MADRIDActualizado:

A partir de hoy, los niños y niñas de España reciben las notas del primer trimestre escolar y los resultados pueden atragantar el turrón a muchos padres y madres. ¿Qué ha pasado?, ¿el niño no ha estudiado lo suficiente?, ¿no hemos estado todo lo pendientes que deberíamos?, ¿existen problemas con el profesor?

Ante estas dudas, la Asociación Mundial de Educadores Infantiles (AMEI-WAECE)recuerda que las notas escolares son el resultado de una evaluación continua, y no se puede hacer culpable al niño exclusivamente de un resultado negativo (o positivo), ya que la responsabilidad es tanto del niño como de los padres y de los profesores. Además, añaden que pese a todo aún queda mucho curso para revertir malos resultados.

En palabras de Juan Sánchez Muliterno, presidente de AMEI-WAECE, «en caso de que nuestros hijos obtengan calificaciones por debajo de nuestras expectativas como padres, no debemos olvidar que lo importante es que los niños aprendan de sus errores y consigan superarse, comprendiendo y trabajando el valor del esfuerzo».

Se ha demostrado que la estricta obediencia o los castigos son ineficaces para el desarrollo de los más pequeños. La obediencia, como valor, es un aspecto necesario para potenciar sus capacidades y no seguir un comportamiento basado en impulsos y caprichos. Sin embargo, resulta mucho más determinante que el niño se sienta motivado, para que surja la disposición de esforzarse para lograr sus objetivos.

De ahí que los expertos de AMEI-WAECE defiendan que antes que las reprimendas por malos resultados es más importante transmitir a nuestros hijos y alumnos aceptación y aprobación ante el esfuerzo, valoración social en general, lo atractiva y placentera que puede resultarle la actividad a realizar o el orgullo por cosechar logros propios, por ejemplo.

Según la asociación, las nuevas generaciones tienen importantes carencias de esfuerzo y fuerza de voluntad. Según AMEI, vivimos en una sociedad en la que los niños van creciendo sin desarrollar debidamente sus capacidades de esfuerzo y superación ante los retos. Se aprecia una clara falta de entusiasmo, de dar valor a las cosas y un conformismo o inconformismo constante.

Muchos padres, por un amor mal entendido, procuran evitar a sus hijos las dificultades que ellos tuvieron que superar en su infancia. Esto conduce a la sobreprotección y al ofrecimiento de una vida cómoda para la que no deben realizar esfuerzo alguno para obtener lo que desean. Cuando los pequeños crecen sin haber luchado por las pequeñas cosas cotidianas, es posible que terminen convirtiéndose en adultos mediocres e inconstantes, incapaces de cumplir una tarea seria y de marcarse objetivos en la vida y cumplirlos.

Por esto, dice AMEI que hoy más que nunca es necesario fomentar la capacidad de autocontrol de los niños para que sean capaces de soportar los esfuerzos que exige la vida en sociedad. La fuerza de voluntad y el esfuerzo se entrenan día a día, convirtiendo los comportamientos en hábitos. Cuando el niño es capaz de comprender por qué debe hacer algo y siente motivación para hacerlo, el hábito del trabajo y el esfuerzo se convierte en valor que dirige su conducta y sus decisiones en la vida.

A través de una exigencia y firmeza adecuadas, los padres pueden desarrollar la capacidad de trabajo y esfuerzo de los niños. Estos valores no forman parte de la herencia genética, son valores que precisan desarrollarse. Los padres deben acompañar y ayudar a sus hijos en su aprendizaje, facilitando un ambiente familiar, seguro, afectivo, alegre y motivador.

Así, cada niño aprenderá a esforzarse si observa la alegría con que los adultos se esfuerzan por cumplir bien su trabajo. Si, por el contrario, sólo escucha a los padres quejas, excusas y lamentaciones al tener que trabajar por obligación, el niño aprenderá a hacer lo mismo.

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