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Lola FloresLola Flores, faraona hasta en Kazajistán

Terenci Moix escribió que sobre el escenario «era un terremoto incandescente, un jaleo rebelde, un derrame constante», una definición que también se ajusta mucho a su vida privada

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De no haber mediado el cáncer que terminó con su vida en 1995, Lola Flores cumpliría este jueves 93 años y sería madre, abuela y la más popular de las folclóricas. Esto último lo sigue siendo, porque «La faraona», que nació en un país que no había vivido ni a la II República, ha conseguido que su legado trascienda en la España del «youtube» y los «memes».

«Si me queréis, irse», la frase que pronunció Lola Flores ante la marabunta que impedía la normal celebración de la boda de su hija Lolita, tiene página de Wikipedia propia y hay quien vende camisetas con el lema. Dos décadas fallecida y pese a ello existe casi la certeza de que Lola Flores sería viral. Por cierto: como sucede tantas veces en la historia, la frase exacta no es la que se reproduce habitualmente, sino «si me queréis argo, irse».

Las frases populares son una manifestación más del talento de Lola Flores, una artista de verdad. «Su fuerza, su personalidad, su coraje encima de un escenario... Era una artista genial», decía de ella precisamente Lolita, hija imparcial de «La Faraona» en el vigésimo aniversario de su fallecimiento. Su madre empezó a hacer películas antes de los años cuarenta, y pocos años tardaría su talento en conquistar a la España de la posguerra.

Terenci Moix escribió que «sobre el escenario era un terremoto incandescente, un jaleo rebelde, un derrame constante», una definición que también se ajusta mucho a su vida privada; Lola Flores fue pionera en el famoseo español. Empezó a protagonizar amoríos en los cuarenta y cincuenta con futbolistas, toreros, cantaores, directores y otros compañeros de popularidad, y nunca se hizo reacia a vender estos romances en exclusivas.

Entre actuaciones, filmes y exclusivas, Lola Flores se hizo eterna. Sus primeros grandes éxitos en la crítica de la época fueron en los teatros madrileños poco después de la Guerra Civil, y el producto triunfó tanto que en menos de una década ya había llegado hasta México. En 1957, Lola Flores protagonizó la boda del año con Antonio González Batista, un guitarrista barcelonés conocido como «El Pescaílla», en el monasterio del Escorial, esta vez sin frases míticas, pese a que toda su vida fue un estrellato constante.

Pionera hasta en llevar la evasión fiscal a los titulares (tuvo que pagar al fisco 28 millones de pesetas de multa por no hacer la Declaración de la Renta), Lola tuvo tres hijos, Antonio, Lolita y Rosario, los tres también artistas, avivados por el inolvidable recuerdo de su madre. Cuando Lola Flores murió en 1995 con 72 años hubo un luto nacional que su hijo Antonio llevó al extremo quince días después, cuando también falleció por una sobredosis motivada por la pura pena que le dejó el vacío de su madre. Así de intenso debía de ser vivir cerca de Lola.

De algún modo, toda España era un poco hija de Lola Flores, voz y rostro omnipresente. Este jueves, 93 años después de que naciera en Jerez de la Frontera (donde recibirá un homenaje en el mes de abril en forma de ciclo de espectáculos) y más de 20 tras su muerte, el recuerdo de Lola Flores sigue vigente y Google le dedica hoy un doodle cuyo alcance llega a Kenia, Corea del Sur o Kazajistán. Un ser tan único nunca se va del todo.