Gwyneth Paltrow besa al productor Harvey Weinstein
Gwyneth Paltrow besa al productor Harvey Weinstein - ALBERT FERREIRA

Harvey Weinstein, un coloso de Hollywood en caída libre

La avalancha de acusaciones de acoso sexual y violaciones ha tumbado en una semana a uno de los hombres más poderosos de la industria del cine

Corresponsal en Nueva York Actualizado: Guardar
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Un día después de que estallara el escándalo de los abusos sexuales de Harvey Weinstein, Jake Tapper, uno de los presentadores estrella de la CNN, aseguraba que era «un secreto a voces» en Hollywood. La cascada de acusaciones y testimonios contra Weinstein, uno de los hombres más poderosos de la industria del cine, en la última semana lo confirma: tras cerca de tres décadas de abusos y conductas inapropiadas, es difícil pensar que alguien con cierta presencia en Hollywood no lo supiera.

Dos artículos periodísticos -en The New York Times y en la revista The New Yorker- han derribado al «superproductor» Weinstein. Hace poco más de una semana, era todavía el magnate reverenciado, visionario, con seis Oscar a la mejor película en su casa, promotor de muchos de los mejores talentos cinematográficos de esta época, financiador de causas progresistas, adorado por el partido demócrata y capaz de impulsar o parar una carrera en el cine a su antojo. Hoy es un muñeco roto. Acosado por denuncias, abrumado por las críticas, investigado por la policía. La compañía que él mismo fundó le ha despedido. Su mujer le ha dejado. Incluso Lisa Bloom, la abogada de altos vuelos, especializada en casos de abusos sexuales, que había contratado para hacer frente a una bola de nieve que todavía no ha dejado de crecer, ha dejado de trabajar con él.

Su poder como hombre fuerte en las productoras Miramar y Weinstein era el arma invisible de sus abusos. Para cualquier mujer con ambiciones en Hollywood, una entrevista con Weinstein podía ser un punto de inflexión en su carrera. El artículo del Times relataba cómo, para sorpresa de muchas, la entrevista no era en un despacho o una sala de oficinas. Sino en la suite de los hoteles de lujo que frecuentaba. Weinstein se presentaba en albornoz. A veces, desnudo. Los nombres más conocidos de aquella primera bomba, publicada el pasado 5 de octubre, eran las actrices Ashley Judd y Rose McGowan. ¿Me das un masaje?, le preguntó a la primera. ¿Quieres ver cómo me ducho?, le dijo después. Pero no solo acosó a actrices. Varias jóvenes empleadas de su productora sufrieron los mismos abusos. Una de ellas, Lauren O’Connor, llegó a redactar un informe con la conducta del jefe que llegó al consejo de administración de la compañía. Prefirieron hacer la vista gorda. En muchas ocasiones, estos capítulos no salieron a la luz porque Weinstein se preocupó de firmar compensaciones económicas con sus víctimas, que les ataban a cláusulas de confidencialidad.

Es el caso de McGowan, el estilete en las acusaciones a Weinstein. Desde Twitter, ha mostrado las vergüenza de Hollywood, un mundo dominado por hombres donde se mira hacia otro lado con personajes como Weinstein. McGowan, sin poder decir el nombre del productor, ha criticado la complicidad de sus compañeros de profesión y otros productores, desde Matt Damon a Ben Affleck, pasando por toda la ejecutiva de Weinstein -que incluye al hermano de Harvey, Bob-, e incluso ha azuzado a Jeff Bezos, el magnate de Amazon, que colaboró en producciones con Weinstein, para que «deje de financiar a violadores».

Lo dijo en un hilo de mensajes en Twitter -McGowan ha sido tan agresiva desde que saltó el escándalo que la red social suspendió su cuenta temporalmente- en el que aseguraba por primera vez que ‘HW’ -solo ponía las siglas, quizá temerosa de la cláusula de confidencialidad- la había violado. La actriz hacía la confesión un día después de la segunda gran embestida a Weinstein: un reportaje de fondo de The New Yorker recogía testimonios en los que el supreproductor no se quedaba en el acoso sexual. También abusó y violó a mujeres. La actriz Lucia Stoller dijo que la forzó a tener sexo oral cuando todavía era una estudiante universitaria, en lo que era un supuesto casting. Asia Argento también dijo que la violó en un hotel de la Riviera Francesa. Mira Sorvino relató cómo Weinstein intentó darle un masaje y se presentó una noche de improvisto en su apartamento de Nueva York. A Rosanna Arquette la citó en un hotel y la recibió en albornoz. Le pidió un masaje y le puso la mano en su pene erecto. Algo similar contó la actriz francesa Emma de Caunes. Muchas de ellas reconocieron que oponerse a las intenciones de Weinstein perjudicó sus carreras. El productor reaccionó con un comunicado al artículo en el que negó «cualquier acusación de relacione sexuales no consensuadas».

El goteo de acusaciones no ha parado. Otras actrices, desde nombres importantes como Angelina Jolie o Gwyneth Paltrow o menos conocidos Lea Seydoux o Cara Delenvingne se han señalado como víctimas.

Las reacciones de condena se han multiplicado desde que surgieron las revelaciones, pero su intensidad no ha sido igual. Hubo actrices, como Lena Dunham, que no tardaron ni 24 horas en salir en apoyo de las víctimas. Algunas de las grandes de Hollywood -Meryl Streep, Julianne Moore, Jessica Chastain- fueron contundentes y rápidas en su crítica, como también lo fueron colegas como Michael Keaton o Seth Rogen. Otros -George Clooney, Ben Affleck- tardaron más y su silencio fue criticado. Muchos actores y ejecutivos han asegurado que admiraban a Weinstein y no tenían ni idea de ese lado oscuro. ¿Es eso posible? En los últimos días, se ha podido comprobar que era una comidilla en Hollywood que, en ocasiones, salió a la luz pública. Seth MacFarlane bromeó sobre ello en los ‘Oscar’ de 2013. La serie televisiva ’30 Rock’ lo deslizó en alguna ocasión. Una modelo italiana le denunció por un intento de violación en Nueva York en 2015. Nadie sabía nada y ahora nadie quiere saber de Weinstein. Incluso la única defensa que ha tenido el superproductor también parece una mala noticia para Weinstein: es Lindsay Lohan, otro muñeco roto de Hollywood.