Portada de la Librería Arrebato, en la calle de la Palma
Portada de la Librería Arrebato, en la calle de la Palma - Óscar del Pozo
Pinta Malasaña 2018

Maratón de arte urbano en Malasaña

El barrio madrileño se convirtió este domingo en un gran lienzo en blanco en la que un centenar de creadores volcaron toda su imaginación

MADRIDActualizado:

Sobre las egocéntricas firmas grafiteras, vacías de cualquier ápice de estética, los aerosoles iban tapando el atropello del vandalismo. El arte aplicado como remedio sobre un oxidado cierre de un bar que sirvió sus últimas cañas hace demasiado tiempo. Malasaña se mueve al ritmo de muchos sones: lo alternativo, lo castizo, la vanguardia o la tradición. Todo cabe en un barrio que ayer cogió los pinceles, las tizas y los tintes indelebles para vivir un auténtico maratón de arte urbano.

En su tercera edición, Pinta Malasaña llenó las aceras desde primera hora de la mañana convirtiendo las fachadas en el álbum de una improvisada galería al aire libre. También fue el taller público de más de un centenar de artistas que, en directo y bajo la atenta mirada de los transeúntes, plasmaban sobre aluminio, hormigón o vidrio su imaginación. Fueron los elegidos para poner color al barrio por el colectivo Madrid Street Art Project –organizador del evento junto al medio Somos Malasaña– entre centenares de propuestas de toda España y de distintos puntos del extranjero.

«Twinder» en la plaza del Dos de Mayo
«Twinder» en la plaza del Dos de Mayo - Óscar del Pozo

El epicentro de este multitudinario evento fue la plaza del Dos de Mayo con varias performance que transformaron este espacio público, por ejemplo, en un gran tablero de juego. Una trama de puntos de colores –a semejanza del clásico juego «Twister»– invitó a la gente participar en una curiosa actividad bajo el título de «Twindr». «Es una propuesta geosocial que permite a los participantes interactuar con otras personas en un juego en el que se producen cruces aleatorios de colores y cuerpos», explicó a ABC uno de sus organizadores.

El ajetreo de una mañana de domingo se multiplicó en calles como Pez, Minas, San Mateo o Espíritu Santo, entre otras. En cada esquina había un espacio –no necesariamente en blanco– en el que volcar una idea. Primero con un trazo y después con algunas pinceladas del boceto ideado, la gente pudo ver cómo iban tomando forma cada una de las creaciones. Alguna de ellas sobre el cuerpo desnudo de diez modelos que, gracias a un profuso trabajo de maquillaje, se mimetizaron con la decoración de las fachadas.

En la calle de la Palma, la portada de la Librería Arrebato fue una de las que acaparó más miradas durante el mediodía con un retrato de grandes dimensiones de la alcaldesa Manuela Carmena.

Entre la moda y el olvido

Body painting, ayer, en el marco de la celebración de Pinta Malasaña
Body painting, ayer, en el marco de la celebración de Pinta Malasaña - Óscar del Pozo

«Esta actividad es una metáfora de un barrio que vive en un cambio incesante. Diría que es casi necesaria para embellecer un poco sus calles, víctimas del vandalismo y el abandono. Está bien que pinten a la alcaldesa, a ver si así se acerca y ve la falta que hace que arreglen las aceras y acaben con el botellón y los ruidos», opinó Alberto, vecino de la calle de San Andrés.

«El barrio vive al compás de las modas y no es oro todo lo que reluce. El comercio tradicional casi se ha extinguido. La convivencia entre todo el ocio que se mueve en sus calles y la vida vecinal es cada vez más complicada», señaló. «Esta actividad está muy bien pero lo malo es que en ella se repiten los mismos abusos que en un fin de semana cualquiera: el ruido, los lateros que venden cerveza, los botellones, gente orinando en plena calle…», criticó. «Esta noche las calles estrenarán decoración y estarán mejor que ayer, pero dentro de dos días volverán los pintarrajos y las firmas», aventuró sin esperanza.