El altar de la iglesia de los Santos Inocentes, en el distrito de Arganzuela, en Madrid
El altar de la iglesia de los Santos Inocentes, en el distrito de Arganzuela, en Madrid - ISABEL PERMUY

Iglesia de los Santos Inocentes: la revolución de la esperanza

Una parroquia vínculo de amor, fe, alegría y solidaridad en Arganzuela

MADRIDActualizado:

Un punto solidario a los pies de la corona de Adviento, bajo el ambón, lugar de la Palabra. Tres cestas, aceite, galletas, pasta, algunas latas de bonito y un par de botes de verduras, de entre otros muchos alimentos recogidos en la campaña de Navidad. La Iglesia es un punto solidario en medio del mundo, de la historia. Alimentos en un altar, no muy grande en extensión, pero rico en simbolismo. Un presbiterio en el que destaca la imagen de Nuestra Señora de la Dulce Espera de Nazaret, una Virgen joven, embarazada, tierna, que camina y que sonríe, pies ligeros, amplias túnicas, y que se te acerca aunque tú te alejes, y que atrae como un imán de pureza. Una imagen de la Virgen, el adviento de la vida que los primeros domingos de mes bendice a las mujeres encintas. Una sencilla oración en la que también se pide por los santos inocentes de nuestra historia representados, en este templo, por un cuadro, obra de la pintora Elena Franco, alegoría de la gloria de los niños que llegan al cielo y reciben la palma del martirio. Porque el cuadro que explica la teología de esta parroquia es un mundo de contrastes, la cultura de la vida y la cultura de la muerte, el cielo se abre cuando la tierra se cierra.

A las puertas del recoleto templo, protegido por una impresionante araña de acero, esplendorosa arquitectura que simboliza ese abrazo del Espíritu, obra del arquitecto Alberto Martín de Lucio y del ingeniero Luis Casas, se lee un cartel que dice: «Ahorra Más de la calle Antracita, 12, colabora con la Parroquia de los Santos Inocentes en la recogida de alimentos para los más necesitados del barrio». Y para que conste en acta, el pan de los pobres, que en esta parroquia de los Santos Inocentes (calle de los Embajadores, 209 son transeúntes de la miseria de la vida, el pan del espíritu, la eucaristía y la reconciliación. Otro cartel reza, y nunca mejor dicho: «Confesor Go. La disponibilidad de confesores, en tiempo real. Los horarios de confesiones». Confesor Go es una aplicación que hace furor entre los más jóvenes.

El párroco de esta comunidad de esperanza, Rafael Pérez Huete, con apellido de resonancias conquenses, pertenece al Instituto secular Servi Trinitatis. Está acompañado por el también miembro de ese instituto, Carlos Javier Fajardo y por David Saiz, que colabora asiduamente en la parroquia. El Instituto Servi Trinitatis tiene como carisma, en su traducción parroquial, hacer del mundo el hogar de Dios, trasladar a la historia el amor trinitario, los vínculos de amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Don Rafael lleva desde el 2005 de párroco. Antes había pasado unos años intensos en una experiencia misionera en Buenos Aires, responsable de ocho capillas, cuatro colegios, una parroquia que era como una diócesis, más de veinte mil almas.

El aterrizaje en este barrio de algo más que clases medias, territorio de parejas jóvenes, niños, profesiones liberales, ciudad dormitorio dentro de la gran urbe, le revolvió las entrañas. Y se puso manos a la obra. De hecho, confiesa este sacerdote, ahora la comunidad vive un punto de inflexión. Desde hace unos años ha puesto en marcha una serie de experiencias de Nueva Evangelización que están creando una minirevolución en la parroquia.

La primera, los cursos Alpha, por los que han pasado unas cien personas, encuentro entre creyentes y no creyentes en torno a una mesa, que es también conversación y diálogo. Para los jóvenes está «Life Teen», técnica de propuesta de fe a los jóvenes, intensa, breve, acogedora, adaptada, ambientada con las nuevas tecnologías y un contexto muy de tendencias. También están los «Universitarios a fuego», que debaten sobre la vida porque, sin duda, la fe es para la vida. Los cursos Alpha se transformaron ya en Beta y unas cuarenta personas de la parroquia asisten con regularidad a los foros sobre temas doctrinales y culturales.

Además, hay que añadir la revolución de la catequesis, que aquí es catequesis familiar, es decir, los catequistas son los padres de los niños. Y el pequeño granito de arena, los grupos de oración, empeñados ahora en ampliar la adoración eucarística de los jueves y viernes a toda la semana. Y la iniciativa de la Fundación CARF con las clase dedicada a la Robótica, Drones y APP, que es una experiencia nueva para una parroquia en la entraña de la misericordia.