La catedral de Justo, en Mejorada del Campo; a la derecha, Justo Gallego - FOTOS: JOSÉ RAMÓN LADRA

La catedral de Justo, en peligro: piden proteger un inmenso templo construido con chatarra

El pleno de Mejorada del Campo aprueba por unanimidad iniciar los trámites para que la Comunidad de Madrid declare la construcción Bien de Interés Cultural

MADRIDActualizado:

Justo Gallego es un tipo de otro tiempo. No por sus años, 92; ni por sus males, concentrados ahora en una operación de cataratas y alguna que otra visita al podólogo. Es el resuello de su voz lo que le delata: fuerte, vigoroso, pero aterido ante el devenir de los acontecimientos. «Todo eso son habladurías, calumnias de personas ignorantes, ¿qué va a hacer sino el diablo?», trona, sacudido por el posible derribo de su catedral. «Ya lo he dicho muchas veces, pero el que toque una piedra se va a quedar pegado en la pared», incide franco, antes de regresar a la senda de la mesura. La fidelidad de sus encalladas manos denota paciencia, virtud por otra parte innegable, dado el colosal resultado de una obra levantada en el casco histórico de Mejorada del Campo.

Una planta central de 50 metros por 20 de ancho, una cripta subterránea -con el hueco de su propia tumba ya cavado-, dos claustros interiores, cuatro viviendas para religiosos, un patio interior, murales y vidrieras, doce torreones y una gran cúpula inacabada conforman, a grandes trazos, esta insólita edificación concebida en honor a la Virgen del Pilar. En permanente construcción desde hace más de medio siglo y sin licencia de obra, planos ni proyecto técnico, la catedral de Justo o catedral de la fe, como también se la conoce, ha cabalgado siempre a lomos de la incertidumbre.

La sombra de su demolición es alargada. Desde la primera piedra, puesta el 12 de octubre 1961, «cuando todo el pueblo tomaba a Justo por loco», hasta nuestros días, marcados por su avanzada edad y el consecuente temor vecinal ante el posible adiós del templo el día que ya no esté. Hecho, este último, que ha generado en el pleno de la localidad una moción para su legalización y protección como Bien de Interés Cultural. Presentada por Unión, Progreso y Democracia (UPyD), fue aprobada días atrás por todos los grupos políticos. A partir de aquí, corresponde al Gobierno municipal aglutinar toda la documentación necesaria y elaborar planos e informes para incoar el expediente. Fuentes de la consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid confirman a este periódico que estudiarán la propuesta toda vez le sea remitida.

Más allá de los trámites burocráticos, Justo tiene claro que «eso del bien cultural está muy bien», pero no quiere oír hablar de que la catedral sea tratada como una mera zona de visitas. «Es una parroquia, no un lugar para juegos», advierte, al calor de la lumbre que ofrece una antigua estufa de leña. Su fiel escudero, Ángel López, la persona que le ayuda desde hace 20 años y convive con él en la catedral desde los últimos diez, explica con detalle la proclama: «Se pueden hacer más cosas porque éste es un espacio muy grande, por ejemplo, una delegación de Cáritas. Pero lo primordial es que sea un lugar de culto, que lo hagan suelo eclesiástico y se pueda dar misa».

El pulso está echado y la pelota, según sus moradores, hace tiempo que dejó de rondar su tejado. «Si no nos conceden aquello por lo que tanto ha luchado Justo, pegaremos el cerrojazo y el que quiera verla, que la vea por fuera», prosigue López, con la prudencia de quien ya probó el sabor amargo del fracaso: «Fuimos los dos a la Comunidad a ver si, por favor, podían mandarnos un arquitecto para evaluarla y directamente nos echaron».

Materiales reciclados

Cuestionado por la falta de proyecto, Justo pega un leve respingo y reclama con vehemencia que «no le hace falta, que todo ha salido de su cabeza». «Pero de su cabeza por el Creador, si no habría sido imposible», corta su asistente. «Aquí entran camiones de 25.000 kilos, ¿en qué lugar hacen eso? Tú te crees que voy a hacer una cosa tonta para que la tiren», retoma el anciano el pulso de la conversación. Uno de los puntos claves donde radica el problema es la seguridad. El hecho de que muchos de los materiales empleados sean reciclados -neumáticos gastados, botellas de plástico, cubos de pintura vacíos y demás quincalla- dota a la estructura de un peculiar atractivo bañado por el recelo de los expertos en materia arquitectónica. «Salvo las cargas, todo es reciclado. Un pilar de estos, de dos metros de grosor de hormigón, lo aguanta todo ¿Qué me quieren tratar, por ignorante?», acentúa indignado, con la certeza de haber levantado lo imposible.

Lo cierto es que nadie creyó nunca que llegara tan lejos. «Empezó como una hormiguita, sin hacer ruido, hasta que un buen día y ante el asombro de todos se convirtió en una realidad», apuntan desde el Ayuntamiento de Mejorada. Al tratarse de una propiedad privada, desde la corporación local confirman que «solo se le ha podido dar una serie de recomendaciones para evitar cualquier percance». Durante un tiempo, recibió la ayuda de sus sobrinos y algunos chicos jóvenes del pueblo a los que dejaba marcharse al mediodía. Justo, en cambio, ha vivido siempre por y para su catedral, motivo de peso para levantarse durante mucho tiempo a las cuatro o cinco de la mañana. «Eran otros tiempos, ahora casi todo lo que hago es supervisar, ¡aquí, al pie del cañón! ¡no como otros que mandan y se van!», cuenta, subiendo de nuevo el tono.

Trece años atrás, la fama de Justo y su catedral traspasó fronteras debido a un anuncio de Aquarius que resumía su historia bajo el lema «el ser humano es imprevisible». Por ello, recibió alrededor de 36.000 euros y una abrumadora avalancha de fieles y curiosos llegados de todas partes del mundo. Tal fue la repercusión que, meses más tarde, el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) expuso la obra en una de sus exposiciones. «Con el dinero del anuncio compré un montón de chapas para la cubierta», remarca el artífice, agradecido también por todos los donativos recibidos desde entonces. «Venían grupos de japoneses, alemanes, italianos... dormían aquí dentro en sacos de dormir y nos ayudaban con la tarea», suscribe su asistente, quien junto a su pareja Patricia, heredarán la catedral. «Mientras esperamos a poder entregársela al Obispado de Alcalá de Henares, que es lo que Justo desea, seguiremos aquí para continuar su legado», revela, al tiempo que niega cualquier intención de venderla.