El boicot de los sindicatos radicales evita el fin de la huelga de Justicia

El «no» a validar el preacuerdo de cuatro sindicatos con la Xunta triunfa por un escaso 51,8%, frente al 47,1% a favor

Las fuerzas de Seguridad tuvieron que intervenir durante la jornada para garantizar las votaciones

SantiagoActualizado:

Vuelta a la casilla de salida. Los funcionarios de Justicia rechazaron este viernes echar el cerrojo a la huelga de Justicia. En una jornada de votación condicionada por los incidentes en los edificios judiciales y las maniobras de boicot de algunos sindicatos, un 51,8% de los trabajadores dio la espalda al preacuerdo que cuatro sindicatos habían sellado el día anterior con la Xunta. El «sí» salió derrotado en cuatro de las siete ciudades y cosechó un 47,1% de los sufragios.

Las asambleas estaban llamadas a poner el punto y final a una protesta que parasita la actividad de los juzgados desde hace 80 días. Las urnas, sin embargo, declinaron la balanza a favor de insistir en la confrontación. Triunfaron, pues, las tesis de los tres sindicatos más radicales del comité --CUT, CIG y STAJ--, y su táctica, activada desde primera hora de la mañana, de crear en los centros de votación un clima hostil. En algunos puntos, como en Pontevedra o Vigo, las fuerzas de Seguridad tuvieron que intervenir para desalojar las protestas y garantir el derecho al sufragio con normalidad. Precisamente la ciudad olívica se erigió como uno de los feudos del «no»: 64% en contra, 36% a favor.

Por el otro lado, el intento por zanjar la huelga de los cuatro sindicatos que completan el comité --USO, CC.OO, UGT y CSIF-- recibió un mazazo. El «sí» solo pudo cosechar la victoria en La Coruña, (56% frente al 41%), en Orense, con (55,5 frente al 42,1%), en Santiago de Compostela, con un holgado 75% a favor y un 23% en contra. Por lo demás, el triunfo del «no» se registró en Ferrol (50%/41%), en Lugo, (59,3%/37,2%) y de manera abrumadora en Pontevedra (76,9%/20,9%).

Encima de la mesa estaba validar un principio de acuerdo que posicionaba a los funcionarios gallegos como los cuarto mejor pagados de España en el año 2020. Los acercamientos entre el Gobierno y el ala moderada del comité sindical se tradujeron en un pacto que posibilitaba una subida salarial de 140 euros mensuales para los médicos forenses, 135 para los gestores, 127 para los tramitadores, y 122 para el cuerpo de auxilios. El alza estaba previsto ejecutarlo de forma progresiva, de forma que el 50% sería de inmediata aplicación una vez aprobado el acuerdo, mientras que el 30% se ejecutaría en 2019, dejando el 20% restante para el 2020.

La Xunta, además, se comprometía a certificar la carrera profesional de los trabajadores (en estos momentos solo existe en Valencia), y a desarrollar todos y cada uno de los puntos cerrados las conversaciones de los últimos meses, como las incapacidades temporales o el refuerzo de la atención a los casos de violencia de género.

Aún así, los empleados optaron por la negativa. Si ya el pasado 18 de abril las negocaciaciones saltaron por los aires por la presión de los sindicatos radicales, ahora más de lo mismo, con todo el abanico de incógnitas que se abren a partir de ahora. Para empezar: la existencia de nuevas negociaciones y la disposición del Ejecutivo a regresar a una mesa en la que ya ofreció hasta 10 propuestas distintas, y todas ellas de mejora respecto a las anteriores.

Rueda denuncia «presiones»

Pocos después de conocerse los resultados, el vicepresidente del Gobierno gallego, Alfonso Rueda, hizo mención a las «presiones» vividas en los edificios judiciales para explicar la derrota del preacuerdo. «Hemos visto a lo largo de toda la jornada escenas de presión, tuvo que entrar la policía, hubo que paralizar las votaciones en algún momento», subrayó Rueda, para quien la intimidación de algunos sindicatos tuvo su correspondiente «incidencia» en las urnas. «Las imágenes hablan por sí solas», añadió.

El titular de Xustiza censuró asimismo los comportamientos en «absoluto democráticos» de algunos sindicatos y calificó la oferta sometida a votación como «buena». «Es la que se va a mantener», aclaró sobre las incógnitas abiertas en el futuro: «Satisfacía muchísimas de las cosas que se pedían cuando se inició la huelga».

Abismo entre sindicatos

Entre los sindicatos proclives al acuerdo se respiró cierto aire de incredulidad nada más conocer los resultados. Algunos portavoces creyeron en las señales que pronosticaban un escrutinio «ajustado», sobre todo en vista de que una parte del comité, el más inflexible, hizo una agresiva campaña por el «no», mientras que los cuatro pactistas decidieron hacer de «mera correa de transmisión» del acuerdo.

De momento la unidad sindical no solo no existe, sino que existe un abismo entre ambas facciones. Entre el ala moderada se definieron los hechos de Vigo como muestra del «talante» de algunos de sus compañeros, instalados en el enfrentamiento directo con la Xunta. «Retrata muy bien a cada uno», apunta una fuente con conversación con este diario. Nilo Fernánez, de USO, vinculado a esta corriente, llegó a presentar ayer una denuncia por desperfectos en su coche que atribuye a los radicales.

Entre estos últimos, los resultados les insuflan fuerzas no ya para continuar, también para tomar el control del diálogo:«Los otros cuatro ya no tienen la confianza de los sindicatos. Se lo dijeron los trabajadores a la cara. Deben dar un paso atrás y dimitir. Solo nosotros tres estamos habilitados para negociar». ¿Sobre los incidentes? Hechos menores, rebajan: «Fueron cuatro frases y no hubo agresiones físicas», excusan.